Opinión

RAÚL GUERRERO: Breve historia del chocolate y el sexo

La historia del sexo y el chocolate es larga, mucho más que la de San Valentín, de quien podemos asegurar murió sin probar el elixir derivado del cacao, cuyo nombre científico, theobroma cacao, significa comida de dioses.

San Valentín fue un médico romano que desoyendo los dictámenes del emperador Claudio II casó a cuanto soldado pudo. El emperador juzgaba incompatible el matrimonio y la carrera de las armas. Pagó caro el médico la insubordinación. Claudio II lo hizo decapitar. Perdió la cabeza pero ganó la posteridad como mártir del amor. El año 246, el calendario católico lo incluyó, celebrándose su día el 14 de febrero.

Afirma Michael Coe, profesor emérito de arqueología de Yale University y autor de La historia verdadera del chocolate, que los pueblos de Mesoamérica domesticaron el cacao mil años antes de San Valentín, siendo preciado alimento, fármaco e indispensable condimento ritualista. La tradición desde los mayas hasta los aztecas tiene al chocolate como regalo divino, sobre todo la propiedad afrodisíaca. El emperador Moctezuma, aseguran los cronistas, ingería dos vasos de la agria bebida antes de entregarse a su harén, ejemplo que siguieron Casanova y Madame de Pompadour, según ella misma contara, para mantener encendido el deseo durante las visitas de Su Majestad, Luis VX.

La palabra chocolate deriva del vocablo maya chocol. Los aztecas le añadieron alt, agua, convirtiéndolo en xocolatl (bebida agria). Cristóbal Colón presentó la preciada bebida a la reina Isabel. Los españoles la desdeñaron, un cura escribió que era de tan mal sabor que serviría mejor para alimentar cerdos. No obstante, reconocieron la reverencia que los nativos la profesaban, a tal punto que las pepas de cacao doblaban de moneda. Una pepa compraba un tomate, cuatro una calabaza, cien un conejo y mil un esclavo fornido.

Mezclado con azúcar de caña o miel, el chocolate golpeó a Europa como un verdadero huracán. Cabe una aclaración: por siglos el chocolate fue manjar exclusivo de la aristocracia europea. En efecto, Inglaterra lo prohibió a las clases obreras pues inducía al letargo contemplativo, al relajamiento y a la conversación carnal, como se aludía al sexo en los círculos educados. Que los obreros beban té, decían los nobles británicos, cualquier cosa que los mantenga despiertos, alertas y productivos.

La revolución industrial propulsó la producción masiva del chocolate en polvo. En 1861, Richard Cadbury creó un envase en forma de corazón. El dulce Cupido del emblema apuntó la flecha al corazón de las masas y sería desde entonces un aliado de San Valentín.

Pero, ¿está científicamente comprobado el efecto afrodisíaco del chocolate? Responde la profesora de MDC Nubia Santos, terapista especializada en sexualidad: “El chocolate contiene propiedades que emulan a la endorfina, una sustancia asociada al bienestar, a un sentimiento de exaltación, incluso al placer. No se ha comprobado que surta efecto directo en la libido, más, los seres humanos somos susceptibles a la autosugestión. El chocolate es dulce, rico, nos hace sentir bien, y vivimos a la sombra publicitaria de una conexión chocolate-sexualidad, y con esa espesa suntuosidad derritiéndose en la boca, vaya, nos sentimos sexy.”

He ahí el poder persuasivo de la publicidad. Y la poesía no se queda atrás. Escribió la novelista nicaragüense Gioconda Belli: Comiendo chocolate pienso en tu piel a mordiscos / pienso en tus piernas / tus pies…

Escritor y director del Downtown Arts and Science Salon (DassMiami.com).

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