Opinión

NICOLAS PEREZ: La puñalada trapera

Esta es una frase que no sé si es oriunda de Cuba, pero la comencé a escuchar desde que era muy niño. Se produce cuando a alguien que está muy cercano a nosotros nos clava un puñal por la espalda; la puñalada trapera es el equivalente a la traición.

Aunque trato de ser objetivo y equilibrado en mis juicios sobre política norteamericana, soy vagamente indefinible, un independiente, pero al que ciertos republicanos, sobre todo los del Tea Party, le dan escalofríos.

Cada uno va amalgamando sus ideas según las experiencias sufridas en la vida, cuna y genes, y creo ser un capitalista consumado con fuertes resabios sociales, amante de la libertad y la democracia, lo cual dice muy poco o nada en estos tiempos que corren.

Votar republicano es para mí como tomar un purgante y estoy en desacuerdo con una Ileana Ros y un Mario Diaz-Balart cuando defienden a capa y espada, por los motivos que sean, un embargo que no ha funcionado en medio siglo y a quien único ayuda es a Fidel y a Raúl Castro. (Los dos hermanos, Fidel y Raúl, defienden su sistema por motivos de sobrevivencia porque lo han perdido todo, se han equivocado en todo, en lo político, lo económico, y lo social, y lo único que guardan como un preciado tesoro en un cofre de oro y malaquita es su antiimperialismo.) Pero el tema del embargo es la única crítica que tengo contra Ileana y Mario, porque en cuanto a los problemas de los Estados Unidos y del estado de la Florida, sus desempeños son magistrales. Votaría por ellos, si votara, en cada elección. No creo en los partidismos ni en las fluctuantes ideologías que obedecen a tiempos y a espacios. Más bien trato de ser consecuente, y creo que el mayor defecto que puede tener un ser humano, sobre todo un político, es el exceso de ambición.

En uno de mis pasados artículos en esta misma columna hablé de la falta de consecuencia de Charlie Crist, su cambio de partido de republicano a demócrata; los electores, no yo, lo han percibido como un acto de oportunismo y va cuesta abajo en las encuestas, y todo indica que tendremos que sufrir otros cuatro años más de Rick Scott.

Simpatizaba con los Clinton, consideraba a Hillary conjuntamente con Eleanor Roosevelt como una de las dos mujeres más brillantes de la historia moderna de los Estados Unidos. Pero he sufrido con ella dos serias decepciones.

La actitud de Hillary cuando el affair Lewinsky colocando sus ambiciones políticas por encima de su dignidad de mujer, fue deplorable, debió divorciarse.

Y en esta semana, cuando ecuménicas críticas le llueven a Barack Obama desde los cuatro puntos cardinales y está solo contra el mundo debido a sus decisiones erradas, pasividad y falta de carácter, Hillary le echa sal sobre la herida y le dice: “llévatelo, viento de agua” en una entrevista con la revista The Atlantic donde aseguró que el fracaso de no ofrecer una ayuda más temprana a los rebeldes sirios, como ella le sugirió a Barack en su día, contribuyó al auge de los yihadistas del Estado Islámico que asedian ahora a las minorías en el norte de Irak.

Hillary aquí no se detuvo: en referencia a un discurso de Obama en la Academia Militar de West Point donde articuló una filosofía contraria a participar en operaciones peligrosas fuera del país; insistió sibilinamente, aludiendo a una frase del presidente sobre la necesidad de no hacer cosas estúpidas, subrayándolo.

Para mí, quizás porque en mi juventud tuve que vivir en desagradables circunstancias, una de las virtudes que más respeto en esta vida es la lealtad, y la que fue secretaria de Estado de Obama durante muchos años, la número dos de este país, y que participó en muchas de las grandes decisiones que tomaron los Estados Unidos, está hoy en una encrucijada. Ella es en parte responsable de algunas.

Cada cual que opine como le dé la gana y piense como le dé la realísima gana, e incluso que utilice la palabra que mejor le cuadre, para calificarla. Pero Hillary Clinton ha traicionado la confianza que el actual presidente de los Estados Unidos depositó en ella. La Clinton de nuevo traspasa principios éticos, y traiciona al hombre que la ayudó a ser una figura mundial: le dio en la espalda una puñalada trapera.

Lo más grave es que Clinton no tiene contrario en las primarias demócratas, y por su astucia y sangre fría barrerá con cualquier republicano que la rete y será la primera mujer presidenta de los Estados Unidos.

Bien por ella, malo para el país. Los Estados Unidos basan su grandeza en sus fuerzas morales, y la ambición de poder de Hillary le permite cruzar sobre ellas como quien se toma un duro frío de fresa.

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