Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El Congreso no debe descuidar la ética

El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.
El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. AP

Donald Trump criticó la maniobra sigilosa de los republicanos de la Cámara de Representantes para eliminar la Oficina de Ética del Congreso (OCE).

Posiblemente Trump vio la tormenta de protestas en el Capitolio y, más importante, entre los ciudadanos, como una oportunidad de ponerse del lado correcto:

“Con todo el trabajo que el Congreso tiene que hacer, ¿en realidad tienen que convertir el debilitamiento de un órgano independiente de supervisión de ética, por injusto que pueda ser, en su prioridad número uno? ¡Que se concentren en la reforma fiscal, en el cuidado de la salud y en tantas otras cosas de mucha más importancia! #DTS”, escribió en Twitter.

El presidente electo tenía razón.


Todo comenzó cuando con la intención de hacer una declaración grandiosa en el primer día del 115º período de sesiones del Congreso, los republicanos de la Cámara anunciaron que estaban despojando a la oficina de ética de su independencia. Tomaron la decisión en una reunión a puerta cerrada el lunes por la noche, sin previo aviso, sin debate público. Así todo es más fácil, ¿no?

Pues no.

Primero, el presidente de la Cámara, Paul Ryan, y el líder de la mayoría, Kevin McCarthy, republicano de California, estaban totalmente opuestos a la medida, lo cual habla en su favor. La medida habría creado la Oficina de Quejas Congresionales, bajo la supervisión del Comité de Ética de la Cámara, integrado por igual número de republicanos y de demócratas. Es una configuración problemática, que ha dado lugar a acusaciones de debilidad y de que no atiende las denuncias de mala conducta de los legisladores. La división en partes iguales da a los miembros de cada partido, básicamente, poder de veto sobre la acción del comité.


La OCE es independiente y enérgica. Demasiado enérgica, dice un grupo bipartidista de críticos en el Congreso. Aunque no tiene poder de citación judicial, tiene un cuerpo de investigadores y está supervisada por una junta externa de seis miembros, ex políticos, funcionarios públicos y un general retirado. Y la oficina ha afrontado acusaciones de apuntar a congresistas de minorías. Tal vez haga falta una reforma interna de su funcionamiento. Dos congresistas republicanos de Miami, Ileana Ros-Lehtinen y Carlos Curbelo, apoyaron la medida de la Cámara. En una declaración al Herald, Ros-Lehtinen dijo que hacía falta mucha supervisión.

Pero eliminar la oficina es una exageración.

El representante Robert Goodlatte, republicano por Virginia, dijo que la sigilosa maniobra “fortalecería” a la OCE. Pero la pondría bajo la supervisión del poderoso Comité de Ética de la Cámara, que podría entonces sencillamente cerrar cualquier investigación.


El lunes por la noche, los republicanos desafiaron a sus líderes y pusieron la medida a votación del pleno para el siguiente día. Pero cuando llegó ese día, hubo muchas protestas. El público mostró su disgusto. Y cuando Trump intervino en el debate, la medida estaba muerta.

¿Quién es entonces el jefe de los republicanos de la Cámara? Se pusieron en contra de Ryan —incluso en la víspera de su reelección como presidente de la Cámara— y se plegaron cuando Trump publicó un par de tuits.

Esta es una señal desafortunada de que la mayoría en la Cámara no tomó la actitud correcta. Las elecciones de noviembre tuvieron que ver con el cambio, pero la vigilancia de la ética no es un tema que se debe cambiar y mucho menos descuidar.

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