Opinión

La Inteligencia sacude la Casa Blanca

La plana mayor de la Inteligencia aseguró ante el Senado esta semana que Rusia va a interferir en las elecciones de 2018 como lo hizo con gran éxito en 2016, que está actualmente pirateando el sistema de votación de Estados Unidos y manipulando las redes sociales para mejorar aún más su efectividad en las elecciones a la vez que aumenta la división entre los estadounidenses y ataca los cimientos de las instituciones democráticas del país.

Por más inaudito que parezca, más paralizante por el miedo que da y más alarma provoquen estas afirmaciones de los que son responsables de la seguridad nacional, todo es espeluznantemente cierto.

Uno a uno los senadores que integran el Comité Selecto de Inteligencia del Senado fueron interrogando a los jefes del servicio secreto y de espionaje sobre la mayor crisis política de la nación ante la cual aparentemente no se puede hacer nada.

“Estoy cansado ya de escuchar estos informes y no se hace nada”, dijo visiblemente molesto el senador independiente por Maine, Angust King. “No tenemos ningún plan, ninguna estrategia para detener los ataques cibernéticos de los rusos. Tenemos las manos atadas. No podemos hacerle frente a esta amenaza, que es muy seria, si el presidente sigue negando que existe”.

Porque aunque ejerzan el mayor poder de decisión en sus respectivos departamentos, ninguno de los presentes: Christopher Wray, director del FBI; Mike Pompeo, director de la CIA; Dan Coats, director de la Agencia de Inteligencia; Robert Ashley, director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa; Michel Rogers, director de la Agencia de Seguridad Nacional, y Robert Cardillo, director de la Agencia de Inteligencia Geoespacial, pueden hacer nada si no reciben órdenes de la Casa Blanca.

Y después de cuestionamientos insinuantes que iban subiendo de tono, y respuestas algo evasivas por lo peligrosas que podían ser, por fin se les preguntó uno a uno, si ellos habían recibido instrucciones directas del presidente de hacerle frente a los ataques cibernéticos rusos para evitar que se inmiscuyeran en nuestras elecciones en 2018 y posteriores. Uno a uno dijo que no. El presidente no les había dado ninguna instrucción. Todos aclararon que en la reunión a puertas cerradas que continuarían teniendo esa tarde del martes, 13, dirían cosas que no podían decir públicamente.

Por supuesto que a estas alturas, aunque escandaloso y de un gran peligro nacional, no debe asombrarnos la actitud cómplice de Donald Trump con Vladimir Putin para que este haga y deshaga todo lo que quiera en el país democrático y neoliberal que siempre ha querido humillar.

Hasta ahora Trump se niega a reconocer que Rusia tuvo algo que ver en que él ganara las elecciones. Su mayor preocupación es que se declaren ilegítimos los resultados, pero a lo mejor tiene más que ver con el chantaje de que es objeto por parte de Rusia si no colabora con el Kremlin. Es la única forma que tiene de que permanezca oculto lo que Trump tiene pavor que se sepa: ¿crímenes que lo llevarían a prisión por años? ¿Asuntos de índole desenfrenadamente sexuales en Moscú que se asegura están grabados? A saber, posiblemente ambas. De Trump se puede creer cualquier cosa, sobre todo si conduce a lo perverso, corrupto, malo.

Desde agosto de 2017 el presidente ha tenido en su poder el documento de ley que impone nuevas sanciones a Rusia, y aunque lo firmó, lo engavetó y dejó pasar la fecha límite para anunciar su inmediata ejecución. Bien, pues hace unas semanas Trump decidió que no se van a implementar las sanciones.

Ante todo esto, más la sistemática pero hasta ahora fallida estrategia trumpista de desacreditar al FBI, más la desvergonzada decisión del presidente de no hacer público el memo de los demócratas del Comité de Investigación de la Cámara, y sí publicar el republicano, a pesar de las severas advertencias del Departamento de Justicia y del FBI de que no lo hiciera por sus omisiones e inexactitudes, el representante demócrata de más alto rango de dicho comité, Adam Schiff, declaró en una conferencia de prensa celebrada en el Congreso el miércoles, lo siguiente: que el comité tiene evidencia abundante de que hubo colusión entre los rusos y la campaña presidencial de Trump, de que ha habido obstrucción de justicia por parte del presidente y la administración –se refiere, aunque no lo dijo, a Devin Nunes y a altos trumpistas archiconocidos por su crueldad e indecencia– y que hay suficiente evidencia de lavado de dinero realizado por Trump y su círculo.

El partidismo brutal que se creó en el Comité de Inteligencia de la Cámara hizo imposible que la investigación sobre la trama rusa diera resultados consensuales bipartidistas. Los republicanos, que en un inicio parecían seguir las normas del comité y cumplir con la autoridad que tiene como Poder Legislativo, con su deber de defender la democracia y su juramento a la Constitución, se atrincheraron para proteger al presidente de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, haciéndose cómplices de la traición.

doramador12@gmail.com

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