Opinión

¿Será cierto que el ruso Putin está ayudando a Trump?

Una joven usa una camisa en la que se lee “Trump Putin ‘16” mienstras espera la llegada del candidato presidencial republicano Donald Trump en New Hampshire, en febrero.
Una joven usa una camisa en la que se lee “Trump Putin ‘16” mienstras espera la llegada del candidato presidencial republicano Donald Trump en New Hampshire, en febrero. AP

Cualquier crítico de Donald Trump daría el alma (si es que todavía no se la ha vendido al Lucifer que el desasociado Dr. James Carson caracteriza como un diablo ligado a Hillary Rodham Clinton) a cambio de pruebas fehacientes que demuestran la intervención del presidente ruso Vladimir Putin en las elecciones presidenciales estadounidenses a favor de Trump y en contra de Clinton. Si llegaran a probarse los supuestos intentos rusos por interferir en las elecciones nacionales, la revelación constituiría uno de los escándalos políticos más graves de la historia moderna de EEUU.


¿De dónde vienen estas acusaciones contra el imperio de Putin? Primero del descubrimiento de un hackeo contra el Comité Demócrata Nacional (DNC por sus siglas en inglés). La empresa de ciberseguridad contratada por los demócratas para expulsar e identificar a los intrusos afirmó que los culpables estaban vinculados al gobierno ruso. La empresa agregó que, además del fisgoneo de correos electrónicos, los hackers se habían robado archivos que almacenaban investigaciones que el DNC había realizado sobre Trump, su vida, sus negocios y sus escándalos. Luego en vísperas de la Convención Demócrata, Wikileaks filtró miles de correos electrónicos robados del DNC (supuestamente proporcionados por los rusos). Algunos de ellos exacerbaron la mala uva que ya carcomía a seguidores y delegados de Bernie Sanders ahondando las divisiones entre Sanderistas y Clintonianios pues los correos demostraban que ciertos jerarcas del DNC (obligados a adoptar una postura neutra en los comicios partidistas) favorecieron a Clinton durante las primarias al tiempo que denostaban a Sanders.


Aunque el DNC es una institución privada, en vista de sus implicaciones el FBI acaba de iniciar una investigación del ciberataque. Ya expertos en seguridad informática que revisaron la evidencia forense habían concluido que los hackers que penetraron el DNC emplearon las mismas técnicas que los servicios de inteligencia rusos han utilizado contra otros “objetivos”. De momento la evidencia contra Rusia y su posible papel en la posterior filtración de correos es presuntiva. Aun así varios devotos de Clinton han publicado diatribas que dan por sentado categóricamente que el impresentable Putin y sus servicios especiales son aliados activos de Trump en la campaña presidencial.


El propio Trump ha alimentado la postura de quienes sostienen que no ve con malos ojos una posible intromisión putinesca a su favor. Así, la semana pasada Trump declaró, “Rusia, si estás escuchando. Espero que puedan encontrar los 30,000 correos (de Clinton) que están faltando… Creo que serían altamente reconocidos por nuestra prensa”. Es la primera vez que un candidato presidencial estadounidense exhorta a una potencia extranjera enemiga de Estados Unidos a que lleve a cabo actos de espionaje contra un contrincante político. ¿Trump habrá tomado conciencia de que había coqueteado con la traición? Tal vez por eso se apresuró en justificar sus comentarios deleznables alegando que se trataba de una “broma”. Si de hecho fue una broma resultó más pesada que una bomba de hidrógeno.


También alimentan las acusaciones contra Rusia, los piropos que Trump y Putin han intercambiado, el odio que siente el autoritario ex oficial de la KGB hacia Hillary Clinton, las recientes palabras de Trump sobre un hipotético ataque ruso a un miembro de la OTAN y las relaciones de tres oficiales de la campaña de Trump con instituciones y personajes de la Rusia putinesca. No hay duda de que en varias ocasiones Putin ha mandado a hackear la infraestructura informática del gobierno de Estados Unidos. Y no hay duda de que en Europa ha ayudado con plata y propaganda a populistas de derechas del corte de Trump. Lo ha hecho con el objetivo de debilitar a Europa y agudizar las divisiones en la Unión Europea y la OTAN. Por ejemplo, Putin le ha prestado dinero a Marine Le Pen, ha propiciado negocios que enriquecen aún más a Silvio Berlusconi, ha sido un padrino de Amanecer Dorado en Grecia, Jobbik en Hungría y Araka en Bulgaria, tres agrupaciones de extrema derecha. ¿Por qué no va a hacer lo mismo en Estados Unidos aún corriendo el riesgo de que como consecuencia de su intromisión Donald Trump pueda ser visto como un miserable compañero de viaje de Vladimir Putin?

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

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