Opinión

ROSA TOWNSEND: Obama y sus fantasmas ante el genocidio

Si Obama y la OTAN –que este jueves se reúnen en Gran Bretaña– no actúan ante las decapitaciones y crucifixiones de niños, mujeres y hombres a manos de terroristas, ¿ante qué salvajismo humano van a actuar?

Los (supuestos) líderes occidentales, encabezados por el presidente de Estados Unidos, deben decidir si salvan la Civilización o permiten que los verdugos islamistas sigan avanzando hasta imponer un califato mundial de terror. No son tiempos para cortesías diplomáticas, vacilaciones políticas ni cobardía. El enemigo es veloz y no conoce límites en su orgía de sangre, sometimiento y exterminio.

Ni son tiempos para anunciarle al mundo, tal y como hizo Barack Obama la semana pasada, que “no tiene una estrategia” para confrontar a ISIS, el grupo terrorista más brutal de la historia. Malo es que no la tenga –tras dos años de atrocidades de ISIS–, pero mucho peor que lo confiese, proyectando (una vez más) una imagen de debilidad que envalentona a los terroristas, asusta a los aliados y fortalece a los adversarios (Putin salió después advirtiendo que posee “un gran arsenal nuclear”).

Con ese lastre de credibilidad participa hoy nuestro presidente en la crucial cumbre de la OTAN en Cardiff, capital de Gales. Sería deseable que aprovechara la oportunidad para demostrar liderazgo, después de seis años en que su repliegue de la escena internacional ha revertido la doctrina de Pax Americana que todos sus antecesores mantuvieron desde la Segunda Guerra Mundial.

El vacío global creado por la retirada de EEUU lo están llenando grupos terroristas, peligrosos autócratas como Putin o el desgobierno y la anarquía generalizados (Libia es el último ejemplo). El mundo que Obama pensó que se iba a rendir ante sus terapéuticos discursos (como el de El Cairo solidarizándose con el Islam) se le ha volteado. Los fantasmas de guerra de los que ha huido desde su llegada a la Casa Blanca parecen haberle atrapado. Y hasta líderes del Partido Demócrata critican su irresolución: “Tiene demasiada cautela”, afirma la influyente senadora demócrata que dirige el Comité de Inteligencia, Dianne Feinstein.

La cautela es una buena medicina política, pero según la dosis. Cuando se convierte en pasividad o parálisis es un veneno mortal. En este caso un veneno que ha alimentado el cáncer del terrorismo islamista creando una metástasis global difícil de extirpar. Ahora es una tarea tan gigante como urgente, que requiere todos los recursos disponibles, cooperación internacional y, ante todo, una estrategia que determine si el objetivo es “detener o aniquilar” al enemigo. Los bombardeos selectivos del último mes en Irak son loables, pero su eficacia es en sí limitada. Además, el núcleo del mal está en Siria, que es donde se incubó ISIS.

A estas alturas el “negacionismo” no es una opción para Obama. Me refiero a negar la evidencia de que para erradicar la ideología islamista armada va a ser necesaria una larga campaña militar. A nadie nos gusta esa realidad, pero la alternativa de dominio islamista a golpe de cuchillo es mucho más pavorosa.

No nos engañemos, las amenazas terroristas de atacar en suelo europeo y americano van en serio, como ha reconocido el primer ministro británico David Cameron, el único que ha hablado sin tapujos sobre el “monstruo ideológico” que enfrentamos y ha propuesto medidas concretas para combatirlo en su país: quitando pasaportes, ciudadanías, prohibiendo el proselitismo musulmán de odio, etc. Y a nivel internacional, dijo, “ciertamente usaremos nuestros recursos militares”.

Obama debe también hablar sin tapujos a la nación y tomar medidas de protección doméstica. Por ejemplo puede empezar admitiendo que el grupo terrorista ISIS no ha surgido de repente, existe desde 2011 y que se ha fortalecido gracias a haberlo ignorado e incluso calificarlo de “equipo de aficionados”, como hizo el señor Obama en enero. Y ahora dice estar sorprendido de la velocidad con que están arrasando. ¿ Really?

Pues hace año y medio que los servicios de inteligencia le presentaron cerca de 200 objetivos en Siria donde, según fuentes del Pentágono, “fácilmente” hubieran podido ser aniquilados. El presidente no hizo nada. Tampoco intervino para detener la carnicería de Assad contra su pueblo. Y a la única fuerza moderada que podía haber contrarrestado a ambos males no la ayudó, al Ejército Libre Sirio. Así se ha ido gestando el actual genocidio.

Y tampoco nos engañemos diciendo que no le corresponde a Washington liderar la batalla contra el terrorismo. ¿Quién si no? Es parte del job description de ser la primera potencia. Lo que hace falta es que “el jefe” sepa formar un equipo para realizar la tarea, y eso requiere dar ejemplo de firmeza y resolución para que los demás le sigan.

La cumbre de la OTAN es el escenario apropiado para que Obama intente formar una coalición, que pueda después ampliarse con aliados de Oriente Medio. Actuar ante el genocidio es una obligación moral y le corresponde a Obama tomar la iniciativa.

Así es que es hora de zafarse las cadenas de lo políticamente correcto y de las actitudes pusilánimes, porque nos va la cabeza en ello. Literalmente.

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