Andrés Reynaldo

La movida de la Fundación Cintas, parte de una trama compleja y repugnante

La Fundación Cintas anunció que artistas residentes en la isla pueden aspirar a las becas y que ha aumentado el monto del premio.
La Fundación Cintas anunció que artistas residentes en la isla pueden aspirar a las becas y que ha aumentado el monto del premio. el Nuevo Herald

A la Fundación Cintas se le deshizo el lazo que la ataba al exilio. Más bien, se lo deshicieron.

Desde 1963, lo mejor de una cultura cubana en libertad (repito: en libertad) se benefició de los fondos y el renombre de la Beca Cintas. La misión original de ayudar a los creadores dentro y fuera de la isla fue limitada por la voluntad totalitaria del castrismo. Cualquier beneficiario de una institución cubana asentada en Estados Unidos se hubiera buscado serios problemas, cuando no la cárcel. Ahora, con el restablecimiento de relaciones, los gerentes de la fundación quieren volver a los orígenes. La Beca Cintas ha sido convocada en ambas orillas.

El problema es que son las orillas de una tragedia nacional provocada por la más larga y represiva dictadura de las Américas. Una frontera moral, antes que geográfica. El industrial y diplomático Oscar B. Cintas, quien murió en 1957, no pudo anticipar esa escisión de la nación cubana. Sin embargo, el carácter de sus colecciones de arte y manuscritos, así como su trayectoria en los negocios y la política, sus cartas y el testimonio de amigos y parientes lo figuran como un humanista y un librepensador. No veo mucha tela para hacerle un traje de afinidades castristas al diplomático que contribuyó a lograr la renuncia del presidente Gerardo Machado, al amigo de Orestes Ferrara y Franklin Delano Rooselvelt, al coleccionista de Velázquez, Frans Hals, El Greco y Goya que en 1949 conmocionó el mercado de las subastas pagando una fortuna por la versión final del Discurso de Gettysburg, de Abraham Lincoln.

La posibilidad de conceder una beca Cintas a un creador comprometido con la dictadura traiciona el mandato del fundador, y ofende a cientos de recipientes de las becas que sufrieron incontables vejámenes, ostracismo, censura y prisión

Víctor Luis Deupi, presidente de la fundación, alega que Cintas nunca vivió para ver lo qué pasó y que es imposible especular cómo se habría sentido. El argumento ofende la inteligencia. Principalmente, la inteligencia de Deupi. Este es un paso con amplio conocimiento de todo lo que se abandona y todo lo que se abraza. La posibilidad de conceder una beca Cintas a un creador comprometido con la dictadura traiciona el mandato del fundador, separa a la fundación del contexto que le dio sentido y prestigio a su misión y ofende a cientos de escritores, artistas y músicos recipientes de las becas que sufrieron incontables vejámenes, ostracismo, censura y prisión. Lejos de devolver la fundación a sus orígenes, Deupi y sus asociados la han inscrito en el proyecto de cooptación de las instituciones culturales del exilio por parte de la dictadura.

Probablemente, ya esta sea una batalla perdida. Sepamos, al menos, por qué y cómo la perdimos. Hace años que un grupo de cubanoamericanos viene trabajando con ahínco en crear una red filantrópica, promocional, académica y comercial en torno a los artistas cubanos en la isla. Figura clave de ese esfuerzo es Ben Rodríguez Cubeñas, que preside el Cuban Artist Fund. Como es de suponer, las iniciativas atañen a instituciones y artistas oficiales o depositarios del beneplácito oficial. De hecho, se ha establecido una relación simbiótica entre estos cubanoamericanos y el mundillo cultural de la dictadura. La trama, compleja y repugnante, va mucho más allá del indolente, primerizo y aristocrático gozo de experimentar en territorio insular una identidad cubana a espaldas de la realidad cubana.

El pintor y escritor Juan Abreu, que acaba de renunciar en protesta a su calidad de ganador de una beca Cintas, dijo: “La República de Cuba, hasta que no pueda existir en su natural territorio geográfico, sólo y exclusivamente existe en el exilio formado por los cubanos libres”. El espíritu de Cintas, pues, sigue en el exilio. Deupi y sus asociados cruzaron la frontera.

@AndresReynaldo1

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