Opinión

¿Vuelve la canción protesta?

El cantautor español Joan Manuel Serrat presenta su nuevo álbum Mediterráneo Da Capo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 8 de febrero.
El cantautor español Joan Manuel Serrat presenta su nuevo álbum Mediterráneo Da Capo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 8 de febrero. Getty Images

Sí, la canción protesta vuelve. Al menos, eso es lo que se dice en España. Esta vez para denunciar la corrupción de los partidos políticos. Sin embargo, quienes intentan retomar el género no son cantautores musicalizando poemas de Antonio Machado con guitarras acústicas, sino grupos de rock alternativo, como Vetusta Morla; o de pop rock, como Amaral. O de flamenco, como Canteca de Macao, que entre palmas y golpes de cajón se pregunta: “Qué es lo que pasa que unos viven en palacios y otros no tienen casa”.

Es cierto que los tiempos cambian; quizás por eso este regreso, musicalmente hablando, sea un tanto diferente. La canción protesta –a la que en sus inicios se le llamó “canción de autor”– se asocia con solos de guitarra, ritmos sencillos y poéticas letras, entonadas por cantautores de pelo largo; no con estridentes sonidos electrónicos y letras de fuerte contenido cantadas por vocalistas con coro. Mucho menos, a pesar de sus buenas intenciones, con el reguetón contestatario de este lado del Atlántico.

Cuando se piensa en la canción protesta, se piensa en Aute, Labordeta y Serrat, quienes a través de su música, en su momento, denunciaron la falta de libertad bajo el franquismo. Como lo hicieron otros en sus respectivos países. Nada malo en ello. La verdadera canción protesta –la nacida al influjo de Woody Guthrie y Bob Dylan– siempre sirvió para reivindicar causas justas: el racismo, la desigualdad, el totalitarismo y la corrupción gubernamental. Hasta que Cuba la secuestró y la convirtió en consigna antiimperialista. Desde entonces, los trovadores pasaron a ser virtuales comisarios políticos.

Todo comenzó en el mes de julio de 1967 cuando la Casa de las Américas organizó el Primer Encuentro de la Canción Protesta. Hay que decir que, para la causa del comunismo, la idea era genial: las legítimas inquietudes sociales de los jóvenes cantautores invitados se transformarían, entre cocoteros y mojitos, en pura propaganda ideológica. No por gusto el encuentro se llevó a cabo en la playa de Varadero. El lugar escogido para las sesiones: la antigua mansión del millonario DuPont.

Es imposible dejar de advertir la simbólica ironía: los humildes juglares de América Latina desgranando sus versos en los salones de la opulencia capitalista. Pobres jóvenes. La mayoría de los que asistieron no habían alcanzado reconocimiento internacional; aspiraban alcanzarlo con la ayuda de La Habana. Muchos de ellos ni siquiera eran conocidos en sus países. Todos fueron utilizados por la inteligencia castrista. De allí saldrían, armados con sus guitarras y su poesía, a “matar canallas” por el mundo. En el intento, algunos encontrarían la muerte.

La Resolución Final de aquel encuentro, que todos debieron firmar, es una prueba de la manera en que los politizaron. En el documento, entre otras cosas, se lee: “debemos comprender el importante papel que cumplimos en la lucha de los pueblos contra el imperialismo norteamericano y el colonialismo; entendemos que la canción debe ser un arma al servicio de los pueblos, no un producto de consumo utilizado por el capitalismo para enajenarlos”. Y por último, el compromiso y la adhesión: “apoyamos a la Revolución Cubana, que ha señalado el verdadero camino que deben tomar los pueblos de Asia, África y América Latina para liberarse”. A los que redactaron el documento solo les faltó escribir al final: “Comandante en Jefe, ordene”. Por Dios, cuántas tonterías tercermundistas. Afortunadamente, las eras ya no paren corazones. Es por eso que los bribones de la Nueva Trova comenzaron rápidamente a utilizar un renovado slogan: “Cuba sí, yanquis también”.

Lo cierto es que después de aquel verano de 1967 la canción protesta nunca volvió a ser la misma. Sí, los tiempos han cambiado. Casi todos los cantautores famosos de aquella época están jubilados; muchos ya han muerto. Y los que todavía cantan, ahora le cantan al amor para sobrevivir.

¡Ah! la canción protesta. ¿Volverá? Es posible. Pero si vuelve, no será como la que inventaron en Varadero hace ya medio siglo. Los jóvenes roqueros que hoy en Madrid y Buenos Aires denuncian la corrupción –y también los reguetoneros que lo hacen en La Habana– no culpan al imperialismo sino a sus gobernantes. Que es como debe ser. Unos podrán tener el pelo largo y otros el cuerpo repleto de tatuajes; pero no son tontos.

Escritor cubano.

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