Opinión

Desde Rusia con amor…

El gobernante cubano Raúl Castro (izq.) y el presidente ruso Vladimir Putin se reúnen en las Naciones Unidas, en Nueva York, en el 2015. Rusia está fortaleciendo sus relaciones con Cuba.
El gobernante cubano Raúl Castro (izq.) y el presidente ruso Vladimir Putin se reúnen en las Naciones Unidas, en Nueva York, en el 2015. Rusia está fortaleciendo sus relaciones con Cuba. TNS

Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.

Proverbios 27:10

Pero el vecino quiere hacerte la vida difícil. Y entonces nos acordamos de la “hermandad cubano soviética”. ¡Ah! aquellas latas repletas de carne rusa, tan apetitosas cuando se les quitaba la grasita y crujían en el sartén, o cuando se hacían como ropa vieja con arroz blanco y si aparecía un platanito maduro ya estaba lista la completa. ¡Y la May Ling china! Esa no era tan sabrosa. Era oveja estofada, salida de las estepas mongolas donde el berrenchín salido de la entrepierna de los jinetes pastores las había aderezado.Pero cuando aquello las hermandades eran diferentes: una era soviética y la otra maoísta. Empezamos a conseguir hermanos (llegamos a tener muchísimos) desde el principio, cuando la libreta de abastecimiento era todo un festín mensual, ¿recuerdan? Ahora, la hermandad será solamente rusa, no soviética y también será a lo capitalista, como también con China.

Ya la noticia ha saltado, ya llegaron los primeros Ladas a Cuba. Son más amplios que los de hace 40 años. Y además Vladimir Putin, con su anhelo de Make Russia Relevant Again, va a mandar petróleo y a revitalizar el ejército cubano, mandará también alguna carnecita rusa y en fin va a hacer business con Cuba. Le hará ilusión estar más cerquita de todos los McCain y todas las Hillary del mundo, esos americanos siempre excepcionales cuyas guerras son las más santas del planeta; y por qué no, también cerca de Mr. Trump, para ver si estando más contiguo del hombre se entera de lo que en realidad quiere decir.

Nunca antes como ahora, salvo muy al principio, antes de la Crisis de Octubre en 1962, la situación nacional cubana había estado tan comprometida: la correlación de apoyos en América Latina ya no obra en su favor como en el 2014; el gobierno cubano no ha logrado hacer efectivos la mayoría de sus propios Lineamientos de la Política Económica y Social, en español “reformas”. Como consecuencia de ello, la desorientación interna sobre el rumbo de la nación es no sólo real, sino patente y hasta flagrante; la posibilidad de emigrar a Estados Unidos ha sido cortada y Washington retoma el placer de la confrontación y la agresión contra su vecino cubano.Y entonces, qué podrán hacer los hermanos lejanos ante esta situación, además de mandar un poco de carne rusa o May Ling a precio reducido… revitalizar el ejército cubano para una posible agresión… mandar petróleo a crédito extendido… apoyo diplomático, terapia ideológica, consejos de hermanos, hombre y amigo na’ma’; ¿inversiones?, algunas sí, no tan rutilantes como las que llegaron a las puertas durante la luna de miel con Obama, pero bueno, alguna aparecerá…

Pero tal vez lo que sí puedan hacer uno de hermanos de los comunistas cubanos, especialmente el “aguerrido hermano vietnamita”, enfrentado durante mil batallas por su independencia y su unidad primero con Francia, después con Estados Unidos, y después con China; a sangre y fuego, con más de un millón de muertos y un convencimiento nacional inamovible que le ganó la guerra a la primera potencia mundial, es decirle a los ideólogos, funcionarios, burócratas, y militantes ultra revolucionarios cubanos que ven por cualquier parte la penetración capitalista: Oh mi querido y respetado camarada cubano, ¿de verdad que eres más puro y antimperialista y revolucionario y socialista que yo? ¿Y todo porque el arroz que te vendo a ti y al mundo lo cultivan campesinos privados en mi tierra? Oh, mi querido camarada, respeto tu convicción de que muchos de tus compatriotas más humildes no tienen la debida capacidad ideológica o moral para poseer un arrozal, o cualquier otro negocito productivo, pero no puedo compartirla. Aquí hacemos las cosas diferentes y nos reímos mucho de todo. ¿No te gusta, mi querido camarada, que todo el mundo también se ría un poco?

Es muy probable que Cuba se enfrentará a momentos muy duros en los próximos años; como probable que ningún hermano lejano podrá evitárselos, ni ningún vecino cercano, aunque sea amable. Porque parece ser elemental que la convivencia económica, política y social, las asignaturas pendientes de una nación solo pueden ser resueltas dentro de ella. Y no hay soberanía defendible sin fortaleza nacional; ni fortaleza nacional sin la suficiente malanga en la cocina. Porque como dijo el gran hermano lejano Deng: “No importa el color del gato, lo que importa es que cace ratones”.

Comentarista político y columnista de CNN en Español.

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