Andrés Reynaldo

Los ataques sónicos, de crisis diplomática a crisis económica para Castro

El gobernante cubano Raúl Castro en noviembre del 2016.
El gobernante cubano Raúl Castro en noviembre del 2016. AP

Los diplomáticos perdieron el oído. Raúl Castro empezó a perder dinero. En el affaire de los ataques acústicos contra diplomáticos de Estados Unidos y Canadá no hay misterio, sino hermetismo. El misterio muestra su escenario y sus actores. Los eventos inexplicables adquieren su irreal dimensión, precisamente, por el contraste con los eventos explicables. El hermetismo niega la existencia del misterio. Pues si comenta los eventos explicables revelaría los eventos inexplicables.

En principio, Washington habla de accidente. Raúl niega saber algo y propone una investigación conjunta. Luego, Washington habla de ataque y Raúl pasa de la negación de conocimiento a la negación de los eventos en general. Se trata de una patraña, dice el vicepresidente Miguel Díaz-Canel. La vocera del círculo íntimo del poder, Mariela Castro, califica el affaire como una imaginativa construcción propia de La Guerra de las Galaxias. El ex corresponsal de la BBC, Fernando Ravsberg, uruguayo asentado en Cuba por dos décadas, se adelanta al oficialismo y acusa inequívocamente a la CIA. Dice: es un “Maine acústico”, un remedo de la provocación del Golfo de Tonkín. Las hipótesis tejen el manto de la propaganda.

No es que me toque defender a la CIA. Valga, sin embargo, una defensa del sentido común. Para montarle una provocación a Raúl, Washington tiene a mano un amplio menú de antiguas y actuales transgresiones. Por supuesto, la CIA comete pifias. Sobre todo, tras la estampida de muchos de sus mejores analistas y operativos durante la administración de Barack Obama. Aún así, es inconcebible que alguien en su juicio pretenda garantizar un mínimo secreto en una operación que reúne, entre otros muchos, a más de una veintena de diplomáticos norteamericanos y canadienses con familiares de todas las edades, especialistas de las universidades de Miami y Pensilvania, diversas ramas de los departamentos de Estado y Justicia además del FBI, la Real Policía Montada de Canadá, el Departamento de Relaciones Exteriores y Comercio Internacional de Canadá y el sindicato del servicio exterior de Estados Unidos. Entendemos que Ravsberg tiene que pagar su diezmo a las circunstancias. Para tomarlo por el lado más sano, no podemos dejar de notar que ese “Maine acústico” y ese tenebroso Golfo de Tonkín sólo pueden ser avizorados desde el Zepelín de la Bobería.

Fidel tenía un talento para convertir las crisis políticas de Cuba en crisis inmigratorias de Estados Unidos. Aquí observamos cómo a Raúl se le está convirtiendo una crisis diplomática con Estados Unidos en una crisis económica, con un temido potencial desestabilizador. Al fin, justicia poética. La cancelación de visas y la alerta de no viajar a los ciudadanos norteamericanos constituyen, respectivamente, una subida de presión a la olla política y un disparo a la línea de flotación del turismo. A esto se agrega una alerta de las autoridades canadienses sobre los riesgos de ser víctimas de estafadores, jineteros, asesinos, falsificadores y rateros de toda laya. A sus atracciones de anacrónico parque temático, La Habana añade las zozobras del Londres de Dickens. Hasta el cierre de esta columna las rebajas de hoteles extranjeros y nacionales, así como de los hostales y casas particulares, llegaban al 65 por ciento.

La pasada semana, el Departamento de Estado dio a conocer que algunos turistas estaban sufriendo los mismos síntomas de los diplomáticos y sus familiares a su regreso de La Habana. El fantasma de la demanda colectiva atraviesa la escena del misterio. De puertas afuera, Raúl insistirá en que no ha pasado nada. Su certeza nutre nuestra sospecha. Puertas adentro, tiene que estar muy preocupado con todo este ruido en el sistema.

@AndresReynaldo1

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