Opinión

EDUARDO J. PADRÓN: Barbarie

Sintonizo la radio en camino a la oficina y escucho un comentarista, a quien mucho respeto, decir que entre las causas de los asesinatos cometidos por la organización terrorista Isis, se encuentra la falta de educación.

Se trata de una referencia que pudiera parecer amplia o muy imprecisa pero creo que, a larga, acertada. De nada vale que algunos de los criminales se hayan graduado en prestigiosas universidades europeas, la educación no es como meter conocimiento en una bolsa y luego recibir un diploma por mimetizarlo, sin interiorizar lo aprendido.

Educar es desarrollar y perfeccionar las facultades intelectuales y morales de una persona, apunta el diccionario. Entonces los fanáticos del llamado “Estado Islámico” están en las antípodas de la educación, con sus espectáculos de horror, tratando de intimidarnos al poner en práctica una manera del analfabetismo que causa pavor.

Siempre he pensado y es como una suerte de encuesta relámpago que me gusta practicar entre allegados y conocidos, que hay más personas buenas que malas. Uno se pone a sumar y los valores, las acciones altruistas y luminosas se imponen sobre la ignominia y la oscuridad.

Nuestro tranquilo vecino, el periodista Steven Joel Sotloff, fue un hombre de bien. Hermoso el concepto que guardaba de su oficio: dar voz a los que no la tienen. Siempre he sentido una admiración especial por los comunicadores y su esencial función en la democracia. Tal vez porque en mi país de origen, entre las primeras medidas de la tiranía, estuvo la de intervenir y liquidar con saña la prensa libre.

Con la ampliación de las plataformas que divulgan las noticias y los análisis de lo que acontece en nuestra comunidad y en el mundo, no pocos periodistas suelen ser, también, la amplificación de voces anónimas que no serían escuchadas sin esa posibilidad. Por eso es una profesión que respeto y tributo cada vez que se presenta la oportunidad.

La barbarie reacciona, sin embargo, con torpeza, no entiende de negociaciones ni de piedad, pero a la larga no logra imponerse pues la naturaleza humana lo impide.

Yo me cruzo todos los días con futuros colegas de Sotloff. Los leo en el periódico estudiantil del Miami Dade College, The Reporter. Son justicieros, inquietos, perseverantes, quieren ser abarcadores, no perderse nada de lo que acontece en el lugar donde viven.

El periodista que ha perdido su vida con tanta entereza ante la impiedad de la barbarie, también fue parte, alguna vez, de un campus universitario y tuvo sueños e ilusiones. La educación recibida en su hogar y la que le impartieron sus profesores esmerados lo hicieron un profesional cabal.

Estoy seguro que todos los miamenses, provengan de donde provengan, se han entristecido en estos días aciagos con la pérdida de uno de sus mejores hijos, quien siguió los dictados de su corazón para colocarse al lado de la justicia aunque en el gesto le fuera la vida.

La incultura, la incivilidad, no podrá frenar el rumbo de nuestro presente y mucho menos del futuro. Seguirán diplomándose los comunicadores en nuestras aulas. Luego cada cual tomará el rumbo que le dicte su vocación y la libertad de poder hacerlo. La verdad no tiene contrincante; siempre se abrirá paso en la más oscura penumbra.

Presidente del Miami Dade College.

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