Opinión

HELEN AGUIRRE FERRE: El Papa y la erradicación de la pobreza

En su primera Exhortación Apostólica, “La alegría del Evangelio”, el Papa Francisco hace una señal de aprobación a la teología de la liberación, un movimiento político en la Iglesia Católica que es una combinación de filosofía política marxista mezclada con la teología de la salvación de la injusticia y la desigualdad que se remedia con programas gubernamentales para redistribuir la riqueza.

En “La alegría del Evangelio”, Francisco ofrece una visión crítica del capitalismo sin freno y la incapacidad de “la mano invisible del mercado” para indicarnos la dirección de una mayor justicia social. Sin la redistribución de la riqueza y los mercados regulados, sostiene, millones seguirán marginados, encadenados a una vida de pobreza y desigualdad. La respuesta, sugiere el Pontífice, es que los gobiernos, encargados “del bienestar común de la humanidad”, debe tomar las medidas necesarias para redistribuir la riqueza de las naciones y poner fin a la exclusión de los pobres de la bonanza que disfrutan los privilegiados.

Aunque el Pontífice hace sus críticas y observaciones en términos generales, muchos católicos en Estados Unidos se preocupan, y con razón, ya que somos el país capitalista democrático más grande y más exitoso del mundo. Curiosamente, el Papa Francisco critica la gula del capitalismo en su forma extrema pero no menciona los abusos de otras ideologías como el socialismo, que a menudo usa la intimidación y la violencia, aun contra la Iglesia, con fines de control político. Desafortunadamente, el Papa Francisco podría estar marginando al país que ha usado más recursos para ayudar a los pobres que ningún otro.

La penuria de los pobres siempre ha sido una gran preocupación social y política. Lyndon B. Johnson declaró la Guerra contra la Pobreza en 1965 y desde entonces hemos visto un aumento de la pobreza y también de los gastos del gobierno. Se han gastado más de $16 billones combatiendo la pobreza mediante programas de ayuda alimentaria, el Medicaid, el Medicare y el Seguro Social, entre otros. Estas son redes de seguridad importantes pero temporales, pero algunos estudios indican que algunas políticas y programas en realidad pueden ser dañinos al crear un clima de dependencia que impide que los pobres entren en la economía general.

La visión papal de que el gobierno es el único vehículo adecuado para ayudar a los pobres sugiere que el gobierno funciona con eficiencia y rinde cuentas a Dios. Pero no aquí: creemos que el gobierno rinde cuentas al pueblo al que sirve. La palabra servicio es importante; el servicio comunitario, dar y compartir son valores que nos inculca nuestra ética protestante, que también valora el trabajo duro y la iniciativa individual. La promesa de igualdad de oportunidades en vez de igualdad de resultados es lo que nos impulsa a alcanzar logros individuales extraordinarios.

Los avances tecnológicos más impresionantes de los últimos años que dieron lugar al auge de Silicon Valley fueron obra de jóvenes e inteligentes estudiantes que querían intentar algo distinto. Hoy uno de ellos, Bill Gates, de Microsoft, dirige la Fundación Bill and Melinda Gates, dedicada a eliminar la pobreza extrema en todo el mundo y a mejorar la atención médica y la educación con una dotación de más de $38,000 millones. Es un testimonio de la generosidad del espíritu humano individual, posibilitada por la unión de la democracia y el capitalismo.

No hace falta el gobierno para que la fundación Gates se desprenda de su enorme riqueza. Muchos de nuestros exitosos programas sociales, incluidos los de Caridades Católicas, surgen de la generosidad de los ricos, que siguen dando sus contribuciones altruistas. La catedral de

San Patricio, en Nueva York, por ejemplo, pronto recibirá una donación privada muy generosa de más de $180 millones para su restauración.

Por supuesto, el Papa Francisco tiene razón al defender a los pobres y a los más vulnerables. Las causas de la pobreza son complejas; luchar contra esas causas también lo es. Demasiadas personas con conocimientos limitados que trabajan en empleos de bajos salarios y demasiadas madres solteras al frente del hogar son dos factores que generan pobreza. El gobierno ha gastado billones para erradicar la pobreza, pero esta sigue creciendo. La dependencia en el gobierno no ha resuelto el problema y destruir nuestro sistema de libre empresa solo lo empeorará. Si se matan los incentivos para crear y prosperar, uno tendrá menos para dar a cambio.

Fue decepcionante ver al Papa Francisco resucitar un movimiento fracasado como la teología de la liberación, especialmente para los que hemos visto el daño del marxismo en las iglesias y las escuelas católicas de América Latina. Aunque admiro enormemente su trabajo por los pobres, discrepo respetuosamente con el Papa Francisco y su posición hacia la redistribución gubernamental de la riqueza. Todavía no se ha probado que elimina la pobreza; por el contrario, la aumenta.

Columnista y presentadora de un programa radial de análisis político en Univision Network News.

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