Opinión

RAFAEL ROJAS: Datos de una guerra civil

La derrota de la Brigada 2506 en Playa Girón, el 19 de abril de 1961, ha sido presentada, en la historia oficial, como una victoria del ''socialismo cubano'' contra el ''imperialismo yanqui''. Esa construcción simbólica del poder distorsiona, por lo menos, tres fenómenos de aquella primavera:

 Los 1,500 brigadistas, que pelearon contra las fuerzas armadas y las milicias de la isla, no eran norteamericanos, sino cubanos.

 El ejército, la marina y la aviación de Estados Unidos nunca entraron en combate.

 El ''socialismo'' acababa de declararse, por lo que difícilmente su defensa era la principal motivación de los revolucionarios que se movilizaron en Playa Larga y San Blas.

En el libro Politics of Illusion (1998), editado por James G. Blight y Peter Kornbluh, cuatro protagonistas de aquellos sucesos (Enrique Baloyra, Lino B. Fernández, Rafael Quintero y Alfredo Durán) afirman que, además de los 1,000 alzados que ya había en el Escambray, las principales organizaciones de oposición al naciente comunismo cubano (MRR, MRP, 30 de Noviembre, Directorio Revolucionario) contaban con 6,000 conspiradores en las principales ciudades y 20,000 simpatizantes en toda la isla. La eficaz y preventiva represión organizada por el gobierno, en las semanas previas a la invasión, habría incluido el encarcelamiento de 100,000 personas, una cifra manejada por estudiosos como Hugh Thomas y Jorge I. Domínguez.

Muchos de aquellos presos no eran conspiradores, pero formaban la base social de una extendida resistencia anticomunista en el país. Si se suman todos los ejecutados, los presos, los exiliados, los guerrilleros rurales y urbanos y los simpatizantes de las organizaciones opositoras se alcanzaría una suma considerable, que no puede ser entendida como ''minoría''. En todo caso, si los opositores no eran tantos como los 20,000 o 30,000 que defendían al gobierno, sí eran muchos más que los que entre 1957 y 1958 se enfrentaron a Batista. El concepto de guerra civil parece apropiado para describir la polarización que vivió Cuba en la primera mitad de los 60.

Un aliado de Moscú en el Caribe era una amenaza inédita a la seguridad norteamericana y la CIA tomó cartas en el asunto. Esa fue la institución que planeó, financió y organizó el proyecto de Bahía de Cochinos y la principal interlocutora de los anticomunistas cubanos en el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, es equivocado imaginar a aquellos miles de jóvenes, en su mayoría católicos y partidarios de la revolución antibatistiana, como peones de Washington o marionetas de los intereses económicos afectados. Para ellos, la CIA era un soporte, tan ineludible como incómodo, ya que la causa que los movilizaba provenía de los valores democráticos y nacionalistas de la Constitución del 40.

Los opositores cubanos de 1961 se consideraban ''verdaderos'' revolucionarios, en cruzada contra ''falsos'' revolucionarios que habían roto el pacto de enero del 59 e imponían un alineamiento de la isla al bloque soviético de la guerra fría. Por su parte, los nuevos líderes cubanos, y decenas de miles de sus leales seguidores, asumían la alianza con la CIA y con Washington como traición a la patria, a pesar de que el Movimiento 26 de Julio, durante la insurrección contra la dictadura, también conversó con la CIA y recibió algún apoyo de Washington. En cualquier caso, Cuba en 1958 no estaba aún en el centro del mundo bipolar, mientras que en 1961, por iniciativa de sus gobernantes, sí lo estaba y los opositores se colocaban, naturalmente, en las antípodas del entendimiento con Moscú.

¿Qué defendían los revolucionarios y milicianos cubanos que se enfrentaron a sus compatriotas en Playa Girón y el Escambray? ¿Defendían el socialismo? ¿El partido único, la economía estatalizada, el control de los medios de comunicación, la supresión de derechos civiles y políticos y la represión de cualquier crítica o disidencia? Más bien, los revolucionarios defendían la ''patria'', la ''soberanía'', valores nacionalistas, no comunistas. Eso que Richard R. Fagen llamó ''la transformación de la cultura política'' en Cuba, que podríamos traducir como el adoctrinamiento marxista-leninista de la población, fue un fenómeno posterior a Bahía de Cochinos.

En sectores muy ideologizados de la isla, la guerra civil fue un enfrentamiento entre comunistas y demócratas. En buena parte de la clase media el conflicto se vivió como el choque entre dos maneras irreconciliables de entender la revolución. Unos pensaban que se podía reformar el campo y las ciudades, nacionalizar algunas industrias, alfabetizar el país y sanear la política sin suprimir libertades y celebrando elecciones. Otros sostenían que la única manera de avanzar en cambios más radicales, como la estatalización de la economía, era por medio del control permanente del poder. La guerra civil era la lucha a muerte entre cubanos por dos proyectos de una misma nación, que sólo habrían podido convivir en democracia.

El concepto de guerra civil resulta más apropiado que el de ''contrarrevolución'' a la hora de historiar aquel conflicto. El discurso oficial atribuye a los ''contrarrevolucionarios'' la falsa homogeneidad ideológica, política y social de la propia ''revolución'' y, a la vez, niega la identidad nacionalista de los opositores al comunismo. Cuando el campo intelectual y académico de la isla acepte que aquellas decenas de miles de adversarios al gobierno de Fidel Castro fueron cubanos que deseaban lo mejor para su país y no apátridas y traidores que trabajaron por la destrucción de la isla y su anexión a Estados Unidos, comenzará la verdadera reescritura de la historia contemporánea de Cuba.

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