Opinión

IVETTE LEYVA MARTINEZ: Nostalgias del porvenir

Ya era hora: la industria de la nostalgia también ha empezado a evolucionar en Miami.

Tuve la oportunidad de comprobarlo durante la reciente feria Cuba Nostalgia, concebida como un tributo a la época republicana.

En medio de tantos stands y productos divisé un pequeño puesto de artesanías que me resultaron familiares. Las hizo una familia avileña que llegó hace tres años y medio, decidida a establecerse en el sector artesanal.

Las creaciones de la familia Madys --su nombre comercial-- recuerdan a las que aún se venden en la isla: collares y pulsos de semillas secas, muñecas negras con todo tipo de trajes, "cuquitas'' para vestir.

Los emprendedores avileños son representativos de la ola migratoria que bien podría llamarse, y a mucha honra, "generación balsera'' --compuesta por "balseros'' tanto marítimos como aéreos. Comenzó a inicios de los años 90 y no cesa. A pesar de que aún no tiene historiadores, ni el reconocimiento que ya alcanzaron los marielitos, su huella en la sociedad miamense es cada vez más visible y peculiar. También lo es la manera en que lidian con su añoranza por la isla.

Yo había visitado Cuba Nostalgia en varias ocasiones, con curiosidad casi arqueológica y también un poco de incomodidad, lo confieso: me molesta la noción omnipresente en Miami de que la nostalgia "políticamente correcta'' es la que se puede sentir por la Cuba previa a 1959.

Esa idea está sustentada en la satanización de la Cuba castrista, en la negación de que esa sociedad pueda generar algún tipo de experiencia positiva. Pero a pesar de la dictadura quienes vivimos ahí guardamos recuerdos gratos, pedazos de vida que merecen ser mostrados en público alguna vez.

En Miami los cubanos han sabido sacar provecho de sus añoranzas comercializando memorabilia de todo tipo, fundamentalmente de la nostalgia "oficial''. De paso, afianzan uno de los grandes legados del exilio: mantener vivos los mejores recuerdos de la Cuba que el castrismo trató de borrar de la memoria colectiva.

La memoria es el arma más poderosa de los exiliados.

Pero en Cuba Nostalgia, a millones de cubanos nacidos después de 1959 los planos antiguos de las calles de La Habana y Santiago y el mapa de una isla con seis provincias nos resultan tan arcaicos y ajenos como documentos de la etapa colonial. Por eso me alegró tanto ver a la familia Madys, los discos de Polo Montañez, y otros atisbos de una nostalgia más cercana a la de generaciones más jóvenes que han engrosado el exilio en años recientes.

Pregunté a mis amigos coetáneos por sus añoranzas, y arranqué algunas confesiones. Llego a la conclusión de que extrañamos una rara colección de cosas, sabores, experiencias: desde los jugos búlgaros al helado de naranja piña de Coppelia, las rondas por las librerías "de viejo'', los piropos en la calle, las noches largas escuchando a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, el café de la bodega, las funciones dominicales de teatro, los ciclos de cine en la Cinemateca.

Como los balseros llevan ya casi 20 años por estos lares, en los últimos tiempos el mercado de la nos talgia ha de prestar atención a las cosas que añoran.

¿Cómo explicar si no que haya tiendas donde se pueden alquilar videos de muñequitos rusos y series de espionaje (donde los exiliados son "los malos'') como En silencio ha tenido que ser y Julito el pescador, y la policiaca Día y noche, entre otras?

Muchas veces no extrañamos los objetos per se, sino el momento de nuestras vidas que evocan. La añoranza suele ser como un misterioso tapiz formado con jirones de recuerdos, algunos sorprendentes, imprevistos, tercos.

Estoy segura de que en el futuro veremos ferias similares a Cuba Nostalgia y evocarán las cosas que amamos en los agrios días del castrismo, idas ya para siempre.

Editora de Yahoo! Inc.

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