Opinión

El subsidio eléctrico pagado por la clase trabajadora

Reducir las emisiones de gases contaminantes en el medio ambiente es el gran reto del siglo XXI. Compañías privadas, gobiernos e individuos están tomando acción y contribuyendo para desarrollar energías renovables, mejorar la calidad del aire y reducir la dependencia del petróleo foráneo a través de innovaciones tecnológicas e inversiones billonarias.


Las compañías de vehículos eléctricos (VE) como Tesla Motors han sido líderes indiscutibles en mejorar el ambiente, incentivando al consumidor a sustituir un carro convencional que emite gases contaminantes por uno eléctrico.

La tecnología de los VE es prometedora ya que al depender mayormente en la electricidad como fuente energética, consumen menos combustibles tradicionales, minimizan el daño ambiental y crean miles de empleos en el sector tecnológico y energético.

Pero esta práctica innovadora está en peligro gracias a los poderosos intereses eléctricos.


Las corporaciones eléctricas están clandestinamente e injustamente pasándole el costo de la infraestructura de los cargadores para los VE al consumidor, poniendo a la industria de VE en gran riesgo de sufrir una revuelta de la clase trabajadora.

Este esquema está en práctica en el sur de California, Nueva York y en otras regiones en los Estados Unidos.


De acuerdo a estimados de la industria, el crecimiento anual en la venta de VE incrementará por aproximadamente veinte por ciento en los próximos años. Las ventas de VE podrían representar mas de 1 millón de vehículos al año y continuarán incrementando en las próximas décadas. Y se espera que para el año 2040, los VE de largo alcance podrían costar menos de $22,000.

La agencia de información financiera Bloomberg catalogó la próxima década como la “década de los vehículos eléctricos”.

Para sustentar este extraordinario crecimiento, se tendrá que instalar miles de cargadores eléctricos en comunidades por todos los Estados Unidos. El costo de crear una infraestructura pública que apoye a millones de usuarios de VE puede ascender a los billones de dólares.

Millones de familias de bajo ingreso ya pagan altos costos de electricidad. Obligarlos a pagar por unos cargadores que quizás nunca utilicen agrava su situación económica.

De acuerdo a la organización sin fines de lucro Groundswell, la fracción que familias de bajo ingreso pagan en electricidad ha aumentado por un tercio en los pasados diez años.

El reporte también indica que familias de bajo ingreso gastan cerca de diez porciento de su ingreso sólo en facturas de electricidad.

En muchos casos, estas familias caen en la dificultad de escoger entre pagar la factura de luz o darles de comer a sus hijos. Muchos están obligados a trabajar a tiempo parcial para poder cubrir otros gastos esenciales como el costo de una vivienda, un carro o emergencias médicas.

¿Es justo que familias trabajadoras estén pagando más por un lujo que no disfrutan?

La recién popularidad y demanda para el Tesla Model 3 demuestra el gran interés y una tendencia inevitable de consumidores escogiendo tecnologías sustentables para operar nuestros vehículos y ayudar el ambiente.

Lo último que necesita la industria de VE es una revuelta de la clase trabajadora que presione a los medios y la clase política a tomar acción en su contra. Especialmente cuando es a raíz de una práctica cuyo autor son las corporaciones eléctricas, no las compañías de VE como Tesla.

La industria de VE debe alejarse de esta práctica injusta lo mas rápido posible.

Los dueños de VE que utilizan los cargadores públicos y las corporaciones eléctricas deben ser los responsables de pagar por el costo de la infraestructura.

Mientras tanto, la clase trabajadora debe enviar un mensaje a las corporaciones eléctricas de que no van a tolerar este esquema.

Director de Iniciativas Hispanas para el US Consumer Coalition (USCC). USCC es una organización que aboga por el consumidor y promueve más opciones en el mercado, regulaciones responsables, condiciones de mercado justas y libertad del consumidor. USConsumers.org.

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