Opinión

El presidente y su reforma migratoria

Emigrantes centroamericanos cruzan la localidad de Matías Romero, en México, protestando contra el presidente de EEUU, Donald Trump, y contra el presidente de Honduras, Jua Orlando Hernández, el 3 de abril.
Emigrantes centroamericanos cruzan la localidad de Matías Romero, en México, protestando contra el presidente de EEUU, Donald Trump, y contra el presidente de Honduras, Jua Orlando Hernández, el 3 de abril. AP

El pasado domingo Donald Trump anunció, vía la red social Twitter, que no estaría apoyando a los Soñadores, esos muchachos que llegaron de niños a Estados Unidos y que no han podido legalizar su estancia en este país.

Dijo que al menos, no los estaría apoyando como lo hizo su antecesor, el presidente Barack Obama, que con una orden ejecutiva creó la ley de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). Una orden que dejaría que trabajaran y estudiaran legalmente. Trump lo dijo después de que se enteró (se cree) que había una caravana de inmigrantes “supuestamente” caminando hacia Estados Unidos. Acto directo, anunció que militarizaría la frontera.

Me pregunto, ¿cuándo el presidente envía un mensaje en Twitter, sus asesores lo aconsejan? Porque si este fuera el caso, debería echar a todos los asesores por ignorantes. Empecemos por aseverar que en los últimos años es más la cantidad de gente que sale por la frontera que la que entra. Este pasado diciembre, el departamento de Homeland Security divulgó estadísticas que en nada coinciden con las acciones o los mensajes del Presidente a tan solo meses. La cantidad de personas cruzando la frontera sur de Estados Unidos bajó en un 25%, la tasa más baja desde 1971. En el 2017, con Trump a la cabeza del país, los arrestos a inmigrantes ilegales que no han cometido ningún otro crimen aumentaron en un 42%.

Esto muestra que bajo la administración Trump, menos personas cruzan la frontera, así que militarizarla o construir un costoso muro (que no pagará México) es una ridiculez, en medio de tantos otros problemas que afronta el país, y, los inmigrantes ilegales que son arrestados, que antes pagaban impuestos o aportaban a la economía, hoy día generan gastos en las cortes de inmigración y en las cárceles federales de inmigración. Bonita solución la del presidente.

Y si eso fuese poco, acabó con el estado temporal migratorio de centroamericanos y personas de otras nacionalidades y con la ley DACA. Y tiene la capacidad mental (no entendible) de castigar el domingo de Pascua o fin de semana de Passover (él, que es tan pero tan religioso, y se la pasa pidiendo que recemos por América cada vez que hay una masacre) a muchachos que nada tienen que ver con una caravana de inmigrantes refugiados que huyen de la violencia en Centroamérica.

Con sus mensajes descontrolados, Trump no solo humilla a la gente de distintas razas, ofende a los presidentes de esos países, a sus asesores que parecen pintados en la pared y deben salir corriendo a disipar el impacto, y al Congreso. La Casa Blanca entonces anunció que ya tiene lista una reforma migratoria. Si es de buena voluntad, y nada tiene que ver con las elecciones de medio término, o con presiones internas, ¿por qué no lo anuncio la pasada semana? ¿Se habrá asustado el presidente cuando la cadena Fox reportó sobre la caravana? De un máximo de 2,000 personas que caminaban en la caravana, solo 100 dijeron que vendrían a Estados Unidos, según la BBC. Aunque se publicaron en diferentes medios declaraciones distintas.

Señor Trump, esta no es la manera en la que se gobierna un país. Y en un país de inmigrantes (como sus padres y su esposa), menos. Estados Unidos no es su empresa, ni usted podrá actuar como un dictador.

Periodista y presentadora de televisión y radio.

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