Opinión

ANOLAN PONCE: Esperanza inútil

La campaña para alentar las inversiones en Cuba es constante y variada. Artículos en revistas y periódicos, afiches, encuestas y ahora de último, el viaje de unas empresarias cubanas para contar sus logros y la sorprendente facilidad con que crearon sus microempresas sin obstáculos por parte del régimen. El catálogo de su creatividad impresiona: jabones de lujo, gimnasios, paladares del buen comer y pizzerías que esperan extender mas allá de las fronteras cubanas. Todo un utópico discurso que forma parte de una campaña de publicidad diseñada para convencernos de que las reformas instituidas por Raúl Castro están funcionando, y vendernos el gastado paliativo comunista: la esperanza de un futuro mejor.

Esperanza inútil, porque una foto vale mas que mil palabras. Y todo este montaje se desmorona con la foto que publicó El Nuevo Herald de la dilapidada Calzada de Jesús del Monte en La Habana rebautizada ahora como Calzada de Diez de Octubre. La foto de la otrora hermosa calzada, la mas extensa de La Habana y ahora prácticamente en ruinas, despintada, sucia y maloliente por tramos; con portales apuntalados, escombros por doquier, solares yermos y locales cerrados, niega cualquier pretensión de mejoría para el futuro de los cubanos. Quienes durante 55 años de dictadura comunista sistemáticamente destruyeron toda la riqueza de Cuba, como gráficamente muestra esta foto, no están aptos para dirigir su reconstrucción, y mientras permanezcan en el poder, el futuro del cubano se presenta “más negro que las alas de un totí”.

Esta visión la confirma Jorge Luis García Pérez, “Antúnez”, el valiente disidente cubano, en una carta escrita recientemente en suelo patrio al dictador Raúl Castro. Así lo expresa él: “ La Resistencia cubana ni espera ni quiere reformas implementadas por la tiranía—las únicas reformas las realizará el pueblo desde su base después de su derrocamiento o abandono del poder”.

Desafortunadamente hay en el exilio partidarios de esas reformas. Son los adeptos a la solución económica, y gastan su capital promoviendo esa idea que niega a “los Antúnez” su derecho a ser libres, y da al régimen la oportunidad de reinventarse.

Es una tragedia que personas inteligentes y bien informadas se involucren en tan innoble tarea, y como en Cuba las tragedias se contaban acompañadas de música—quién no recuerda la guantanamera radial—pongamos música a esta: Esperanza Inútil, inspirada en el amante que ignora la realidad y se aferra a lo imposible—el mismo mal que aqueja a quienes proponen una solución económica. Sírvanse un Cuba Libre, “una mentirita”, y entre sorbo y sorbo escuchemos a la Sonora Matancera acompañando a Daniel Santos que pronuncia cada sílaba con voz rota por el dolor...

Esperanza inútil, flor de desconsuelo,

por qué me persigues en mi soledad

por qué no me dejas ahogar mis anhelos

En la amarga copa de la realidad

¿Cuál es la realidad? Una Cuba destruida por quienes han consumido hasta la última gota la riqueza creada desde antes de la instauración de la República y que continuara desarrollándose a través de todos los gobiernos hasta 1959. ¡Nada en el historial de esos dirigentes les amerita una segunda oportunidad! Es el pueblo cubano el que merece la oportunidad de desencadenar su laboriosidad, pero en una sociedad libre bajo un estado de derecho. Yo visité Polonia hace unos años y quedé sorprendida de lo que han logrado los polacos en unos 20 años de democracia. Varsovia es hoy una urbe efervescente, llena de luces, edificios modernos y centros comerciales a donde la gente acude feliz. Los polacos se sacudieron el comunismo. ¿Por qué negarle al cubano la oportunidad de hacer lo mismo?

Nuestro pueblo vive condenado a la mediocridad y a la supervivencia, y ello no cambiará a pesar de los cacareados logros de estas empresarias o un centenar más que nos presenten para vendernos una esperanza que sabemos es inútil, y solo sirve para ocultar la verdad. Como las fachadas recién pintadas con esmero en las áreas turísticas de La Habana, detrás de las cuales se esconde el deterioro mortal de aquella esplendorosa ciudad que un día, desde la Esquina de Tejas hasta el Entronque de La Palma, atravesó una extensa y hermosa calzada de la cual ya ni siquiera queda el nombre…

Por qué no me matas con un desengaño

por qué no me hieres con un desamor,

esperanza inútil si ves que me engaño,

por qué no te mueres, por qué no te mueres

en mi corazón

Aquí termina el bolero. Pero beban un sorbo mas de “la mentirita”, porque la tragedia aún continúa.

AnolanPonce@aol.com

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