Opinión

El acoso sexual llega hasta el Nobel

En esta foto del 2011, Katarina Frostenson, miembro de la Academia Sueca, y su esposo, el fotógrafo Jean-Claude Arnault, asisten a una cena en el palacio real en Estocolmo. Arnault ha sido acusado de abuso sexual.
En esta foto del 2011, Katarina Frostenson, miembro de la Academia Sueca, y su esposo, el fotógrafo Jean-Claude Arnault, asisten a una cena en el palacio real en Estocolmo. Arnault ha sido acusado de abuso sexual. AP

Desde la segunda guerra mundial, la Academia Sueca, que otorga el Nobel de Literatura, no había rehusado entregar el prestigioso homenaje a algún laureado de las letras. Este año, en medio de escándalos de acoso sexual en la entidad, han decidido no entregar el prestigioso galardón. En el 2019 entregarán dos. El no otorgamiento del Nobel es significativo, sobre todo en un año en el que cientos de mujeres han revelado que en algún momento han sido acosadas sexualmente, y que el movimiento #metoo ha tomado tanto protagonismo.

La historia que destapó la cazuela es la del dramaturgo Jean-Claude Arnault, esposo de la académica Katarina Frostenson. Contra él se estima que 18 mujeres denunciaron presuntos abusos, y una de ellas alertó a la Academia por medio de cartas que fueron archivadas. Las denuncias causaron la dimisión de la esposa del presunto agresor y otras personas en la entidad, incluida la secretaria que hizo una auditoría. En la misma se encontró, según informa el diario El País de España, que Arnault habría filtrado los ganadores del premio y que recibió donaciones a una entidad, también de su esposa, que significaba un conflicto de interés.

Hace unas semanas escribí una columna no sorprendida por el desafortunado rumbo que tomaron entidades públicas y privadas cuando muchas mujeres denunciaron que fueron abusadas, se hizo ruido en la prensa, un poco más de estrago en las redes sociales, y luego se silenció. Con todo y que el movimiento fue protagonista de la portada de Time. No es sorpresa que el acoso se está viendo en todos los rubros de nuestra sociedad, el impregnado machismo que tenemos en nuestra cultura, que hasta en las más liberales todavía existe. Y la desigualdad de género. El acoso sexual es muy antiguo, pero muchas mujeres han temido hablar del mismo por miedo a ser rechazadas. Algunas lo han hecho para conservar sus trabajos, otras su estatus familiar, otras su imagen frente a sus hijos, o esposos. Cualquiera que sea el caso, ha habido ocasiones de crítica porque muchos se preguntan por qué no se denuncia antes el acoso, sino después de que un caso sale a la luz. Y tildan a algunas mujeres de aprovechadoras en busca de dinero o protagonismo.

Sí, hay manzanas podridas, pero son la minoría de las manzanas. Pienso que criticar de esta manera a mujeres que han hablado tarde, pero que se atrevieron a hablar, crea desconfianza, y lo correcto es que se invite a todas las que hayan sufrido acoso sexual a que lo cuenten. Acoso, o abuso sexual. En el caso del académico Arnault, fue acusado no solo de acoso, sino hasta de violación. Desafortunadamente, se desconoce qué tendrá más trascendencia (teniendo en cuenta que muchos sabían de los abusos sexuales y callaron), si las filtraciones en la Academia, la falta de quórum después de dimisiones para haber elegido el Nobel, o el caso de Arnault. Como todo caso destapado reciente, el desenlace está por verse. Pero las mujeres debemos seguir atreviéndonos a hablar.

Periodista y presentadora de televisión y radio.

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