Opinión

Vista del amanecer en el trópico sin cruceros en La Habana

Dos mujeres se toman una selfie con el crucero “Empress of the Seas” en el fondo, que abandona la Bahía de La Habana el miércoles.
Dos mujeres se toman una selfie con el crucero “Empress of the Seas” en el fondo, que abandona la Bahía de La Habana el miércoles. AP

Dice un genízaro castrista que la nueva medida del gobierno americano está encaminada a bajar el nivel de vida del cubano y hacer colapsar la economía de la isla.

Hace años que el progreso de mis compatriotas se mide en especies: “pollo por pescado”, “cuatro huevos al mes por persona en vez de tres”, “filete de claria”, “café mezclado”, entre muchos otros ditirambos gastronómicos que suelen expresar el retroceso o avance de la estropeada sociedad criolla.

He leído en la prensa oficial que la ausencia del turismo del enemigo, sobre todo aquel que arriba en los impactantes cruceros, alentará la búsqueda de alternativas en otros mercados disponibles.

El castrismo siempre arguye una solución indescifrable, aun sabiendo que su inoperancia prefiere los remedios provenientes del satanizado vecino del norte, donde figuran de modo prominente, por supuesto, las remesas de los nacionales que lograron abandonar la debacle y se han convertido en un sostén ineludible de una sociedad abandonada a su suerte.

Los obtusos funcionarios parecen vivir en otra realidad porque ahora se sabe, por testimonios de los agraviados, que las grandes naves y sus miles de pasajeros, sostenían el llamado cuentapropismo en las zonas aledañas al puerto, donde corren y se alquilan los viejos automóviles norteamericanos y señoras otoñales, disfrazadas de matronas coloniales, venden sus selfies por unos dólares.

“Me quiero morir. ¿Cómo no van a poder venir los cruceros? Si son la única entrada que tenemos, porque ya casi no hay turismo aquí”, dice una dueña de negocio cerca del puerto.

Otra se lamenta, igualmente, ante la gravedad del asunto: “Estamos sobreviviendo por los cruceros. Creemos que si caen los cruceros caerán los negocios aquí también”, aunque luego remata su lamento con la filosofía de la supervivencia y conformidad que emanan de 60 años de dictadura sin tregua: “Los cubanos somos tremendos, estamos adaptados a vivir en cualquier etapa, clima y época. Somos fuertes”.

Ahora el régimen comienza su ofensiva entre acólitos del castrismo en los propios Estados Unidos y plazas adyacentes como Canadá, donde la tenebrosa embajadora cubana, Josefina Vidal, la misma que participara en las secretas maniobras que dieran como resultado el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, protesta en medios de prensa canadienses sobre la decisión de ese país de disminuir, ostensiblemente, su presencia diplomática en la isla, debido a los ataques acústicos sufridos por algunos de sus empleados en La Habana.

Canadá sigue siendo el emisor turístico número uno a la isla, seguido por Estados Unidos. “No tenemos a nadie responsable del comercio en Cuba, —apunta Vidal— y el comercio es muy importante para nuestras relaciones. Ya no tenemos un responsable de ayuda al desarrollo y más recientemente, la decisión de cerrar la oficina de visas. Como resultado, tenemos una débil embajada de Canadá”.

Con respecto a Estados Unidos, la funcionaria se declara frustrada por el deterioro de las relaciones, ahora en plan de confrontación

“Y eso es una pena —afirma—, porque no va a ninguna parte y vamos a perder el tiempo para mantener las cosas resueltas por el bienestar de los cubanos y los estadounidenses”.

Es curioso que los representantes del castrismo mantengan un lenguaje comedido, como de gobierno civilizado ante los desafíos que se avecinan.

Raúl Castro se ha dedicado en estos días a felicitar a los miembros del ministerio del Interior —los represores— en su aniversario y el presidente Miguel Díaz-Canel se refiere al orgullo patrio con respecto a las nuevas medidas del gobierno norteamericano, pero luego expresa la voluntad de Cuba de contribuir con el cambio climático, en lo que el sistema fluvial nacional se pudre de desechos químicos y desperdicios de toda índole.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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