Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Pasó aquí: matanza en una escuela de la Florida

Un agente de policía de Broward habla con la prensa sobre el tiroteo en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland.
Un agente de policía de Broward habla con la prensa sobre el tiroteo en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland. The Miami Herald

No se moleste en decir algo ridículo como: “No se supone que pase aquí”.

No se supone que pase en ninguna parte, pero pasa con temible frecuencia. Y en un horrible miércoles —Día de San Valentín— pasó en el Sur de la Florida, en nuestro traspatio. Hubo otro tiroteo en una escuela, otro más, esta vez en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en el condado Broward.

Las escenas de estudiantes corriendo desde un edificio escolar, reuniéndose con padres asustados y frenéticos, de los policías y los integrantes del equipo especial SWAT, ambulancias y cámaras de CNN, son desconsoladoras, y al mismo tiempo casi comunes tras ver otros hechos similares a lo largo de los años.

Un video de un estudiante, tomado en tiempo real, de compañeros de la escuela escondidos en un aula, diciendo en estado de shock: “¡Dios mío, Dios mío” mientras escuchaban disparo tras disparo, es aterrador.

Según Scott Israel, jefe de policía de Broward, el autor de los disparos, que fue detenido, es un ex estudiante que logró entrar en el plantel.

El sospechoso, identificado por las autoridades como un ex alumno de 19 años de edad, portaba un fusil AR-15 y varios cargadores.

Un estudiante afirmó a un noticiero de televisión local que el presunto autor de la masacre tenía armas en su casa y que solía hablar de ellas.

Jim Gard, un profesor de Matemáticas del centro docente, relató que el año pasado el sospechoso del tiroteo tenía prohibido entrar en la escuela con una mochila. Dijo que había amenazado a varios estudiantes.

No obstante, el superintendente del Distrito Escolar de Broward, Robert Runcie, dijo a la prensa que no tenía conocimiento de que se hubieran expresado preocupaciones sobre el estudiante.

Lo cierto es que el horror ha vuelto a golpear, esta vez en un centro docente. Es una pena y una vergüenza que esta tragedia se convertirá en la experiencia definitoria de la escuela secundaria de los estudiantes de ese centro en Broward.

Hasta el momento de escribir este editorial, el penoso saldo de muertes era de 17. Una vez más, una persona comete una masacre con un arma de guerra cuya adquisición no debería ser fácil. Una vez más, un arma de terrible poder letal cae en las manos de la persona que no debería tenerla.

Ahora, bajo la conmoción causada por el hecho de sangre, se debatirán medidas para que no siga creciendo la larga y dolorosa lista de matanzas cometidas por un individuo desquiciado contra personas inocentes y desprevenidas. Pero cuando transcurran las semanas, como ha ocurrido anteriormente, ¿el debate perderá intensidad y sentido de urgencia?

Lo que debemos tener en mente es que el horror volvió a pasar, esta vez aquí, en el Sur de la Florida, y penosamente puede volver a pasar si no tomamos por fin las medidas salvadoras y preventivas que hay que tomar.

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