Opinión

Colombia rumbo al chavismo

La ex senadora colombiana Piedad Córdoba con el fallecido gobernante cubano Fidel Castro en agosto del 2010. Córdoba anunció, ante la tumba de Fidel Castro, que presentaría su candidatura en las elecciones presidenciales colombianas del 2018.
La ex senadora colombiana Piedad Córdoba con el fallecido gobernante cubano Fidel Castro en agosto del 2010. Córdoba anunció, ante la tumba de Fidel Castro, que presentaría su candidatura en las elecciones presidenciales colombianas del 2018. EFE

Hay quienes recuerdan la firme convicción con la que algunos demócratas venezolanos rechazaban la posibilidad de que en su país se instaurara un régimen similar al cubano a partir de la victoria electoral en 1998 de Hugo Chávez, ignorando que algunos, aun antes de la intentona golpista del comandante, decían que para resolver los problemas del país era necesario por un corto periodo de tiempo un gobernante de las características del por suerte desaparecido Fidel Castro.

Similar tonada parece sonar en Colombia. Cierto que la mayoría repite no estar a gusto que el país siga el derrotero de Cuba o Venezuela pero no parece estar dispuesta a evitarlo. Son pocos los dirigentes que se enfrentan a quienes encubren su proyecto populista de corte marxista con una defensa a ultranza del proceso de paz. No admiten críticas a un proceso que abre una vía expedita para alcanzar el poder.


El razonable anhelo de lograr la paz impide que dirigentes de buena fe tengan una visión de conjunto de la situación nacional y los peligros que encierran la concesión de posiciones públicas desde las cuales los depredadores sociales instrumentarán con muchas posibilidades de éxito las artimañas necesarias para alcanzar sus objetivos.

El presidente Juan Manuel Santos ha sido un catalizador a favor del surgimiento y fortalecimiento de personas y fuerzas políticas contrarias a la democracia, como son los casos de las FARC y ELN, dos facciones que no han renegado de sus convicciones marxistas, ideología que sustenta gobiernos contrarios a los derechos ciudadanos.

Las características de los acuerdos de paz con las FARC y las conversaciones con el ELN propician el fortalecimiento de factores opuestos a la democracia. Otra confirmación de lo válido del refrán “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”, en caso que hubiera buenas intenciones entre quienes practican el narcoterrorismo o en políticos que solo piensan en su beneficio.


Un ejemplo de esta situación se apreció cuando la ex senadora Piedad Córdoba anunció, ante la tumba de Fidel Castro, que presentaría su candidatura en las elecciones presidenciales colombianas del 2018. Córdoba, que no tuvo piedad con las víctimas de la narcoguerrillas de las FARC, dijo a su dios: “He querido venir a decírselo porque necesito de su acompañamiento, para que ilumine con su energía y me dé la fuerza y la resistencia para una tarea que va a ser muy difícil”.

Si un Castro ilumina el pensamiento de Córdoba es de suponer que está a favor de implantar en Colombia el sistema que su mentor estableció en Cuba, máxime cuando afirma que seguirá la lucha que Castro comenzó y que está obligada a defender su legado.

Todo indica que Colombia ha entrado en la fase en la que los lobos no tienen que disfrazarse de ovejas. Dicen lo que proyectan porque saben que hay sectores que por sacar ventajas a sus rivales son capaces de acostarse con el enemigo. Vladimir Lenin estuvo acertado cuando dijo que los capitalistas son capaces de vender la soga con la que serán colgados, válido para algunos políticos, Venezuela y Cuba son ejemplos contundentes de que quienes escogen dormir con el enemigo nunca pueden despertar.

Políticos como Piedad Córdoba y narcoterroristas de la calaña de Rodrigo Londoño Echeverri tienen sus objetivos definidos y la estrategias de cómo concretarlos, por el contrario, se aprecia que un sector importante de la clase política trabaja con visión de lo inmediato, sin considerar las consecuencias a largo plazo que se puedan derivar de sus acciones u omisiones.

El objetivo de las fuerzas antidemocráticas colombianas no difiere de las que operan y detentan el poder en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua, más aún, tienen la ventaja que confiere el haber practicado la violencia extrema de forma sistemática y permanente. Están acostumbrados a no respetar a sus adversarios y defienden la tesis guevarista de que el mejor enemigo es el que está muerto.

Periodista de Radio Martí.

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