Opinión

La ‘Diplotrump’ de la amenaza

El presidente Donald Trump ha impuesto un estilo diplomático tajante.
El presidente Donald Trump ha impuesto un estilo diplomático tajante. AP

Hay variadas formas que adopta la diplomacia para alcanzar sus logros. Algunas de ellas son las que contribuyen a afirmar, en el común de las gentes, que la diplomacia tiene mucho de engaños, de segundas o terceras intenciones disimuladas entre elegantes modales y, no pocas veces, en reuniones con exquisitos bocados y bebidas exclusivas.

Alguna vez escribí sobre la diplomacia creativa. Esa que se aparta de los cánones impuestos por el acostumbramiento y va de frente, sin más, con intenciones genuinas tanto para lograr lo que se pretende como para ofrecer algo a cambio. Pensar en la otra parte, esencial ejercicio honesto de la diplomacia.

Las pateaduras de Trump

El tablero, cualquiera que se le presente al ocupante de la Casa Blanca en Washington desde el 20 de enero de este año (que acaba de cerrar sus puertas y ventanas) recibirá pateaduras a lo Trump. Sus razones se justificarán con los antecedentes que subrayé más de una vez escribiendo sobre él: el más previsible de los imprevisibles presidentes de USA. No todo le sale bien. No todo le resultará beneficioso, no siempre alcanzará los objetivos que forman parte de un menú variadísimo de asuntos: una carta de restaurante chino en la que figura también empanadas criollas, tipo argentinas; paellas como en Valencia y tapas picantísimas mexicanas. Trump, al parecer, se contenta con escucharse proferir sentencias cuasi definitivas sobre asuntos debatidos durante años en círculos específicos internacionales (cambio climático, desarme nuclear, racismo, etc.) y desbarranca acuerdos, tratados, y muy elaborados pactos internacionales sobre disímiles asuntos y programas de su propio país (Obamacare, entre otros).

Amenazar: herramienta “diplomática”

Donald Trump fue cuestionado por sus pares de la mesa permanente del Consejo de Seguridad (CS) (Rusia, Francia, China y Gran Bretaña) en una votación 14 a 1 (veto de EEUU) sobre su decisión respecto de Jerusalén como capital de Israel. Desde hace 72 años rige en ese cuerpo de la ONU de 15 miembros, (10 de ellos rotativos) el supremo (y antidemocrático) poder de veto de los miembros permanentes. Frente al sometimiento a una votación en la sesión extraordinaria de la Asamblea General del organismo para considerar lo mismo que se trató en el CS, Trump irrumpe en la escena. Sin meditarlo, amenaza a horas de comenzar la Asamblea a los países que osaren emitir un voto en contra de sus decisiones (Jerusalén). “Vamos a anotar cada voto”. Y lo repitió, amenazante, la representante de EEUU en la ONU, Nikki Haley.

35 países amedrentados

Lo más preocupante es que 35 países -sí, 35 países soberanos- tuvieron miedo de Trump. De la “diplotrump” amenazante, furiosa, nuclear casi. Y no dijeron ni sí ni no: se sometieron al silencio de la abstención. ¿Para qué fueron? Se hubieran quedado en casa como los 21 representantes ausentes.

Les metió demasiado miedo Trump. Y, hay que decirlo directamente: también Netanyahu. Así se perfila el mundo, el sometimiento de los países a los poderosos que amenazan, siempre amenazan. Con dólares. O con balas.

Columnista argentino.

  Comentarios