Opinión

VICENTE ECHERRI: Gaza: operación de cirugía mayor

En el momento de escribir esta columna, la tregua de 72 horas entre israelíes y los palestinos de Hamas, auspiciada por EEUU y la ONU y aceptada por ambas partes el jueves por razones humanitarias, fracasaba apenas dos horas después de iniciarse: un grupo de militantes atacaba a una partida del Ejército israelí, a la que le causaban dos bajas mortales y le secuestraban, al parecer, un oficial. Las hostilidades se reanudaron de inmediato. Es de esperar que, a estas alturas, los promotores de la paz hayan empezado a darse cuenta de que esta agrupación de extremistas musulmanes no tiene auténtico deseo de llegar a un arreglo, sino más bien de propiciar una matanza de su propio pueblo que pueda convencer a la opinión pública internacional de las intenciones genocidas de los israelíes. Están decididos a “exagerar las contradicciones” con tal de conseguir la derrota moral de sus enemigos. Para ese triste proyecto cuentan con la prensa.

Israel no tiene más remedio que caer en esta trampa que le coloca en el papel del “malo”. Dejar sin respuestas las agresiones de Hamas sería un suicidio político para cualquier gobierno israelí, amén de una falta de responsabilidad para con su pueblo; y la respuesta, para que sea en verdad eficaz y evite una larga guerra de desgaste, tiene que ser necesariamente asimétrica, apoyada en la superioridad militar del Estado judío. Para hacer más dramática la situación, los militantes de Hamas y otras organizaciones extremistas no tienen escrúpulos de almacenar sus armas en instalaciones civiles ni de disparar sus cohetes desde sitios densamente poblados con el deliberado propósito de que Israel cause el mayor número de bajas entre no combatientes cuando riposte la agresión.

Los portavoces de Hamas no cesan de quejarse del bloqueo impuesto a sus fronteras por Israel y Egipto; pero ese bloqueo tiene que ser muy laxo, puesto que les ha permitido armarse con miles de misiles de corto alcance y fabricar una impresionante red de túneles destinados a ingresar en Israel con fines hostiles. ¿Cómo conciliar esta infraestructura terrorista con la carencia de materiales para viviendas que padecen los palestinos en Gaza? ¿Cómo admitir como sincera la solidaridad de estos fanáticos dirigentes hacia los sufrimientos de su pueblo cuando no cesan de provocarlos por mezquinos objetivos políticos?

Sin embargo, esta chusma barbada e intoxicada de odio cuenta con el apoyo indirecto de la prensa que informa tendenciosamente las calamidades que tienen lugar en Gaza, lo cual sirve para que individuos, instituciones y gobiernos se sientan con derecho de exigirle a Israel que suspenda esta labor de saneamiento en la que inevitablemente sufren y mueren inocentes. Algunos periodistas de medios de información tan serios como la BBC reportan el conflicto como si fuesen portavoces de Hamas y no con la objetividad que se podría esperar de gente de su oficio. Los extremistas palestinos cuentan con este apoyo y con las trágicas imágenes que llegan a los hogares del mundo occidental para chantajear emocionalmente a las democracias que odian. Son ciertamente una peligrosa ralea que no merecería otra cosa que la aniquilación.

El derecho de los palestinos a existir como un Estado independiente no se discute en este momento: todos los que intervienen, activa y pasivamente, en este conflicto hace mucho que aceptan ese derecho, y el respaldo de la opinión mundial es unánime. Si alguna vez Israel soñó con adueñarse de todos sus territorios históricos, hace tiempo que descartó esa aspiración: la coexistencia de israelíes y palestinos en dos estados limítrofes es prácticamente axiomática.

Pero esa coexistencia, que exige, a que dudarlo, flexibilidad de parte de Israel, exige aún más una actitud de cooperación, de buena voluntad y hasta de aprendizaje de parte de los palestinos y, sobre todo, una profunda conversión al ideal democrático, que no consiste tan sólo en la acción de depositar el voto en una urna, sino en la sincera adopción de los modos de convivir civilizadamente, tal como supieron hacer los japoneses con ejemplar sabiduría en respuesta a una humillante derrota.

En pro de la paz y de la inevitable coexistencia de mañana entre israelíes y palestinos, la actual operación en Gaza debe juzgarse como una cirugía –costosa y dolorosa, ciertamente, pero necesaria para la salud de ambos pueblos. Cirugía que debe procurar y lograr la extirpación de agrupaciones extremistas como Hamas y que no debe conformarse con menos.

© Echerri 2014

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