Alejandro Armengol

Saludando a Trump a cañonazos

Por lo general el gobierno cubano ha utilizado los ejercicios militares “Bastión”, surgidos durante la época de la presidencia de Ronald Reagan, como un recurso para desviar la atención hacia los problemas internos. Ahora Raúl Castro revive esa vieja táctica para saludar la elección de Donald Trump.

No es que el ejercicio bélico sea, solo y simplemente, una respuesta desde la isla al resultado electoral de Estados Unidos. Tampoco otorgarle un mérito excesivo a los servicios de inteligencia cubanos, que habrían logrado predecir acertadamente en lo que se equivocaron muchos expertos, de este país y del resto del mundo. Como ocurre siempre con Cuba, es algo mucho más complejo.

La motivación principal para las maniobras bélicas anunciadas por La Habana es interna, no externa. En el exilio, como suele ocurrir, se peca de la asociación fácil. Cuba no se prepara para una guerra que no vendrá con Trump, y la jerarquía del país lo sabe. Únicamente apela a un recurso, viejo pero efectivo, para “distraer” a la población de los problemas internos, al tiempo que se reafirma en su anquilosamiento. Si todo ello coincide con el anuncio de un nuevo inquilino en la Casa Blanca, que en sus últimos días de campaña electoral escarbó votos en el centro más “combativo” del viejo exilio, con declaraciones al uso, pues mejor todavía: posiblemente más despliegue en la prensa oficial de la isla, titulares de mayor advertencia y la palabra “agresión imperialista” sacada nuevamente del baúl. Pero nada más.

Hay, sin embargo, semejanzas y diferencias que no deben ser soslayadas.

Lo primero es enfatizar que tales maniobras no se han ordenado a consecuencia de un resultado electoral al otro lado del estrecho de la Florida. Ni es tampoco la primera vez que se llevan a cabo.

Es la séptima vez que Cuba realiza estos ejercicios, pero también los mismos han ocurrido —en ocasiones— en momentos de alta tensión con Estados Unidos. No ocurre así ahora, pero la Plaza de la Revolución viaja al pasado para continuar en su empeño de perpetuar el presente.

El primer ejercicio de este tipo se realizó en 1980 tras la elección de Ronald Reagan a la presidencia. En el período de 1980 a 1986 se llevaron a cabo tres. En el 2004, 18 años más tarde, se decidió reiniciarlos. Para ello se efectuó “Bastión 2004”, dirigido por Fidel Castro entre el 13 y 19 de diciembre. Desde 2004 no se desarrolló ninguno hasta 2009. En 2008 se anunció su realización, pero luego fue cancelado debido a los destrozos causados por huracanes y las necesidades de la reconstrucción. Tras esa fecha volvieron a interrumpirse. En el 2013 se llevó a cabo uno. Es decir, que incluso durante la presidencia de Barack Obama dichas maniobras se esparcieron, no cesaron.

Los mandos cubanos pueden entonces argumentar que se trata de una práctica “rutinaria”. Los meses elegidos —noviembre y diciembre— siempre han sido los mismos.

Pero esa rutina a veces resulta en coincidencias sospechosas.

“Bastión 2009” ocurrió en noviembre de ese año, y marcó el primer simulacro bélico tras la elección de Obama y luego de que Raúl Castro asumiera el mando cotidiano en los asuntos gubernamentales.

Hal Klepak, un experto y profesor emérito del Real Colegio Militar de Canadá, consideró en aquella ocasión que las maniobras tenían más que ver con enviar un mensaje a los que intentaran desestabilizar al país que con un asalto real en ese momento. Tal objetivo se repite ahora.

Todo apunta en que —con independencia del triunfo de Trump o de Hillary Clinton— La Habana ya preparaba su operación con dos intenciones: una nacional y otra dirigida hacia Washington. Solo que ahora, tras conocerse los resultados electorales, ambos frentes posiblemente se intensifiquen y la presión aumente en ambas direcciones.

Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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