Opinión

Trumpcare, Obamacare, los dos o ninguno

La doctora Irene Aguilar (izq.), senadora estatal demócrata por Denver, participa en una manifestación a favor del Obamacare en Denver, Colorado, el pasado 31 de enero.
La doctora Irene Aguilar (izq.), senadora estatal demócrata por Denver, participa en una manifestación a favor del Obamacare en Denver, Colorado, el pasado 31 de enero. AP

Cuando decimos que el precio de una sola aspirina mientras se está hospitalizado en EEUU es $100.00, no estamos exagerando. Resulta que el cuidado de salud en el país ha alcanzado niveles tan absurdamente elevados, que era necesario e indispensable tomar cartas en el asunto, muy a pesar de los protagonistas políticos que simplemente suelen repeler las ideas del bando contrario, aun cuando sean positivas. Tal es el caso actual de ObamaCare y su retador TrumpCare.

El costo de las medicinas en EEUU es tan escandalosamente elevado, que se encontró que los norteamericanos pagan siete veces más por las mismas marcas que se expenden en el Reino Unido (Reuters). En los medicamentos más específicos, esta diferencia es aún mayor. Por ejemplo, Erlotinib, que combate el cáncer pulmonar y pancreático, tiene un costo anual de $79,890 en EEUU. Por el mismo lapso, este medicamento cuesta $28,529 en España y solo $7,637 en Brasil (The Washington Post).

Y es que el negocio de las medicinas en EEUU es gigantesco. Siendo el país solo el 4.6% de la población mundial, su ingreso por concepto de venta de medicinas es el 32% de todo el comercio global en este giro. Incluso, EEUU obtiene entre el 50% y el 70% de toda la ganancia del planeta por el mismo concepto (The Washington Post).

El presidente Trump, como parte de su estrategia para repeler a ObamaCare, ha declarado como suyo un concepto demócrata que propone la participación del gobierno en el mercado de medicinas. Esto es, Trump señala que Medicare debería negociar directamente con los fabricantes para abaratar sus productos. Indica que por esta acción se puede lograr un ahorro de $300 billones anuales. No obstante, esta cifra señalada por Trump cae dentro de otros tantos discursos exagerados con propósitos políticos. Comparando, vemos que el gasto total que tuvo Medicare en el 2015 por medicamentos prescritos fue solo $85 billones.

Realmente, EEUU es el único país que no mercadea sus medicamentos, o sea, que no compite con precios en un mercado abierto, lo cual bajaría el precio de las medicinas. David Certner, el consejero legislativo de AARP y representante de los pacientes, concuerda con este proyecto.

Trump y su equipo continúan enfrascados en la tarea de repeler a ObamaCare y proponer otra solución, tal vez similar. Probablemente le resultará difícil desprenderse de muchas teorías demócratas. Por ejemplo, Trump afirma que las compañías de seguro apoyan a los políticos y viceversa, es decir, es una relación simbiótica donde ambos son favorecidos y los únicos perjudicados son los pacientes, a quienes no les queda otro remedio que aceptarlo todo.

También opina que las condiciones preexistentes en los enfermos no deben ser motivo para ser rechazados por los seguros médicos, porque además “quiere evitar que la gente muera en las calles”. No obstante, en su plan de repeler a ObamaCare, no menciona mantener las condiciones preexistentes.

Trump hace referencia a que los subsidios federales para ObamaCare, en aquellos casos con ingresos medios y bajos, es una “socialización del dinero”, o sea, es repartir dinero gratis. En otras palabras, según Trump, ayudar a que la población puede tener acceso a seguros de salud incosteables para la mayoría, es repartir dinero. ¿Qué pretende entonces Trump, que se mueran? Eso no es socialismo, eso es humanismo, tal como fue el Social Security cuando fue creado en su oportunidad por el demócrata Franklin D. Roosevelt. Adicionalmente, la Florida fue uno de los 19 estados que no aceptó la expansión de Medicaid, gracias a la legislatura estatal controlada por los republicanos. Ello hubiera disminuido considerablemente los subsidios.

Antes del triunfo de Trump, las empresas de seguros médicos tenían buenas perspectivas. HCA Holdings, que agrupa a 168 hospitales en la nación, obtuvo en el 2016 un record ajustado de beneficio bruto de $8.216 billones, excediendo el 2015 en un 3.8%. Sus acciones aumentaron 23.6% sobre el año 2015 (NYSE y HCA Chairman conference call, 31 de enero de 2017).

Sin embargo, después de la victoria de Trump, se ha generado una incertidumbre para los hospitales, según Chip Kahn, Presidente de la Asociación de Hospitales Americanos. Por ejemplo, en el 2017, las acciones de HCA y Tenet Healthcare bajaron en algunos casos hasta un 23%. Las acciones de Centene y Molina Healthcare cayeron 17% y 15% respectivamente (The Washington Post).

Los empresarios opinan que un rechazo a Obamacare eliminaría a muchos pacientes que no serán reemplazados con otros.

Como vemos hay cuatro escenarios: continúa ObamaCare, se inventa TrumpCare, se combinan los dos o desaparece todo dejando desamparadas a más de 20 millones de personas.

La opción mas viable y realista es maquillar a ObamaCare, tal vez mejorarlo, pero nunca eliminarlo. En todo caso, continuarán llamandolo ObamaCare, nunca TrumpCare.

Economista y periodista.

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