Andrés Reynaldo

¿Y todavía se pregunta por qué salió Trump?

El presidente Donald Trump habla en una reunión con ejecutivos de la industria manufacturera en State Dining Room de la Casa Blanca en Washington, D.C., el 23 de febrero.
El presidente Donald Trump habla en una reunión con ejecutivos de la industria manufacturera en State Dining Room de la Casa Blanca en Washington, D.C., el 23 de febrero. TNS

Perdóname que te lo repita: Donald Trump no es la causa, sino el efecto. Las circunstancias no van a cambiar si sacas a Trump de la ecuación. De hecho, la visceral reacción de la izquierda contra Trump en todo el mundo confirma la inexorabilidad de las circunstancias. Así que para elevar un poco la calidad del debate, debes empezar por preguntarte qué fue lo que pasó, cómo te las arreglaste para que la única opción con futuro (pues en las elecciones la gente apuesta por el futuro) tuviera que ser precisamente Trump.

En principio, tienes que admitir la legitimidad del votante. No sigas diciendo que Trump fue elegido por lo más reaccionario, ignorante y racista de la sociedad norteamericana. Al menos, no lo digas sin tomar en cuenta que lo más reaccionario, ignorante y racista de la sociedad norteamericana ha encontrado igualmente su nicho en las totalitarias, divisivas y agresivas construcciones de la corrección política y el multiculturalismo. Nada más reaccionario en el mundo de hoy, diría yo, que la izquierda, aún en sus pálidas tonalidades. Asómate a Europa. Asómate a nuestra América Latina.

Asimismo, es fundamental que mantengas tu fibra ética. Cuestión de sensibilidad. Vaya, de civilización. Se trata de entender el valor de la persona por sí mismo y no por su filiación tribal, su raza, sus preferencias sexuales. Cierto, debemos contemplar el peso de las circunstancias en esa madre de un barrio marginal que le carga siete hijos al sistema de bienestar social, en el criminal adolescente que mata y muere oliendo crack, en fin, hasta en el menos meritorio de los casos que abarrotan los archivos de los activistas de las minorías. Entonces, ¿por qué no extiendes ese margen de comprensión a aquellos ciudadanos que se oponen al aborto, se niegan a vestirse de domingo con una camisa de fuerza políticamente correcta y multiculturalista y creen (con la misma pasión con que tú crees en los más estúpidos tópicos contraculturales) que Dios hizo al mundo en seis días?

Coherencia. Necesitas más coherencia. Veo que has descubierto a Vladimir Putin. Hombre peligroso, sin duda. Un autócrata, sin duda. Un serio peligro para la paz mundial. De acuerdo estamos con el presidente Barack Obama en que Putin no juega en nuestro equipo. Ni pensarlo. Ahora, ¿dónde estabas tú cuando Putin se anexó descaradamente Crimea a la sombra de la incompetencia, la indecisión y el leguleyismo de Obama? ¿De veras acabas de descubrir que Putin es un siniestro ex agente de la KGB? ¿Y cuándo te importaron a ti los horrendos crímenes de la KGB? Tu contradicción desborda la balanza. A Trump, que aún no le ha dado nada a Putin, lo acusas de agente ruso. ¿Y de qué acusaste a Obama cuando se lo dio todo a Putin?

Abre los ojos. Con Trump o sin Trump se te acabó la carretera. Ya se te venía acabando con las sucesivas derrotas en las elecciones de medio término a partir del 2010. Finalmente, llegaste a las elecciones presidenciales con una candidata que debía estar sentada en los tribunales y un candidato que debía estar sentado en un círculo de estudio marxista para suecos de la tercera edad.

Tú lo sabes. Todo proceso gira en dirección opuesta cuando alcanza el punto de su plenitud. Obama fue el punto de plenitud de la izquierda liberal en Estados Unidos. Trump no es la ola. Trump es el tipo que se las arregló, mal que bien, para cabalgar la ola. Yo sé que la circunstancia es de vértigo. Pero siempre es mejor si abres los ojos.

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