Opinión

Corea del Norte, las Olimpiadas y la prensa

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, saluda a Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano Kim Jong Un y subdirectora de Propaganda de su gobierno, después de un concierto de la orquesta Samjiyon, de Corea del Norte, en el Teatro Nacional de Seúl, el 11 de febrero.
El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, saluda a Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano Kim Jong Un y subdirectora de Propaganda de su gobierno, después de un concierto de la orquesta Samjiyon, de Corea del Norte, en el Teatro Nacional de Seúl, el 11 de febrero. AP

Cuando Corea del Norte anunció que participaría en las Olimpiadas de invierno en Corea del Sur bajo una bandera común, se esperaba que algunos tratarían de normalizar al régimen. La velocidad a que la prensa de Estados Unidos lamió la propaganda de Corea del Norte fue sorprendente. Los principales networks y publicaciones corrieron a cubrir a Kim Yo Jong, la hermana del dictador Kim Jong Un, que es subdirectora de Propaganda del régimen. El Washington Post la describió así: El público se maravilló de su ligero maquillaje, de sus sencillos vestidos negros y cartera, de su presilla en forma de flor que mantenía sus cabellos recogidos en un sencillo arreglo. El New York Times agregó: Con su sonrisa, y sin hablar en público, Kim Yo Jong superó con su presencia al enviado de Trump a las Olimpiadas, el vicepresidente Mike Pence.

Por más de un año hemos oído de la prensa que no debemos normalizar a la Administración Trump. Ahora es la prensa la que está normalizando un régimen con uno de los peores récords de derechos humanos en el planeta, que prácticamente asesinó al joven estadounidense Otto Warmbier, que creó un gulag moderno para sus disidentes y que deja morir de hambre a cientos de miles de sus ciudadanos.

Y no fue solamente Kim Yo Jong. También el grupo de cheerleaders fue identificado como “las primeras estrellas de las Olimpiadas”. A ABC News se le hizo agua la boca: Vestidas en rojo con acentos blancos y azules, el grupo norcoreano de más de 200 cheerleaders se están robando el show en las Olimpiadas.

¿Qué puede haber llevado a la prensa a tratar a Corea del Norte así? La explicación más obvia es su odio a la Administración Trump. Corea del Norte está siendo celebrada por la prensa de Estados Unidos como un miembro internacional de la “resistencia”. Un régimen que no se deja intimidar por Trump.

El vicepresidente Mike Pence fue duramente criticado por su decisión de invitar a los padres de Otto Warmbier a las Olimpiadas y recibió abundante desdén por rehusar ponerse de pie al paso de la bandera coreana unida, una bandera que es una burla a la noción de reunificación amistosa cuando Corea del Norte mantiene sus armas enfiladas a Seúl. La misma gente que defendieron a Colin Kaepernick por arrodillarse durante el himno nacional fulminaron a Pence por mantenerse sentado para evadir honrar al régimen de Corea del Norte.

Hay, al menos, una razón más que el odio a Trump para la adulación de la prensa a Corea del Norte. La prensa de Estados Unidos tiene una historia de un siglo adulando a dictadores de izquierda. Walter Duranty sirvió como jefe de la corresponsalía de Moscú del New York Times y ganó un premio Pulitzer en 1932 por sus reportajes sobre las maravillas de la Rusia de Stalin mientras negaba que hubiera habido hambruna forzada en Ucrania. Lincoln Steffens en McClure Magazine celebraba a Stalin: “¡He visto el futuro, y funciona!”. Y, más recientemente, hemos presenciado como la prensa ha lamido las botas a Fidel Castro y Hugo Chávez.

La importancia tan extraordinaria de la confrontación de Estados Unidos con Corea del Norte demanda un juicio sobrio, un análisis objetivo. Demanda lo mejor de la prensa de Estados Unidos. Las acciones de la Administración Trump hacia el régimen de Kim Jong Un pueden muy bien ser las acciones de más consecuencias que el Presidente tome, más importantes que jueces, impuestos o DACA. Pero, ¿cómo podemos tener confianza en juicios de noticias y análisis de diplomacia cuando la prensa llena un fin de semana con esta bazofia?

Miembros pensantes de la prensa lamentan el descenso en la confianza del público. Ellos apuntan a ataques partidistas de mala fe como una causa parcial. Pero no deben olvidar mirarse en el espejo. Si quieren saber por qué millones de americanos no confían en sus reportajes, el primer fin de semana de las Olimpiadas es la prueba No. 1 de la queja colectiva americana.

AGonzalez03@live.com

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