Opinión

Un hasta luego

MCT

Queridos lectores, esta será mi última columna semanal, razones de fuerza mayor me obligan. No es un adiós: ocasionalmente, enviaré otras, así que me despido solo por el momento, sintiéndome bien y con una reflexión acerca del éxito. Está al alcance de todos, sanos, enfermos, minusválidos y superdotados, ricos y pobres, lograrlo es igualmente fácil y difícil para todos.

Muchos buscan su éxito en el poder, las posesiones y el placer que persiguen de manera implacable, con énfasis en poder porque dicen que con este se consigue lo demás.

En el más ‘antiguo’ de los placeres, el sexual, el éxito masculino está en la mujer o mujeres que lo satisfagan. El de la mujer suele estar en el hombre u hombres que atraigan. El detalle de su ‘éxito’ físico y sexual, ha cambiado a través de la historia.

“La Venus de Willendorf”, una estatuilla de hace unos 28,000 años, muestra una mujer muy voluminosa, de grandes senos, curiosamente sin rostro. Quizás muestre la despersonalización del objeto sexual. También llamada Venus de Piedra, ese fue el ideal femenino de su época. De abdomen, vulva y nalgas extremadamente grandes, muestra que la gordura era signo de salud y calidad sexual.

El hombre exitoso de la época fue ligero, esbelto y fuerte para cazar. Se le valoraba por su calidad de proveedor.

¿Han cambiado estos detalles del éxito? 30 mil años después la mujer sigue siendo apreciada en gran parte por su valor sexual, el hombre por ser proveedor, su valor económico. La plata en el hombre, la atracción sexual en la mujer, eran detalles del éxito primitivo… que sigue iguales en el éxito ‘moderno’.

Los griegos mostraron otro detalle, otro ángulo del éxito, el cálculo, y no fue matemático. Está en la frase ‘Ho Hippoi Ángelon’, el caballo del general en griego clásico. De Hippoi viene hípica, de Ángelon el ángulo… de ataque o defensa… y significaba ‘general’.

Generalmente (angulosamente) se prefería la altura con una cuesta de 45 grados hacia el enemigo abajo. El Ángelon era Estrategos, calculaba la estrategia, el ángulo correcto. Ese detalle, el ser ‘calculador’, lleva a ‘ese’ éxito pero suele tener connotaciones negativas. Puedo decir que no lo soy.

Juan Bautista dos mil años atrás muestra otro detalle del éxito, el de la persona desprovista, ascética, la que se retira del mundo. Hubo quienes se montaron sobre columnas donde comían, dormían y morían, se les llamó ‘estilitas’ por la estela o columna sobre la que vivían. El cristianismo de aquel entonces era poco más que una fe de pocos ritos, muy convencida de los peligros de la carne. Uno de esos estilitas, Simeón, pasó 37 años sobre su columna y allí murió, así fue su éxito.

El ideal de la educación clásica en Grecia, el Areté o equilibrio, se encuentra en el balance, la armonía interna, ese es su detalle, y no rechaza ni necesita nada. Así continúa hoy.

En el equilibrio o armonía se halla una de las manifestaciones, de los significados de la igualdad humana. Es el más igualitario de los detalles del éxito, tan al alcance de desvalidos, pobres y desafortunados como de superdotados, sanos y ricos. Se encuentra en la unión del espíritu, sentimiento y pensamiento cuando se dice lo que se siente y siente lo que se dice.

El equilibrio del discapacitado, como el de todos, no requiere de columnas, cálculo, dinero, atracción sexual o poder, y pide solo aceptación de sí mismo en armonía interior. Es el éxito mayor, igualmente fácil y difícil para todos. Empieza con aceptación, el inicio de lo que llamamos serenidad. Pueden tenerla hasta los autistas y enajenados, aunque en ellos sea difícil de ver. Puede haber serenidad en cualquier circunstancia, en dolor como placer, urgencia o monotonía. En la serenidad florece el espíritu, esa es su atmósfera.

Finalizo con Ralph Waldo Emerson, el poeta. Para él el éxito está en…

“…apreciar la belleza de la naturaleza y lo que nos rodea, buscar y fomentar lo mejor en los demás, en darnos como regalo sin pedir nada a cambio porque dando es que recibimos… Está en amar y ser amado, en saber que alguien será un poco más feliz porque hemos vivido, ese es el éxito”.

Un hasta luego, queridos lectores, volveré como las golondrinas de Becker, periódicamente.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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