Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Cuba: más de lo mismo

El gobernante cubano Raúl Castro pronuncia un discurso en la ONU el lunes pasado.
El gobernante cubano Raúl Castro pronuncia un discurso en la ONU el lunes pasado. Getty Images

La postura expresada por el gobernante cubano Raúl Castro en su discurso del lunes ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas fue más de lo mismo.

Sobre el proceso de la restauración de las relaciones con Estados Unidos, iniciado el pasado 17 de diciembre, Castro repitió que no habrá una normalización total si Estados Unidos no levanta el embargo, si no devuelve el territorio de la base de Guantánamo, si no le da una compensación al pueblo cubano por “daños humanos y económicos”, si no cesan las transmisiones de Radio y TV Martí, y si no elimina los “programas de desestabilización”. La mención a esos “programas de desestabilización” –como indica la periodista Nora Gámez Torres en su artículo Raúl Castro habla por segunda vez ante la ONU y defiende a sus aliados políticos [el Nuevo Herald, 29 de septiembre]– es “una referencia a los programas de apoyo a la democracia en Cuba”.

Todas esas exigencias ya se habían planteado desde el inicio del diálogo con vistas a normalizar las relaciones. Lo verdaderamente nuevo en este tema es que, en el podio de la ONU, Raúl Castro no le dio crédito a Washington por el proceso de deshielo, sino que lo atribuyó enteramente a “56 años de heroica y abnegada resistencia” del pueblo cubano.

Castro está subiendo la parada. Este martes le pidió al presidente Barack Obama que utilice sus facultades ejecutivas para debilitar el embargo contra Cuba, que data de 1962.

“No habrá progreso sustancial en el proceso de normalización sin cambios sustanciales en la aplicación del bloqueo”, dijo el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en Nueva York. Más que una exhortación, se percibe un tono de exigencia y también de urgencia.

El régimen cubano sabe que en las esferas políticas y económicas de Estados Unidos hay un fuerte movimiento por levantar el embargo y llenar de productos norteamericanos un mercado virgen que está a solo 90 millas de la costa floridana. Y también que muchos estadounidenses están fascinados con la isla, como lo demuestra el marcado incremento de las visitas turísticas desde que se anunció la restauración de relaciones. El régimen piensa que este es un buen momento para presionar a favor de que un caudal de dólares e inversiones fluya de norte a sur a través del Estrecho de la Florida y salve de la ruina a un régimen fracasado.

Entretanto, la parte cubana no ha avanzado una pulgada en el mejoramiento del clima de derechos humanos en la isla, como desea el presidente Obama. Esta vez, en la ONU, el régimen pasó a la ofensiva en ese tema, cuando el canciller Rodríguez dijo estar preocupado por la “brutalidad policial” en contra de los afroamericanos en Estados Unidos.

Pero el canciller olvidó que el régimen tiene un techo de vidrio y no mencionó, por ejemplo, los atropellos que comete la policía cubana contra las Damas de Blanco domingo tras domingo, cuando el grupo de mujeres marcha pacíficamente por la Quinta Avenida de Miramar, en La Habana. Tampoco recordó a los que están presos en Cuba por su postura política ante el gobierno, como el artista Danilo Maldonado, El Sexto, que lleva nueve meses encarcelado por un inocuo acto de irreverencia. Y parece haber olvidado el largo historial de abusos contra los derechos humanos en Cuba.

No es extraño que el proceso de normalización no haya avanzado con la rapidez que desean en La Habana. El gobierno norteamericano está haciendo concesiones, pero la otra parte sigue atrincherada en sus viejas posturas.

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