Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El peligroso desdén de Trump hacia la OTAN

El candidato republicano Donald Trump, en una foto de archivo en marzo.
El candidato republicano Donald Trump, en una foto de archivo en marzo. Archivo/el Nuevo Herald

Los norteamericanos pueden estar clamando por cambios, pero Donald Trump muestra imprudencia con ideas mal concebidas que desmontarían nuestras vitales alianzas de defensa en todo el mundo.

En la víspera de su discurso de aceptación, el jueves pasado, el nominado republicano a la presidencia sugirió que si Rusia ataca a uno de los pequeños países bálticos que se unieron recientemente a la OTAN, decidiría si Estados Unidos lo ayuda teniendo en cuenta si ese país ha cumplido con sus obligaciones financieras.

Como parte de su política exterior aislacionista e incoherente, también repitió su amenaza de retirar tropas norteamericanas en distintos países. Estados Unidos debe ser “adecuadamente reembolsado por el enorme costo” de defender a otros países, muchos de los cuales son “sumamente ricos”, dijo Trump al New York Times. “Estaría totalmente preparado para decirles a esos países: Felicidades, ahora se defenderán ustedes mismos”.

Nuestra relación con la OTAN —y con otros aliados claves— no es un acuerdo de negocios. Es una piedra angular de la seguridad nacional de Estados Unidos y de la paz mundial, y el próximo comandante en jefe debe entenderlo.

Las críticas a las declaraciones de Trump no tardaron en llegar, incluso de republicanos que cuestionan las credenciales en seguridad nacional de la nominada demócrata Hillary Clinton.

Es cierto que la mayoría de los países de la OTAN no llegan al objetivo de destinar el 2 por ciento del Producto Interno Bruto a los gastos de defensa, como el presidente Obama señaló en su última cumbre de la OTAN este mes en Varsovia. Pero eso es muy distinto a decir que el compromiso de Estados Unidos con el principio fundamental de defensa mutua de la OTAN depende de que los países paguen.

En respuesta a un enorme fortalecimiento militar ruso y a su agresión contra Ucrania, los líderes de la OTAN acordaron en Varsovia desplegar más fuerzas en los estados bálticos de Lituania, Estonia y Letonia, así como en Polonia.

Las declaraciones de Trump son “tan peligrosas como irresponsables”, dijo Ojars Kalnins, presidente del comité de asuntos exteriores del Parlamento de Letonia, a la radio letona. “Eso no será bueno para la unidad de la OTAN ni para la situación de la seguridad”.

En la entrevista con el Times, Trump admitió que su política exterior era radicalmente distinta de las tradiciones del Partido Republicano. El presidente de la campaña de Trump trató de explicar las declaraciones del candidato, pero el daño ya estaba hecho. En su discurso de aceptación, Trump suavizó su postura, elogiando a la OTAN por agregar un componente de antiterrorismo a su labor.

Mientras demócratas y republicanos discrepan en el uso de la fuerza, la creación de naciones y otras estrategias, los presidentes de ambos partidos han apoyado decididamente a la OTAN, creada en 1949 para proteger a Europa frente a la Unión Soviética. Según el tratado de la OTAN, un ataque armado contra cualquiera de sus 28 estados integrantes se considera un ataque contra todos.

Los norteamericanos deben recordar –ya que al parecer Trump no lo recuerda– que el Artículo 5 se invocó por primera vez después de los ataques terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos.

Los tres países bálticos enviaron soldados a Afganistán; 13 de ellos murieron, junto con más de 1,000 soldados de otros países de la OTAN.

Si queremos ganar la guerra contra lo que Trump llama terrorismo islámico radical, necesitamos la ayuda de nuestros aliados, compartiendo información y destacando tropas para combates terrestres.

Eso se hace fortaleciendo nuestras alianzas, no destruyéndolas.

Este editorial se publicó originalmente en inglés en el Sacramento Bee.

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