Cartas

La guerra en aras de la paz

Hubo épocas en que las naciones cristianas tuvieron que blandir armas contra el expansionismo islámico. Baste recordar la gesta de los Reyes Católicos de España, cuando a fines del siglo XV conquistaron Granada poniendo fin a la ocupación musulmana.

Un siglo después, el Papa San Pío V propició una liga de naciones que presentase batalla naval a la armada del Imperio Otomano. La flota cristiana prevaleció en Lepanto, año 1571.

Aunque los cristianos siguen a Jesucristo, Príncipe de la Paz, a veces se ven obligados a hacer la guerra en aras de la paz.

Cuando fuerzas irracionales tratan de imponerse a los demás, es legítimo frenar la agresión por la fuerza militar. ¿Qué duda cabe de que fue necesario hacerle la guerra a los imperialismos nazi y nipón en el pasado siglo XX?

Ahora mismo la intolerancia islámica ha cobrado fuerza y desaloja de Irak y Siria a las minorías religiosas mediante la violencia genocida. La situación es más grave que en siglos pasados, pues los musulmanes ya tienen un pie en Occidente tras largos procesos migratorios. La fallecida periodista Oriana Fallaci decía que el continente europeo se estaba convirtiendo en Eurabia.

Según Maquiavelo, para que una guerra resulte corta y ahorre vidas, debe ser muy dura al comienzo. En otras palabras, los defensores de la convivencia civilizada podrían verse obligados a dar una respuesta militar contundente a esos extremistas islámicos de ISIS que mantienen en vilo a la humanidad con prácticas terroristas de inaudita crueldad. Criminales de esa ralea no pueden formar ningún califato efectivo que organice un país, dirija la economía, y cuente con representación en la ONU y otros organismos internacionales. Son grupos están abocados al fracaso, pues violan los más elementales principios de humanidad. Se debe actuar contra ellos cuanto antes.

Eduardo M. Barrios, S.J.

Miami

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