Opinión

HELEN AGUIRRE FERRE: Las ventajas del NAFTA

Ross Perot creía que si el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) se implementaba, oiríamos “el ruido de una succión gigantesca” causada por los trabajos que se irían al sur de la frontera. A pesar de todos sus éxitos, el NAFTA sigue siendo controversial cuando en realidad nos preparó para los desafíos de la globalización, que hoy son muy reales.

El concepto empezó en Canadá, lo que tiene sentido si se considera el tamaño relativamente pequeño de su industriosa población. Al eliminar los aranceles de los vehículos y las piezas en 1965, Canadá inició la creación de una nueva cadena de suministro de la manufactura que con el tiempo condujo al Tratado de Libre Comercio EEUU-Canadá. Dos años después, el presidente George H.W. Bush estaba trabajando en una alianza similar con México y Canadá pidió que la incluyeran.

Aunque este acuerdo comercial trilateral tiene mucho sentido en el mundo de hoy, en aquel entonces se consideró una concesión del gobierno federal a intereses empresariales buscando mano de obra barata en el extranjero. Los sindicatos en particular se sintieron perjudicados por la posibilidad de una competencia real y se opusieron firmemente a la aprobación del NAFTA.

A pesar de que Bush perdió la reelección, el NAFTA encontró un nuevo campeón en el presidente Bill Clinton, que entendió que al ampliar las oportunidades comerciales con reglas comunes acordadas, la calidad de vida mejoraría en los tres países, pero la ley se estancó en el Congreso. Muchos legisladores que representaban distritos fabriles o agrícolas estaban renuentes a aprobar la ley. La Florida en particular puso grandes obstáculos, especialmente de parte de intereses ambientales y agrícolas, pero no se rechazó el clientelismo político, sino que se consideró un mecanismo necesario para hacer el trabajo.

Cuando los negocios agrícolas de la Florida se preocuparon de perder la “guerra del tomate” contra México, el gobierno de Clinton prometió protegerlos en las negociaciones del GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles) para asegurar mejores términos. Los ambientalistas estaban disgustados porque a los agricultores de la Florida se les iba a permitir el uso continuo de un nocivo producto químico para fumigar, el bromuro de metilo, que daña la capa de ozono. Se fue eliminando gradualmente en un período de diez años, dando tiempo a los agricultores a ajustarse y a los ambientalistas una merecida victoria. Los intereses azucareros estaban alarmados con el pacto comercial, pero la preservación de los subsidios gubernamentales a su favor compensó con creces el posible daño que podrían haber causado los bajos costos laborales de México. En México, el NAFTA también fue controversial.

El gobierno mexicano protegió durante décadas a la mimada comunidad empresarial del país contra la competencia abierta y justa. Aunque podían pagar mejor a sus trabajadores, estaban muy cómodos con sus ganancias. Los sindicatos temían que las corporaciones estadounidenses minaran su poder político. La idea de una economía regional donde cada país perfeccionara lo que mejor producía de una manera complementaria dio lugar al enriquecimiento de los socios comerciales. Un estudio del economista de Yale Lorenzo Caliendo y del economista de la Reserva Federal Fernando Parro halló que desde la implementación del NAFTA, los salarios subieron en los tres países mientras el comercio se triplicó. Para México en particular la mejora ha sido notable.

Según el Banco Mundial, la clase media creció en México el 17% en la primera década del siglo XXI. También es significativa la reducción de la tasa de natalidad, que tiene un efecto directo en el crecimiento de la pobreza. Además, un mayor acceso a la educación superior y mejores trabajos hacen que la juventud no emigre. La gran oleada migratoria de México a Estados Unidos prácticamente se ha detenido desde el 2007, según Pew Hispanic Studies. Sí, la economía en Estados Unidos ha estado mal desde la gran recesión, pero también a México le va mejor y el NAFTA ha tenido un papel fundamental.

Estados Unidos también se ha beneficiado del NAFTA. Sí, ha habido un incremento de las importaciones frente a las exportaciones, pero esa no es la única manera de medir el éxito de una política comercial. Más de dos millones de empleos se crearon cada año entre el 2004 y el 2010 y los productos de México y Canadá ahora contienen un valor agregado de Estados Unidos. Sí, algunos trabajadores estadounidenses afrontaron la pérdida del empleo, lo que nunca es deseable ni fácil para las familias afectadas. Pero los beneficios son considerables. Sin embargo, queda más trabajo por hacer. La seguridad fronteriza, los acuerdos de inmigración y un rápido procesamiento aduanal protegerán mejor a los tres países de un aumento de la competencia extranjera.

Perot se equivocó con el NAFTA: se han creado más empleos de los que se perdieron. Es una herramienta importante para la política económica y exterior alentar la riqueza y los valores compartidos con buenos vecinos y socios.

Columnista y presentadora de un programa radial de análisis político en Univision Network News.

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