Opinión

ALEJANDRO RIOS: Integrados y apolíticos

Le pregunto a un amigo, que vive en La Habana y conoce muy bien los entresijos de la cultural nacional, sobre el grupo musical Arnaldo y su Talismán. Me responde, sin pensarlo, que es un apapipio del régimen pues lo convocan con frecuencia a la animación de eventos políticos, siendo el más reciente un acto de repudio orquestado frente a la casa de Antonio Rodiles, donde se celebraba el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Arnaldo divulgó este año un nuevo himno a los Comités de Defensa de la Revolución a la manera que Sara González lo hiciera con anterioridad. Era para celebrar el octavo congreso de una organización represiva a nivel de cuadra, en total decadencia, y el intérprete fabula una melodía poética, de concordia entre cubanos, donde no deja de advertir, sin embargo, que la vigilancia hay que mantenerla en alto.

Cuando la vivienda de Rodiles era acosada y Arnaldo se desgañitaba junto a su grupo en una tribuna ensordecedora con la asistencia de niños pioneros, dentro de la casa, el cantante y compositor Boris Larramendi, invitado al evento procedente de España donde reside, no salía de su sorpresa ante el deleznable operativo. Larramendi fue miembro de la banda Habana Abierta y, como solista, ha ido radicalizando sus composiciones en contra del castrismo.

Durante una entrevista para el Canal 41 dejó saber lo impresionado que se sentía por la experiencia vivida y comentó la incongruencia de utilizar la música de sus amigos Kelvis Ochoa y Descemer Bueno por los organizadores del acto de acoso como un tormento de altos decibeles.

Diario de Cuba le preguntó a Ochoa, quien se encuentra de gira por Miami, sobre la singular circunstancia de que su música se reproduce para animar actos de repudio. A lo que el cantante, compositor y también ex miembro de Habana Abierta, respondió: “No sé de qué me estás hablando’’.

Miami no es solamente la otra Cuba y el lugar donde encontraron refugio las víctimas del castrismo, sino la fuente de ingresos más segura y valiosa con la que cuentan los ahora artistas “apolíticos’’ que un día le desean vida eterna a Fidel Castro y amor de todo corazón en una tribuna cederista, para luego llegar tan campantes y facturar en la estigmatizada ciudad del sur de la Florida.

Dice el cantautor Amaury Gutiérrez, tal vez el artista más talentoso y consecuente de su generación, que se ha perdido la dignidad, porque quienes detentan el poder en Cuba, desde hace más de medio siglo, no tienen el más mínimo aprecio y respeto por la cultura nacional y mucho menos por su música.

En las antípodas de este espectro nebuloso y deprimente de complicidad y silencio en la cultura cubana, se coloca Aldo, uno de los integrantes del dúo de rap Los Aldeanos, quien ha dado a conocer durante su actual estancia en los Estados Unidos tal vez la canción más agresiva de su repertorio.

En La naranja se picó se le escucha decir que no aguanta más mentiras de un “régimen autócrata, sin salida, que te dice qué tienes que decir y qué hacer con tu vida’’. Que no controlen más la emigración pues están alimentando tiburones y él no se doblegará a la “Cosa Nostra verde’’. “No captaste la esencia del cuento -asegura-, sigues siendo el gigante destructor, yo la puntilla mal puesta en tu asiento’’.

Que no se arrastrará por el piso y ni va a creer en “reflexiones’’ que sabe Dios quien las escribió. Según la temeraria canción, sus compatriotas “prefieren morir por el sueño americano que vivir la pesadilla cubana’’.

 

 

 

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