Opinión

HELEN AGUIRRE FERRE: EEUU no puede absorber el caos

Palos porque bogas, palos porque no bogas. Esa es la realidad que miles de centroamericanos enfrentan cuando tienen que decidir si vivir a la sombra de la violencia, la anarquía y la pobreza es peor que pagar a un “coyote” corrupto para que entre de contrabando a sus hijos en Estados Unidos. En estos países, los niños y los jóvenes son inherentemente vulnerables a la violencia.

En algunas áreas de El Salvador, por ejemplo, las niñas son “tomadas” por miembros de pandillas y sindicatos criminales para ser violadas y luego metidas en bolsas plásticas. Los niños son coaccionados a entrar en pandillas dedicadas a crímenes violentos; resistirse a ser miembro de ellas resulta en ataques violentos a sus familiares, incluyendo sus padres. Honduras tiene la tasa de asesinatos más alta del mundo, que afecta tanto a adultos como a niños. Estos son algunos de los resultados clave de un estudio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR) que es alarmante y desgarrador, pero que no explica por completo el por qué Estados Unidos está viendo un drástico aumento en el flujo de menores no acompañados entrando por el Río Grande en los últimos meses.

Allí continúa la historia subyacente de la abyecta pobreza en Centroamérica que impele a las familias a enviar muchachos y muchachas, niños y niñas, a EEUU. El objetivo es hacer dinero aquí y enviar dólares estadounidenses a su país. Sus familias cuentan con eso; sus gobiernos locales también. El presidente Obama haría bien en pedir que los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) se ganen su estancia diplomática en Washington por medio de trabajar realmente para ello. La raíz del problema está en el umbral de muchos de sus países miembros.

Esta es una crisis humana hemisférica por la cual EEUU debería presionar a la OEA para que la haga una de sus principales prioridades. El aumento del narcotráfico, la violencia de pandillas, el tráfico humano, la violencia contra las mujeres, el contrabando de armas, todos son problemas compartidos que están emigrando a nuestro país junto a aquellos que tratan de escapar a ellos. Si estos gobiernos son incapaces de lidiar individualmente con los elementos criminales en sus propios países, algunos de los cuales proceden de las FARC en Colombia que se cuelan en EEUU para traficar en drogas, armas, mujeres y niños, deberían entonces dejar a un lado sus diferencias en otros temas y colaborar a través de la OEA. La OEA no hará esto de ninguna manera a menos que EEUU los presione para que lo hagan.

Trabajar a través de la burocracia de la OEA es una solución a largo plazo. La solución a corto plazo exige que la Casa Blanca y el Congreso echen a un lado sus diferencias antes de que el presidente juegue otra ronda de golf y el Congreso se vaya a sus vacaciones de agosto, perdón, a su período de trabajo en los distritos y los estados. El presidente Obama malgastó una oportunidad de demostrar su capacidad de mando visitando la frontera y a sus ciudadanos para ver y escuchar por sí mismo lo disruptiva y descorazonadora que se ha vuelto la situación. Los votantes de Texas, California y Arizona tienen razón en sentirse abandonados por el gobierno federal al verse obligados a arreglárselas por sí mismos para proteger la integridad de las fronteras estatales y nacionales. Es una crisis que se ha ido gestando por más años; desdichadamente, era políticamente incorrecto reportarla, y, evidentemente, ocuparse de ella. Las fronteras ya estaban aseguradas, ¿verdad? No.

Ellos lo han escuchado antes, pero al parecer Washington tiene que oírlo muchas veces antes de tomar medidas. La Casa Blanca tiene que hacer cumplir las leyes de inmigración existentes, y el Congreso tiene que redactar leyes que refuercen la frontera. Ellos no tienen que llamarlo reforma de inmigración si les causa demasiado dolor de estómago; que lo llamen lo que les venga en gana, pero tienen que hacerlo de una vez.

Las historias y las caras de los niños y las mujeres son desgarradoras, pero venir ilegalmente a Estados Unidos no resolverá los problemas de sus familias. Nuestro país no puede absorber el caos. A medida que los indocumentados sean esparcidos por todo el país para ser procesados, como se le llama, los ciudadanos estadounidenses –incluyendo aquellos de origen latinoamericano– van a perder la paciencia. La temporada de las primarias vio algunos titulares perder su puesto sorpresivamente. Según los votantes empiecen a ver más y más inmigrantes ilegales en estados como Michigan y Ohio que no están tan acostumbrados a las olas migratorias como lo estamos en el Sur, tal vez veamos más titulares perder sus puestos en las elecciones generales. Ese es un aspecto de la historia que podría no ser tan descorazonador.

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