Opinión

La política es un espectáculo: el mejor actor con más dinero será electo

Simpatizantes del presidente Donald Trump asisten a un mitin político el 30 de agosto en Evansville, Indiana.
Simpatizantes del presidente Donald Trump asisten a un mitin político el 30 de agosto en Evansville, Indiana. AFP/Getty Images

Normalmente el dinero en política es decisivo. Pero los dotes de actor también lo son. Usualmente es una combinación de ambos aunque también existen quién triunfa con recursos limitados. Veamos.

En sus principios, los discursos públicos de los políticos lograban atraer multitudes. Los más inteligentes y adinerados contrataban personas para pregonar al candidato, ósea para vociferar su nombre. Incluso, fijaban carteles identificando al mismo. Con el surgimiento de los periódicos, el llamado cuarto poder, entonces también aparece la difusión masiva de los candidatos. Y evidentemente, aquellos con mayores recursos, podían llegar más frecuentemente a los tabloides y publicar anuncios más grandes y coloridos.

Después, con el surgimiento de la radio, los políticos tuvieron que aprender a hablar con ciertas características, por ejemplo modulando la voz, haciendo pausas y con buen tono. Esas características eran propias de actores de radionovelas, pero eran necesarias a fin de captar a la audiencia y hacerles llegar un mejor mensaje. De manera que, esa barrera entre lo real y lo interpretado, se eliminó. Se hizo necesario que el político se convirtiera en un espectáculo también. Por cierto, muchas presentaciones eran pagadas y muchos actores profesionales contratados, de modo que el factor económico una vez más se hace presente.

Más tarde surge la TV y la historia se repite, solo que esta vez aparecen otros elementos en la escena. Así es, ahora aparte de la voz y la facilidad de expresión, entra en juego el aspecto visual, o sea la imagen. Ahora la forma en que luce un candidato, su lenguaje corporal, su apariencia en general y su simpatía personal, cobran un interés inusitado.

Entonces, otros profesionales de pronto son considerados importantes para estos eventos. Asesores de imagen, modistos, decoradores, estilistas y hasta psicólogos, muchas veces son utilizados para “pulir” a un candidato. Y desde luego, mientras más recursos se manejan, mas disponibilidad existe de contratar los mejores asesores y los mejores espacios. No es lo mismo presentar una cuña en un programa estelar a las 8 p.m. con cobertura nacional diaria, que aparecer una vez a la semana en horario matutino en un canal de difusión local.

La cosa se complica con la explosión de las redes sociales y el sofisticamiento constante de los teléfonos celulares. Un ejemplo clásico ocurrió durante el mandato del presidente del Gobierno español José María Aznar. Cuando accedió al poder en 1996, existían 900,000 celulares en España. Cuando lo entregó en el 2004, habían 38 millones. Por supuesto, esto nos indica la importancia de una campaña política lanzada a través de celulares. Aún con las regulaciones impuestas, se alcanza un universo considerable de votantes.

Otro fenómeno sucede con Facebook y Twitter. Se dice que una parte importante de la victoria de Barack Obama sobre el recientemente fallecido John McCain en las elecciones presidenciales del 2008, fue el uso óptimo de las redes sociales. Obama fue el primer candidato a la presidencia de EEUU que utilizó extensivamente la cibernética en su campaña electoral.

Los avances tecnológicos en la informática han sido cruciales para la política. Sin embargo, no han estado exentos de controversia. Por ejemplo, la empresa Cambridge Analytica tomó la información privada de mas de 50 millones de usuarios de Facebook con el objeto de identificar la personalidad del votante americano e influir en su comportamiento electoral. Evidentemente, esta intervención en los archivos confidenciales de Facebook degeneró en falta de confianza hacia esta empresa, quien a raíz del incidente perdió millones de clientes y tuvo que mejorar sus controles internos.

También Twitter se ha convertido en un polo técnico de actividad política. Ahora todos los candidatos lanzan una andanada de mensajes diarios a sus seguidores. Se comenta que el Presidente Trump impuso la modalidad de gobernar mediante tuits. Y es tanto así, que en ocasiones los ciudadanos se enteran de una acción gubernamental que aún no se ha adoptado, a través de un tuit presidencial. Se conoce que el Presidente, lo primero que hace en las mañanas, es publicar hasta 200 y más tuits diariamente.

Se dice que la cuarta revolución industrial es la tecnológica. También se comenta que las redes sociales “informan pero no forman”, o sea que su propósito político es mayormente propagandístico. En Inglaterra se prohíben las campañas políticas por TV. De esta manera se emparejan algo las campañas sin muchos recursos.

Las redes sociales hoy en día tienen mas influencia que la TV, incluso la están desplazando. ¿Cuál canal de TV tiene más de 1,000 millones de televidentes? Sin embargo, para llegar a las redes con éxito, hay que darse a conocer a través de la TV, quién enfoca sus esfuerzos en una forma más local, lo cuál sin duda favorece más a las campañas regionales.

Este jueves, 6 de septiembre, el autor de esta nota hablará sobre la materia al público en la Cumbre Latinoamericana que se llevará a cabo en el Miami Dade College, Wolfson Campus, los días 5, 6 y 7 del mes en curso.

En todo caso, la política se ha convertido en un espectáculo. Y el que no sea adinerado y buen actor, tiene menos posibilidades de ser electo.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Sígalo en Twitter: @DeYURRE.

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