Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El triunfo de Trump causa revuelo en Cuba

Un grupo de cubanos espera para pedir visas en la embajada de Estados Unidos en La Habana el jueves pasado.
Un grupo de cubanos espera para pedir visas en la embajada de Estados Unidos en La Habana el jueves pasado. AP

La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas ha causado inquietud en Cuba.

El presidente electo dijo durante su campaña que daría marcha atrás al deshielo en las relaciones entre Washington y La Habana a menos que el gobierno de Raúl Castro conceda más libertades políticas a la población. En esa asignatura el régimen cubano siempre ha tenido una nota de deficiente: otorgar las libertades a que se refirió Trump equivale a ir en contra de la propia esencia del sistema.

El gobierno de la isla teme que cuando se instale en la Casa Blanca, Trump ponga en peligro unas relaciones que pueden darle a Cuba la entrada de capital que necesita para mantener a flote su averiada economía.


Entretanto, los cubanos que sueñan con dejar el desastre atrás y emigrar a Estados Unidos ven su anhelo en riesgo. Temen que Trump, que con frecuencia ha hablado de reducir la entrada de inmigrantes a la nación, elimine privilegios migratorios que permiten a los cubanos asentarse en Estados Unidos.

Es posible que antes del próximo 20 de enero, cuando el magnate del sector inmobiliario asuma la presidencia, aumenten los intentos de cruzar el estrecho de la Florida, o la llegada de cubanos a través de otros países.


La inquietud en la isla coincide con el anuncio, el pasado miércoles, de unos ejercicios militares que bajo el nombre de Bastión se llevan a cabo en el país antillano de cuando en cuando.

Las autoridades cubanas indicaron que los ejercicios se realizarán del 16 al 18 de noviembre.

El objetivo, señalaron, consiste en “elevar la disposición del país para la defensa y la preparación de las tropas y la población para enfrentar las diferentes acciones del enemigo”, según una nota en el periódico oficialista Granma.

¿Cuál es el enemigo a que se refiere el anuncio del gobierno cubano? ¿Estados Unidos, el antes llamado “imperialismo yanqui”, con el que ahora el régimen de Castro mantiene unas relaciones en camino de ser cordiales? Eso sería un disparate mayúsculo.


Al igual que los gobiernos norteamericanos –tanto republicanos como demócratas– que lo han precedido en medio siglo, el de Trump tampoco estará interesado en lanzar una operación militar de conquista contra el antiguo enemigo situado a 90 millas. Ordenar ejercicios militares para enfrentar “acciones del enemigo”, sea cual sea ese hipotético adversario, es una señal de la paranoia que ha caracterizado al régimen cubano.

Es posible que la verdadera intención del gobierno de Castro con estos ejercicios sea, como en ocasiones anteriores, distraer la atención del pueblo de las verdaderas amenazas que afronta: la falta de libertades, la crisis económica, la desesperanza ante el fracaso del sistema.

Las maniobras de Bastión no serán más que una exhibición inútil de un poderío militar venido a menos desde que desapareció la Unión Soviética. Ni Trump ni nadie en el gobierno norteamericano acaricia la disparatada idea de invadir Cuba. El enemigo real de los cubanos no está en Washington, sino en la propia isla.

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