Opinión

Nicanor O’Donnell, 15 años de desenfado e irreverencia

El cineasta cubano Eduardo Del Llano, el creador de la serie de cortometrajes de Nicanor O’Donnell.
El cineasta cubano Eduardo Del Llano, el creador de la serie de cortometrajes de Nicanor O’Donnell. Archivo/el Nuevo Herald

Hace unos pocos días, conversaba con el cineasta cubano Orlando Jiménez Leal y coincidimos en que la serie de cortometrajes sobre Nicanor O’Donnell realizados por Eduardo del Llano, se encontraban entre las obras más consecuentes de la cinematografía cubana contemporánea.

La burocracia cultural de la dictadura, sin embargo, no concuerda con este encomio, ni con la popularidad de Nicanor O’Donnell entre sus coterráneos, donde suelen ver un espejo de sus sinsabores. Esta serie y, en muchas ocasiones su propio autor, no existen a los efectos de la promoción y distribución oficialistas.

Ahora que el cine independiente se sigue poniendo en solfa mediante sitios mediáticos castristas, como si respondieran a un plan siniestro diseñado “desde arriba”, valga la pena celebrar los 15 años de la aparición de Nicanor, en aquel memorable e insospechado Monte Rouge, así como el corto que marca la quincena y probablemente el final de la saga, Dos veteranos, estrenado, con numeroso público, durante una sola función en una sala de cine habanera.

En el panorama intelectual cubano, Eduardo del Llano es un caso bastante raro. Ni estética, ni generacionalmente se puede encasillar en una corriente o grupo específicos.

Al cabo del tiempo y la feroz censura que provocara, le honra haber sido uno de los guionistas de Alicia en el Pueblo de Maravillas.

Ha trabajado y ganado premios por otros filmes de Daniel Díaz Torres y Fernando Pérez y ostenta una obra literaria considerable, también premiada pero desconocida por los estudiosos y la burocracia cultural, que debiera ampararla.

No es exactamente un lobo solitario porque para la serie de Nicanor se ha rodeado de un equipo de realización y de talento actoral, que en el comienzo se arriesgaron a la aventura, intuyendo las consecuencias, y hoy por hoy son la envidia del gremio.

En el antepenúltimo corto, Dominó, la discusión de los personajes giraba alrededor de la puesta en venta de la isla de Cuba, insólita noticia aparecida en la Internet.

En el penúltimo, Rállame la zanahoria, Nicanor es un cineasta venido a menos, robando en la casa de cierto famoso reguetonero, para producir su próxima película.

Dos veteranos, el cortometraje más reciente, tiene visos de despedida. Sigue siendo desenfadado e irreverente. Han pasado 20 años de la llegada de la democracia a Cuba, cuando Nicanor y Rodríguez, ya ancianos y achacosos, se reúnen con otros amigos en lo que fuera un parque y ahora es la zona de carga de un mall. Nicanor es el comunista nostálgico, que se resiste al cambio, y Rodríguez un cínico que aboga por la esclavitud.

El resto de los personajes se reparten sus preferencias en cuanto a sistemas sociales. Unos hablan sobre feudalismo democrático y otros de comunidad primitiva.

Como siempre, la acción se desarrolla en un solo lugar y durante los 22 minutos que dura, el diálogo, así como actuaciones cómplices y ejemplares, conducen la historia intrigante con un extraordinario punchline, como corresponde al buen humorista y narrador que es Del Llano.

Que un cineasta se haya atrevido a especular la Cuba futura que todos añoramos, con amor y sonrisas, donde cada cual elegirá su forma de vida y pensamiento, sin presiones ideológicas, constituye un momento de gran celebración social y cultural.

A la dictadura y su afán de eternidad no le complacerá la tesis. Especulo que Eduardo del Llano tratará de presentar Dos veteranos en el Festival de Cine de La Habana, donde le corresponde, y si no tiene suerte, como suele ocurrir, nada impedirá que Nicanor O’Donnell vuelva a encontrarse con su público, que siempre lo espera, en la libre vastedad del Internet, los medios sociales y el llamado Paquete.

Twitter: @alejandroriostv.

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