Opinión

La curiosa historia del nombre Ecuador

Es difícil decir en qué punto un pueblo comienza a plantearse los cambios históricos o, en términos literarios, cuál grano de arena hace el montón. El 10 de agosto de 1809, no obstante, cuando un grupo de quiteños depone el gobierno español y reina la autonomía por tres meses, desata la cruenta marcha hacia la independencia definitiva de 1822.

La liberada Audiencia de Quito —distrito jurídico y político dentro del Imperio Español— se une a Colombia. El sueño de Simón Bolívar ya aglutina a Venezuela, Nueva Granada (Colombia actual) y Panamá. Quito se convierte en el Distrito del Sur, subdividida en tres departamentos: al sur Azuay, Guayaquil en la costa, y la sierra centro-norte, la milenaria Quito, rebautizan Departamento del Ecuador. ¿Por qué? Porque la línea ecuatorial atraviesa su territorio, responde Bolívar.

La palabra ecuador

Ecuador deriva del latín aequator, el que iguala, igualador. El latín heredó del griego el sentido astronómico de circunferencia que divide una superficie en partes iguales. La versión latina de la monumental Geographia de Ptolomeo contiene circulus aequator diei et noctis (círculo que iguala el día y la noche).

Aequator pasó a los idiomas modernos poco antes del Renacimiento: equator en inglés, equateur en francés y al alemán äcuatar. El castellano incipiente de Alfonso el Sabio registra equador en el siglo XIII. Al esclarecido monarca le debe el castellano la normalización y el carácter de lengua culta, pues dirigió a su afamada Escuela de Traductores de Toledo a trasladar al idioma del pueblo la ciencia islámica (heredera de la antigua Grecia). Carente de términos científicos, el castellano recurrió a neologismos tipo aequator.

El Diccionario de Autoridades de 1731, anterior al Diccionario de la Real Academia, lista: “EQUADOR, o EQUATOR. Círculo máximo que se considera en la esphera celeste, y dista igualmente de los Polos del mundo. Llámase assi, porque quando el Sol llega a estar en él, es igual el día con la noche. Es voz puramente Latina Aequator”. Parientes de ecuador son igual, igualdad, equilibrio y ecuación.

Ecuador remplaza a Quito

La denominación Ecuador para el territorio de Quito se origina en París, en el acalorado debate sobre la forma del planeta. Partidarios de Descartes, padre del racionalismo francés, entrevén un esferoide oblongo, como un limón. Los partidarios de Newton esgrimen modelos matemáticos abstractos y las teorías de la gravedad y la fuerza centrífuga para especular que la Tierra es achatada en los polos y abultada en el ecuador.

No es un debate fortuito. Pende de la resolución cartas náuticas precisas, esenciales para el comercio y la guerra, y un sistema universal de medición. En 1735, la Academia de Ciencias envía una misión geodésica a medir un arco de meridiano en el círculo ecuatorial. Éste atraviesa una docena de países en cuatro continentes, pero ninguno interesó a los académicos más que Quito. Hispanoamérica evocaba oro.

El académico Charles de La Condamine sustituye Quito por Territorios del Ecuador en su extensa correspondencia y las memorias de la misión plasmadas en Journal du voyage a L’EQUATEUR. A propósito, como teorizara Newton, la circunferencia ecuatorial mide 42 kilómetros más que la polar. El matemático y astrónomo griego Eratóstenes, doscientos cuarenta años antes de la era cristiana, calculó la circunferencia del Ecuador en 40 mil kilómetros (asombrosa aproximación a los 40,008 kilómetros de la geodésica satelital moderna).

El nombre de la república

Los académicos franceses tuvieron un profundo impacto en la sociedad quiteña. Quizás en el encuentro con la ilustración europea, sugieren algunos historiadores, se planta la semilla de una identidad autónoma. Pedro Vicente Maldonado fue amigo y guía de La Condamine, y se benefició de sus conocimientos para trazar el primer mapa científico de su patria. Quizás esta representación gráfica del estado quiteño caló hondo y enardeció el espíritu independentista que daría vida a la república en 1830.

El Distrito del Sur se separa de Colombia en mayo de 1830, y los tres departamentos que lo conformaran optan por un destino común. Convocan a una asamblea en la ciudad central de Riobamba con el fin de promulgar la constitución que regirá la nueva república. Cada departamento envía siete diputados. Surge un problema. Los diputados de Quito, el peso de la historia envalentonando su retórica, proponen República de Quito. Ni Guayaquil ni Cuenca aceptan. “La salida”, sentencia un diputado con sentido poético de la diplomacia, “está en la línea imaginaria que nos cruza”. Nace así, caprichosamente, la República del Ecuador.

Novelista y ensayista, autor de Crónica del corazón, una guía para la salud cardiaca, y la novela Women Loved Dr. Böll. Es director académico del Downtown Arts + Science Salon en Miami.

  Comentarios