Opinión

NICOLAS PEREZ: De nuevo Brasil y Marina Silva

En esta sección de Opiniones del miércoles pasado, opiné osadamente sobre la posibilidad de una victoria de la casi desconocida Marina Silva sobre Dilma Roussff en las elecciones del próximo 5 de octubre en Brasil. Hoy los principales periódicos del mundo especulan que podría ganarlas ampliamente.

¿Qué pasa en Brasil?

Marina, que era la vicepresidente del Partido Socialista Brasileño, pasó a ocupar la candidatura a la presidencia cuando murió en un fatal accidente de aviación el titular Eduardo Campos.

Ha habido pocos cambios dramáticos en América Latina. A pesar de los errores inevitables de Washington todo ha sido pecata minuta salvo la revolución cubana, sus guerrillas y Hugo Chávez, porque este país ha estado todo el tiempo con las manos sobre el control de la nave latinoamericana.

Dirigir la potencia líder del mundo no es fácil. Hoy todos se asombran, chillan, se rasgan las vestiduras cuando Barak Obama declarara que no tiene una política concreta sobre Siria. ¿La tuvieron Dwight D. Eisenhower, John F. Kennedy e incluso Lyndon B. Johnson sobre Cuba cuando permitieron, sin una política concreta, que un aliado a 90 millas de sus costas, bajo su zona de influencia saltara a los brazos de la Unión Soviética en medio de la Guerra Fría?

El despegue de Marina Silva puede tener dramáticas consecuencias para Washington si la ecologista pierde la brújula. Solo México y Brasil pueden desequilibrar a Washington si inclinan su balanza de política exterior, y Marina es un signo de interrogación, su honestidad solo puede compararse con su terquedad e ideas fijas.

El daño más efectivo que le ha hecho Castro a este continente es enseñarles a todos que el poder es delicioso, y es posible gobernar por la fuerza y la represión, o por la mentira y la calumnia, per saecula saeculorum.

En política internacional hay algo que no podemos ignorar, algo que aunque triste es real. El mundo está repartido en esferas de influencia. Nos indignamos por la invasión de la Unión Soviética a Crimea y por sus constantes ataques a la soberanía de Ucrania; eso es algo que se llama imperialismo, que para hablar más claro que el agua es una fea palabra, pero Rusia no está haciendo otra cosa que defender una zona de su influencia, aunque por otra parte es muy cierto que si no se detiene a Nicolás Putin —lo sugerí en una columna anterior con una metáfora política— el Kremlin vuelve a levantar el Muro de Berlín.

Pero volvamos a Brasil; el daño más grave daño que le ha hecho Cuba a América Latina no es ofrecer una ideología que no va a ninguna parte, sino enseñarle a mantenerse en el poder a dictaduras marxistas o “democraticas” contra viento y marea, por la seducción del poder mismo, como es el caso de Nicaragua, Venezuela, Bolivia, y en menor medida en Ecuador.

A la América Inmortal salvo con la excepción de Costa Rica, los países latinoamericanos se han debatido entre la libertad y el miedo de que hablaba Gemán Arciniegas, y cuando un partido llega al poder hay que bajarlo a palos, como en el caso del PRI en México, que gobernó el país durante 71 años.

Nuestra cultura no soporta la improvisación y ahora está ocurriendo en Brasil; una Marina Silva está barriendo todos los moldes programados y a una Dilma y un Lula da Silva, que son los equivalentes brasileños casi de los Castro en Cuba no se lo van a permitir ni a palos. En el Partido de de los Trabajadores piensan que son los dueños de los caballitos, y convencidos de ello, creyéndose intocables, comenzaron hace años una danza de sobornos, chantajes, prebendas y robos que no solo han provocado la repulsa del pueblo sino de una parte importante del empresariado y ahí está la ecologista llevándose el gato al agua.

¿Pero el PT se la va a poner fácil? Ni pensarlo. Ahora va a comenzar una campaña de mentiras y patrañas contra la candidata del Partido Socialista sin precedentes. Ya rompió el fuego la alusión de que Marina tuvo algo que ver con el alquiler del avión en que murió Eduardo Campos, algo que no tiene nada que ver ni remotamente con la realidad. Por lo que a buscar un cómodo butacón para ver los toros desde las barreras. Les pronostico uno de los montajes de difamación más brutales en la historia de América Latina. Porque el poder en un país como Brasil no se entrega sin que corran lágrimas de dolor o rabia.

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