Andrés Reynaldo

En Cuba todo es ‘Teatro, puro teatro’

Un campesino ara la tierra con una yunta de bueyes en la ciudad de Pinar del Río, a unos 150 kilómetros al oeste de La Habana. Recientemente, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) enfatizó que, por cuenta propia, no se podía importar una semilla ni exportar un plátano.
Un campesino ara la tierra con una yunta de bueyes en la ciudad de Pinar del Río, a unos 150 kilómetros al oeste de La Habana. Recientemente, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) enfatizó que, por cuenta propia, no se podía importar una semilla ni exportar un plátano. EFE

La reacción oficial a la visita del presidente Barack Obama y el VII Congreso del Partido Comunista imponen algunas dificultades al discurso del cambio-fraude. En efecto, lo despoja de su mejor argumento: que todo esto se hizo (se hace) para empoderar al pueblo cubano.


A las libertarias palabras de Obama en el Gran Teatro de La Habana (a fin de cuentas es un político moderno que cree en la democracia) le siguió el feroz correctivo de Raúl Castro en el gran teatro del congreso. Cero apertura política, los negocios grandes para la elite y al cuentapropismo le irá bien siempre y cuando no le vaya demasiado bien.


Ninguna de las sustanciales medidas norteamericanas destinadas a beneficiar a los cuentapropistas ha sido reciprocada por Raúl. Principalmente, la importación y exportación con Estados Unidos. Esas medidas, han dicho en La Habana, tienen la tenebrosa intención de apartar al sector privado del sector estatal. Hace pocos días, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) enfatizó que, por cuenta propia, no se podía importar una semilla ni exportar un plátano.

El ex presidente del Gobierno español, José María Aznar, dice que aunque el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha sido una decisión positiva, ha servido para legitimar internacionalmente al régimen castrista.

No debemos mordernos la lengua frente a un sector del exilio que se ha prestado, junto con la Iglesia Católica, a darle un segundo aire a la dictadura

De manera que todo ha ido ocupando su lugar. Obama en lo suyo, Raúl de fiesta y Liborio en las mismas. En el bar del Hotel Saratoga, en La Habana, los millonarios de Miami comparten mojitos con los funcionarios del comercio y las relaciones exteriores. Tomando las anécdotas de ocasionales testigos, en esos encuentros se habla mal de los disidentes y peor de los exiliados. Una insólita reconciliación de las elites sobre los intereses de la piñata. Las fotos hablan por sí solas.


Es momento de hacer un sano balance. Durante años, un grupo de prominentes cubanos nos dijo que el deshielo estaba encaminado al empoderamiento del cubano de a pie. Sin embargo, lo que estamos viendo es el empoderamiento de Raúl. Y el cubano de a pie está cruzando la frontera de Panamá. A falta de reformas sustanciales, la propaganda de la dictadura despliega un espectáculo de fuegos artificiales, mientras por la puerta de atrás se cuecen los acuerdos que llenarán los bolsillos de la oligarquía castrista y sus facilitadores.


Hace pocos días, uno de los arquitectos de las relaciones con Cuba, Ben Rhodes, asesor de seguridad nacional de Obama, hablaba de cómo se fraguó el acercamiento a Irán. El proceso tiene muchos puntos en común con el caso cubano. Particularmente en lo relativo a la creación de un estado de opinión nacional e internacional favorable a la distensión con unos enemigos que ni siquiera se toman el trabajo de aparentar una disposición al cambio. Por la pasarela de Karl Lagerfeld, ¿alguien vio alguna dama de blanco?

No debemos mordernos la lengua frente a un sector del exilio que se ha prestado, junto con la Iglesia Católica, a darle un segundo aire a la dictadura. De hecho, el silencio de estas personas frente a la incesante represión y frente a la renuencia de Raúl a emprender sustanciales reformas, implica un grado de colaboracionismo. Perdamos el miedo a la palabra: colaboracionismo. No menos repugnante porque sea tácito. Un día se sabrá por qué cada uno jugó éste y aquel papel. Quién porque le tomaron el pelo. Quién porque todavía cree (de buena pero inútil fe) que puede moderar al castrismo. Quién porque lo controla la Seguridad del Estado. Quién por vanidad, por avaricia.

En Cuba, la disidencia entiende que debe hacerse cada día más visible y más efectiva. Aquí, en Miami, en la sala de espera del diálogo se nos muere la llama de la resistencia.

Periodista y escritor. Reside en Miami.

Los altos precios y la escasa oferta en tiendas y mercados continúa siendo un problema fundamental para los cubanos en la isla, donde un plato en una paladar puede costar tanto como el salario de un mes.

Un hombre con una bandera de Estados Unidos fue arrestado en el puerto de La Habana cuando esperaba al crucero Adonia, procedente de Miami. Aparentemente, el hombre comenzó a gritar consignas contra el gobierno y fue confrontado por simpatizantes

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