Cartas

La eutanasia vs. la muerte natural

Niños protestan contra la propuesta de legalizar la eutanasia para niños con enfermedades terminales, el 11 de febrero de 2014, en Bruselas.
Niños protestan contra la propuesta de legalizar la eutanasia para niños con enfermedades terminales, el 11 de febrero de 2014, en Bruselas. EFE

El pasado 11 de abril el comentarista Jesús Lázaro publicó en estas páginas un escrito a favor de la eutanasia titulado, “No hay derecho a vivir una vida dolorosa”.

El autor ridiculiza a quienes se oponen a la eutanasia diciendo que “se basan en escritos bíblicos de hace miles de años que fueron concebidos por hombres de la prehistoria”.

En primer lugar habría que aclarar que los libros de la Biblia, 27 del Nuevo Testamento y 46 del Antiguo, no pertenecen a la prehistoria, la época de los cavernícolas. Fueron escritos cuando ya la cultura había alcanzado altos niveles en cuanto a literatura, arquitectura, artes y ciencias.

Para el mundo judeo-cristiano los libros bíblicos no son viejos. Se leen y releen porque saben tan frescos como pan recién horneado. Aunque brotan de autores humanos, los creyentes disciernen la mano inspirante de Dios. “La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo” (Heb 4,12).

Por otro lado la Biblia no trata expresamente sobre los temas morales de la actualidad, tales como la licitud de las armas nucleares, la fecundación in vitro, el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres, o la eutanasia, entre otros asuntos. Nada de eso se planteaba en aquel entonces, pero sí hay valores y principios bíblicos que iluminan las preocupaciones morales contemporáneas.

En cuanto a la eutanasia podemos recordar que un amalecita remató al moribundo rey Saúl, lo cual desagradó a su sucesor, el rey David (cfr. 2Sam 1, 6-16).

Viniendo al presente, hay que desmontar el mito de que los pacientes terminales sufren dolores atroces. La ciencia médica ha avanzado mucho en el campo analgésico. Abundan los fármacos para controlar los dolores. Testigos de ello son quienes trabajan al servicio de los desahuciados en el programa conocido en inglés como “hospice”.

El error principal en torno a la eutanasia consiste en considerar la existencia humana como una posesión análoga a los bienes puramente materiales. Llegamos a este mundo sin que nos hayan pedido permiso. Nadie ha comprado su vida. Ésta es un don, algo recibido.

Nadie escapa a la muerte. Cuando el ciclo vital se agota, prevalecen las enfermedades y el debilitamiento general como preludios del desenlace. En esas circunstancias, no hay obligación de prolongar los días mediante entubamientos que fuercen la respiración y la alimentación. Sólo obliga mantener al paciente confortable e hidratado.

Además, no todas las personas ven los sufrimientos bajo la misma óptica. Hay quienes cargan pacientemente con sus cruces en espíritu penitencial y de asociación corredentora con el Señor Jesús. Aquí nos movemos en el campo de la fe, vivencia que no es de dominio universal.

Eduardo M. Barrios, S.J.,

ebarriossj@gmail.com.

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