Opinión

Amarga realidad en Israel

En la página TheReligionofPeace.com aparece una lista parcial de los asesinatos cometidos por extremistas islámicos en nombre del islam. La mayoría de estos incidentes son ataques terroristas. Un puñado de asesinatos son por honor o ejecuciones de la Sharia.

Según esta página, durante el período comprendido entre enero y junio del corriente 2017, ha habido 1053 ataques en 48 países, en los que murieron 7638 personas y 8336 resultaron heridas. Siete de ellos, según la fuente, ocurrieron en Israel contra israelíes, aunque creo que la cifra es inexacta. Para los israelíes, sin duda, es un triunfo que les hayan siquiera mencionado.

Los servicios de inteligencia de Israel fueron capaces en el 2016 de evitar 400 ataques terroristas. La cifra de ataques abortados este año aún no está disponible. El Shin Bet lleva a cabo cientos de operaciones que son un muro protector contra el terror que amenaza con dañar la seguridad de Israel y sus ciudadanos. Las vidas de muchos ciudadanos se han salvado gracias a las asombrosas acciones preventivas que el Shin Bet lleva a cabo. En nombre de los ciudadanos de Israel, les doy las gracias por sus acciones como un escudo invisible.

Los israelíes han sido víctimas del terrorismo árabe desde cuando eran palestinos y, desde entonces, han desarrollado un instinto y una técnica que, de cierto modo, les salva. Todo esto bajo un estado de derecho democrático donde conviven judíos, cristianos y musulmanes. Tiene mucho que aprender el mundo de este heroico pueblo en materia de defensa contra el terrorismo.

Cuando los israelíes matan en su defensa o como castigo a las barbaries cometidas contra ellos, la prensa reporta o fabrica y expone con grandes titulares en todos los cintillos, incidentes donde las víctimas son árabes. Las pérdidas israelíes son ignoradas a pesar de su incremento, por parte de la prensa, la opinión pública e, inclusive, por los Secretarios Generales de la ONU. Todavía no he visto cuando los israelíes son asesinados por los terroristas que se llenen las redes sociales de rostros tras la bandera israelí, ni que todos proclamen “Somos Israel”. Incluso los amigos, muchas veces, cuando hablan del tema, omiten las atrocidades cometidas contra los israelíes, con la misma injusticia que ignoran a las víctimas del terrorismo islámico contra la población negra en África. Al parecer, las únicas víctimas que merecen mención son las europeas y norteamericanas, ni hablar de los cristianos y musulmanes asesinados en Oriente Medio.

Es como el caso de las víctimas del comunismo, que no se aluden, sólo las víctimas del nazismo, por supuesto, obviando el hecho que también fueron producto de un régimen socialista totalitario.

El consenso es, que la fuente del terror está en las manos de ISIS y Al-Qaeda. Sin embargo, mucho antes de que ambas organizaciones existieran, los israelíes eran asesinados: primero, por terroristas árabes instigados por la Hermandad Musulmana, tras la refundación del Estado de Israel y, más tarde, por el engendro de Gamal Abdel Nasser, personificado en el asesino Yazir Arafat y su OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Es desde entonces que los árabes del área se hacen llamar palestinos.

Luego, creados y financiados por los iraníes entraron en el juego macabro la Jihad Islámica, Hezbollah y Hamas, entre otras, cuyo objetivo central es la destrucción del Estado judío; pero ellos son llamados militantes y luchadores por la libertad en vez de terroristas. El colmo es que la Autoridad Palestina haya sido admitida como uno más en los organismos de la ONU y la Unesco. Organización de la cual la mayor parte de su presupuesto se emplea incitando el odio contra Israel, pagando jugosos salarios a los terroristas encarcelados, a sus familias y a las familias de los suicidas y otros ultimados por otros medios. Definitivamente, la vieja judeofobia personalizada se ha extendido y consolidado contra el Estado de Israel y sus ciudadanos en particular.

Mi hijo, que sirvió en el IDF y residió en el país por más de cuatro años, vivió la experiencia con el asesinato por un terrorista de un amigo de apenas dieciocho años de edad y de otro amigo cercano que sobrevivió a pesar de ser gravemente herido en otro ataque terrorista en Mike ’s Café en Tel Aviv, lugar que mi hijo visitaba frecuentemente. No puedo explicarles la angustia que se siente cuando un ser querido está expuesto a esos peligros, ni el dolor de los familiares de estas víctimas ni la del pueblo de Israel ante esta injusta realidad.

No creo que mi opinión va a cambiar esta cruel circunstancia, ni la indiferencia del mundo ante las víctimas israelíes, pero creo que hay que decirlo hasta que todos comprendan que las víctimas israelíes valen tanto como las otras víctimas del terrorismo islámico. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

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