Opinión

JULIO SANCHEZ CRISTO: El futuro del mundo

Difícil describir la mágica combinación que hoy vive la China. Ese derroche de talento, creatividad y dinero en la inauguración de las Olimpíadas quedará grabado en la memoria del mundo por generaciones. Resulta difícil imaginar qué harán en Londres dentro de 4 años. Horas de horas, meses, años de ensayo de una lección artística que nos recordó el significado de la China y de sus valiosos aportes a la humanidad. Todo en Pekín es de no creer, más de 40 mil millones de dólares en inversión para el evento, libélulas que vuelan, dragones en el cielo, buses estrenando la técnica de aire comprimido, estadios del futuro, arquitectura de premio, el más grande complejo de televisión, el aeropuerto, el metro, el tren bala, mares, montañas, lagos, Shanghai, Hong Kong, y ciudades desconocidas, superpobladas y atendiendo fábricas imposibles de imaginar. Todo es lo más, celulares, tecnología, la muralla, la ciudad prohibida, Tiananmen, el Palacio de Verano, y la ciudad de Pekín, que entrelaza milenaria historia con una urbe al mejor estilo de Nueva York.

El distrito de arte es un barrio bellísimo, impregnado de galerías, restaurantes, cafés, bares y artistas que podrían estar en los mejores momentos de Soho. Autopistas que interconectan a 17 millones de personas que viven en una ciudad nueva, pero que mantienen igualmente barrios tradicionales, medicina china en donde el tacto determina dónde nace el dolor y la nación de hace siglos sigue vigente. Pasan cosas cuando los especialistas consideran que los números de la economía pronto llegarán a ser determinantes en las bolsas del mundo, empresas de energía, de carros, minería, y por supuesto mucha agricultura. Más de 60 hoteles 5 estrellas, centros comerciales con todas las marcas de Europa, y chinos cargando gigantes bolsas que no les dejan ver, centros culturales por todos lados, distritos financieros en una absoluta locura de un evidente afán de acelerar la velocidad del día, se ve que quieren tragarse muy rápido al mundo. Pasan cosas cuando el contraste se hace tan presente, mucha población rural, sueldos ínfimos en las grandes ciudades, por el afán de emplear más gente el exceso de personal en cualquier empresa se estrella, y no por tener más gente se logra un mejor servicio. Pero lo que resulta escandaloso son los impuestos que presentan el país para un turista como un destino escandalosamente costoso.

Pasan cosas cuando el reto no es cualquier cosa, hace 20 años escasamente en Pekín había un anticuado hotel Sheraton y una aerolínea al mejor estilo comunista. Hoy hay no sólo las mejores sábanas y toallas que desearían tradicionales albergues de Roma, sino que la aerolínea oficial tiene una envidiable flota norteamericana de aviones nuevos. Pero igualmente, si ya se tomó la decisión de competirle al mundo, respetando las tradiciones y su moderno socialismo hay que hacer el despegue en todo, incluyendo la mayor transparencia en el tema de respetar los derechos civiles, humanos, que incluyen no solamente el enfrentamiento con quienes piensen distinto, o del conflicto con el Tíbet, sino igualmente la libertad de prensa, de internet, de protestar, intentando proteger el reclutamiento de menores a actividades laborales que no les corresponden, y sumarle un decidido enfrentamiento a la piratería y la vigilancia formal de la gigantesca industria de las falsificaciones, que hace un multimillonario daño por cuenta de vulnerar los derechos de autor. Mientras que Mao descansa en su mausoleo y no quiere ver lo que pasa a las afueras de su templo turístico, el momento no puede ser mejor para no equivocarse, los ojos del planeta le apuestan todo a China, como el futuro del mundo.

juliosanchezcristo@yahoo.com

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