Opinión

Scott firmó, y ¿ahora qué?

Estudiantes de la escuela secundaria Roosevelt, en Seattle, participan en una protesta contra la violencia con armas de fuego el 14 de marzo.
Estudiantes de la escuela secundaria Roosevelt, en Seattle, participan en una protesta contra la violencia con armas de fuego el 14 de marzo. AP

Para darle continuidad a mi columna de la pasada semana hoy toco el tema del control de armas nuevamente. No quiero que pase como en algunos casos en los que otras noticias (de igual importancia) empañan realidades sociales, hasta que las tragedias suceden de nuevo. Es importante que la conversación sobre la seguridad escolar y de lugares públicos, y el control de compra y venta de armas siga. Mientras escribo, lamento las vidas perdidas en un accidente sobre el que iba a ser un puente peatonal frente a la Universidad Internacional de la Florida al suroeste de la ciudad. La construcción se desplomó en plena luz del día dejando hasta el cierre de esta columna, a seis personas sin vida y numerosos heridos.

Después de haber anunciado que revisaría la medida aprobada en la Cámara y el Senado de la Florida con las familias de las víctimas de la masacre en una escuela de Parkland, Florida, Scott la aprobó. La nueva ley incrementa la edad mínima para comprar armas a 21 años; antes, los jóvenes de 18 las podían comprar. También permite a funcionarios escolares armarse (esta fue la cláusula más controversial), y ordena un periodo de espera en la entrega de las armas compradas. En los distritos que aprueben armar a los maestros, se podría y se destinó dentro de la ley más dinero a la seguridad escolar y revisión de salud mental. Hasta aquí, todo se ve simple. Políticamente, los legisladores involucrados y el mismo Scott pasan a la historia como los pocos gobernantes de estados que han implementado alguna medida después de este tipo de tragedias.

La Asociación Nacional del Rifle (en sus ansias de no perder un dólar en venta de armas) demandó al estado de la Florida diciendo que los jóvenes de 18 son considerados adultos y deberían poder comprar un arma. No entiendo la lógica en estos casos. Hasta los 21 no se pueden tomar un whiskey, ni entrar a un bar para adultos, pero sí pueden tener un arma de fuego en sus manos, según la Asociación. Pienso que esa demanda es difícil de ganar, y donde realmente vendrá la controversia será cuando los departamentos de policía de los distritos escolares y las escuelas se tengan que poner de acuerdo en el tema de armar a algunos de sus maestros o funcionarios, o no armarlos. Scott asegura que es mejor que los que cuiden las escuelas sean oficiales capacitados, y en realidad no entendí por qué no se le dieron más fondos a la policía escolar para mejores entrenamientos (incluyendo para casos de desafortunados momentos como este), en vez de entrenar a personas que probablemente en su vida han estado en una situación de peligro o de vida o muerte que involucre un arma.

Además, se otorgaron más fondos a los programas de salud mental en las escuelas. Esta medida preventiva puede tener mucho sentido; sin embargo, a largo plazo el daño que fue hecho por no brindar asesoramiento (en el sistema de salud mental del estado no solo para los chicos) ya estuvo hecho. Es desafortunado que en Estados Unidos haya más cultura para medicar (porque las grandes farmacéuticas ganan fortunas con esto) que de aconsejar a las personas o brindar planes o fondos para terapias.

La legislación se ha quedado corta. Deberían empezar por prohibir los fusiles de asalto. Pero es un inicio. Esta semana estudiantes de todo el país marcharon pidiendo todavía más regulaciones. La conversación apenas comienza, pero ha debido comenzar hace muchos años.

Periodista y presentadora de televisión y radio.

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