Opinión

PAUL KRUGMAN: El milagro de Medicare

Entonces, ¿qué piensan de esos números sobre Medicare? ¿Cómo, no se han enterado? Bueno, no han sido noticia de primera plana. Sin embargo, algo asombroso ha estado pasando en el frente del gasto en salud, y debería (aunque es probable que no lo haga) transformar gran parte de nuestro debate político.

La historia hasta ahora: todos hemos visto proyecciones de los gigantescos déficits federales para las próximas décadas, y existe todo un sector dedicado a emitir advertencias funestas sobre el presupuesto y exigir recortes en Seguridad Social, Medicare y Medicaid. No obstante, los especialistas en política han sabido desde hace mucho que no existe tal programa y que la atención de la salud, en lugar del retiro, impulsaban esas proyecciones aterradoras. ¿Por qué? Porque, históricamente, el gasto en salud ha crecido con mayor rapidez que el PIB, y se suponía que continuaría esta tendencia.

Sin embargo, pasó algo chistoso: el gasto en salud se desaceleró pronunciadamente, y ya está muy por debajo de las proyecciones que se hicieron apenas hace unos cuantos años. El declive ha sido especialmente pronunciado en Medicare, el cual gasta $1,000 menos por persona de lo que había proyectado la Oficina de Presupuesto del Congreso hace apenas cuatro años.

Se trata de algo realmente grande en al menos tres formas.

Primera, se pospuso, quizá en forma indefinida, nuestra supuesta crisis fiscal. El gobierno federal sigue teniendo déficits, pero están muy por debajo. Cierto, sigue siendo factible que la tinta roja vuelva a aumentar en unos años, aunque solo sea porque se van a retirar más personas de la generación de la posguerra y van a empezar a cobrar los beneficios; pero, hoy día, las proyecciones de la deuda federal, en tanto porcentaje del PIB, muestran que sube poco a poco en lugar de rápidamente. Es probable que, al final, haya que aumentar los ingresos, pero la brecha fiscal a largo plazo ahora parece mucho más manejable de lo que habrían pensado los regañones del déficit.

Segunda, la desaceleración en el Medicare ayuda a refutar una explicación común de la desaceleración en los costos de salud: que es, principalmente, producto de una economía deprimida, y que el gasto volverá a aumentar una vez que se haya recuperado. Eso podría explicar el bajo gasto privado, pero Medicare es un programa gubernamental, y no debería verse afectado por la recesión. En otras palabras, las buenas noticas sobre los costos de la salud son de verdad.

Sin embargo, ¿qué da cuenta de estas buenas noticias? La tercera gran implicación del milagro en el costo de Medicare es que está equivocado todo lo que han estado diciendo los sospechosos habituales sobre la responsabilidad fiscal.

Durante años, los expertos han acusado al presidente Barack Obama de no haber opuesto resistencia al gasto en protección social. Estas acusaciones siempre implicaban un pensamiento mágico sobre la política que presuponía que Obama podía, de alguna forma, hacer que los republicanos negociaran de buena fe, si tan solo realmente quisiera hacerlo. Sin embargo, también descartaban, implícitamente, por inútiles a todas las medidas para el control de costos incluidas en la Ley sobre cuidado asequible de la salud. Pareciera que en la élite política de Washington no se considera real el control de costos a menos que implique recortar los beneficios. Un experto fue tan lejos como para decir que, después de que el gobierno de Obama rechazó las propuestas para aumentar la edad mínima para tener derecho a Medicare, “se ha engañado a Estados Unidos”.

Resulta, no obstante, que incrementar la edad para el Medicare apenas si ahorraría algo de dinero. Entre tanto, se está gastando mucho menos de lo esperado, y esas medidas del Obamacare para ahorrar en costos son por lo menos parte de la historia. La creencia popular sobre lo que es grave y lo que no lo es está totalmente equivocada. En tanto que estamos con el tema de los costos de la salud, hay otras dos historias que deberían saber.

Una implica los supuestos ahorros al operar el Medicare por medio de aseguradoras con fines de lucro. Así es como funciona la prestación de los medicamentos y a los conservadores les encanta señalar que ha terminado por costar mucho menos de lo proyectado, lo cual, dicen, demuestra que la privatización es la forma de hacer las cosas. Sin embargo, la Oficina del Presupuesto tiene un informe nuevo sobre este problema, y encuentra que la privatización no tuvo nada que ver con ello. Más bien, Medicare Parte D cuesta menos de lo esperado, en parte, porque hubo menos inscripciones y, en parte, por la falta de fármacos nuevos de grandes ventas que han llevado a una desaceleración general en el gasto farmacéutico.

El otro implica “el ataque por el costo elevado” que los oponentes a la reforma sanitaria han estado pronosticando desde hace años. Boletín: todavía no pasa.

En conjunto, es probable que las primas de los seguros médicos solo aumenten modestamente el año entrante y van camino a estabilizarse o, incluso, bajar en varios estados, incluidos Connecticut y Arkansas.

¿Cuál es la moraleja? Durante años, los expertos y políticos han insistido en que la atención de la salud garantizada es un sueño imposible, aun cuando todos los demás países avanzados cuentan con ella. Se suponía que cubrir a los no asegurados era prohibitivo; se suponía que Medicare, como lo conocemos, era insostenible. Sin embargo, resulta que se puede lograr mucho con medidas progresivas para mejorar los incentivos y reducir los costos, y cubrir a los no asegurados no es nada difícil.

Cuando se trata de asegurar que los estadounidenses tengan acceso a la atención de la salud, el mensaje de los datos es simple: sí, se puede.

The New York Times News Service

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