Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: ¿Será el triunfo de López Obrador un alivio para Venezuela?

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo que restauraría la doctrina Estrada, que contempla la no intervención en los asuntos internos de otros países.
El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo que restauraría la doctrina Estrada, que contempla la no intervención en los asuntos internos de otros países. AP

Con su habitual lenguaje grandilocuente, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, felicitó a Andrés Manuel López Obrador por su victoria en las elecciones presidenciales de México: “Que se abran las anchas alamedas de soberanía y amistad de nuestros pueblos”, expresó Maduro en Twitter. Con López Obrador, continuó: “triunfa la verdad por encima de la mentira y se renueva la esperanza de la Patria Grande”.

Un reciente análisis de Associated Press indica que el triunfo de un político izquierdista en México quizá sea un alivio para otro gobierno de izquierda en América Latina, el de Maduro.

Hasta ahora, los sucesivos gobiernos mexicanos no han sido precisamente amigos del despotismo en Caracas. Cuando el difunto Hugo Chávez gobernaba en Venezuela, el presidente mexicano Vicente Fox lo criticó abiertamente por el pobre historial de derechos humanos del régimen chavista, al igual que censuró al gobierno del desaparecido Fidel Castro por las mismas razones.

El desencuentro entre México y Venezuela llegó al punto de que los dos países retiraron a sus respectivos embajadores entre el 2005 y el 2009.

El presidente saliente de México, Enrique Peña Nieto, tuvo una postura quizá más enérgica aún contra Maduro. En junio, el gobierno mexicano auspició una resolución en la Organización de Estados Americanos que permitiría a la OEA suspender a Venezuela bajo la acusación de que la reelección de Maduro, el pasado 20 de mayo, fue ilegítima.

El gobierno de México también ha estado colaborando con el de Estados Unidos para confiscar bienes de funcionarios venezolanos corruptos.

Esta actitud de México desde el gobierno de Fox infringe la tradicional política mexicana de no intervención en los asuntos internos de otros países, recogida en la doctrina Estrada, que data de 1930 y que lleva el nombre de Genaro Estrada, secretario de Relaciones Exteriores en aquel entonces.

La doctrina Estrada se oponía a la costumbre de determinar que el gobierno de un país era legítimo solo cuando lo reconocían los demás gobiernos. En su lugar, la nueva doctrina establecía el principio de no intervención en los asuntos de otros Estados y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Fue bajo la doctrina Estrada que el gobierno mexicano rechazó que el 31 de enero de 1962 se expulsara a Cuba de la OEA por los fuertes vínculos de La Habana con el bloque soviético.

López Obrador ha dicho que volverá a aplicar la Doctrina Estrada de no intromisión en los asuntos de otros países. “Seremos amigos de todos los pueblos y gobiernos del mundo”, expresó en el Zócalo, la plaza principal de la Ciudad de México, tras su victoria en la elección.

Si López Obrador aleja a México de los esfuerzos hemisféricos por resolver la crisis en Venezuela, Maduro podría respirar con alivio, al quitarse de encima la presión de uno de los países con más peso en la política continental.

Sin embargo, López Obrador, mucho más pragmático que Maduro, podría aprovechar una nueva relación más amistosa con Caracas para intentar ablandar la intransigencia del déspota venezolano y paliar la crisis política y humanitaria que padece Venezuela.

López Obrador es un hombre de izquierda, pero no un extremista. Sabe forjar alianzas y ha expresado que los cambios que promulgue “se darán con apego al orden legal establecido. Habrá libertad empresarial, libertad de expresión, de asociación y de creencias”, afirmó. El nuevo presidente mexicano, desde la izquierda, podría demostrar a Maduro que el arte de gobernar exige la concertación de compromisos. Como amigo de Venezuela, podría ejercer una influencia sobre Maduro y crear un ambiente propicio para la negociación y la búsqueda de una salida muy necesitada a la crisis.

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