Opinión

Conexión rusa

“No soy consciente de ninguna de esas actividades. Fui llamado una vez o dos a trabajar en la campaña, y no he tenido comunicación con los rusos. No tengo capacidad para contestar”. Esa fue la respuesta que dio Jeff Sessions, el hoy Fiscal General, en las audiencias para ser aprobado en su cargo, al senador Al Franken, cuando éste lo interrogó sobre si tenía conocimiento de vínculos de algún miembro de la campaña de Trump con el gobierno ruso.

Pero resultó que el entonces senador y hoy Fiscal General había mentido a sus colegas bajo juramento. En plena crisis sobre la injerencia de Rusia en la campaña presidencial de USA, Jeff Sessions se reunió en dos ocasiones con Sergei Kislyak, el embajador de Rusia en los Estados Unidos, y se lo quedó guardadito.

Con él, ya es el segundo funcionario de este gobierno, que se ha descubierto in fraganti, mintiendo sobre reuniones y conversaciones con los rusos. El primero fue el general retirado Michael Flynn, que ya renunció a su cargo como Consejero de Seguridad Nacional. Hoy también sabemos que antes de posicionarse el actual presidente, otro alto funcionario del gobierno, Jared Kushner, esposo de la hija del presidente, también se reunió en secreto en el mes de diciembre en la Trump Tower con el embajador.

Esto cada vez toma tintes más oscuros. No se trata de una competencia en la que un bando hace todo lo que está a su alcance para ganarle al otro. Se trata de coludir con otra nación para perjudicar la democracia de tu país. Y eso no tiene otro nombre que traición.

Las agencias de espionaje rusas se encargaron de divulgar noticias falsas sobre un candidato a la presidencia, al mismo tiempo que hackeaban (un crimen) los correos electrónicos de su campaña, con la intención de dejarla mal ante el pueblo norteamericano. Las agencias de espionaje ruso penetraron la última frontera del establecimiento y su entidad más sagrada: las elecciones libres.

El principio en el que se basa todo lo demás en esta nación es la democracia. Si un grupo de ciudadanos estadounidenses contribuyó a que se llevará a cabo tal atropello a ésta, se debe clamar por una investigación independiente y a fondo, y que los cómplices no obtengan otra cosa que cárcel.

Debe andar muy bajo el nivel de la ética en este país, cuando un Fiscal General, es decir el Secretario de Justicia, es decir el encargado del aparato de justicia en la rama ejecutiva, después de mentir bajo juramento al Congreso, no esté soportando un clamor no solo de los demócratas, sino de republicanos e independientes, para que renuncie ya.

En otras épocas no se trataría de sobre qué o por qué mintió. Se trataría simplemente de que mintió.

Pero lo de Jeff Sessions no es más grave. Es que de no haberlo descubierto el Washington Post, el hombre hoy estaría dirigiendo una investigación en la que ahora es uno de los sospechosos. ¿Qué habrá hecho hasta ahora en lo referente a esa investigación? ¿Qué lo detenía para destruir pruebas? ¿Qué para ordenarle al director del FBI, su subordinado, que no informara al Congreso sobre los resultados de las pesquisas? El tiempo que Jeff Sessions lleva en el cargo de Fiscal General ya le causó una gran herida a la justicia. Cada segundo que corra que lo siga siendo, la hemorragia seguirá empeorando.

Qué paradoja, y esta gente es la que se llenaba la boca de moralismo y ética, gritando a viva voz que encerraran en la cárcel a Hillary Clinton.

Lo ve uno en una serie ficticia de TV, y piensa que están exagerando.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

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