Columnistas & Blogs

Un americano perdido en la historia de Cuba

Paul Hughes.
Paul Hughes.

Un bombardero B-26 volaba a baja altura sobre el centro de Cuba en el atardecer del 1ro. de enero de 1959 al mando de un piloto estadounidense que buscaba con desesperación una pista donde aterrizar el destartalado avión en el que había salido de Miami con cuatro jóvenes antibatistianos.

Cuba era un caos. El dictador Fulgencio Batista había salido de la isla en la víspera y el revolucionario Movimiento 26 de Julio, al mando de Fidel Castro, tomaba las riendas del poder.

Después de varios intentos, el piloto Paul Hughes decidió aterrizar en una corta pista del aeropuerto de Trinidad en medio de ráfagas disparadas desde el campanario de la catedral del pueblo por combatientes del Segundo Frente Nacional del Escambray, que confundieron el aparato con un avión de la dictadura.

Con pañuelos blancos ondeados desde la cabina los ocupantes persuadieron a los guerrilleros para que suspendieran el ataque y de los tiros se pasó a los abrazos de bienvenida a los amigos de insurrección que iban a bordo del avión: allí estaban el médico Armando Fleites, comandante del II Frente Nacional del Escambray, el arquitecto Rafael Huguet, líder revolucionario que conspiraba desde Miami así como Juan Diego Cobelo, también médico, y Pupy Padrón, ambos del Movimiento 26 de Julio que se habían exilado en la Florida.

Aterrizar un bombardero sin insignias en un país en guerra parecía entonces una aventura pasajera de jóvenes temerarios, pero esa osadía se convirtió para los ocupantes del avión en un punto de intersección de sus destinos que cambió sus vidas para siempre.

"Fue un vuelo sin retorno de unos locos que Dios quiso proteger'', comentó Fleites. ‘‘Pero al mismo tiempo fue nuestro Granma [en referencia a la embarcación insignia del Movimiento 26 de Julio], un avión en el que regresé con una misión cumplida''.

Cada uno de los pasajeros tomó su camino. Fleites y Huguet comprobaron el frustrado saldo de sus sueños políticos desde las dos orillas de la historia de la revolución cubana, luchando con Castro y contra Castro; Cobelo y Padrón se quedaron en la isla y desempeñaron altos cargos ministeriales.

Sólo uno de los protagonistas del vuelo nunca pudo hacer el balance. El veterano Hugues desapareció el Día de las Brujas de 1960, luego de salir de un aeropuerto de Fort Pierce, Florida, comandando un avión robado en el que llevaba tres bombas marcadas con los nombres de tres amigos fusilados por Castro para soltarlas en La Habana, una de ellas sobre el Palacio Presidencial.

Unas fotografías tomadas horas antes antes de la salida del vuelo por la revista Life, fueron los últimos datos ciertos y seguros que se supieron de Hughes.

Hoy, casi 50 años después, su esposa Bernice y sus hijos -- cuatro mujeres y un varón -- no saben lo que ocurrió con el piloto desaparecido a los 32 años de edad.

Los hallazgos de la familia están hechos de retazos de recuerdos que han rogado a testigos voluntarios y reticentes y de lo que hanleído en documentos oficiales, algunos densamentecensurados por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Donde hay lagunas y dudas en torno a la vida de Hughes, la gente les ha contado leyendas.

Encarcelado por la policía revolucionaria cubana; acusado de planear una invasión a Nicaragua y un bombardeo en República Dominicana; autor de incendios de plantaciones de azúcar en la Cuba postrevolucionaria; señalado como sospechoso de haber delatado un desembarco anticastrista a la isla que desencadenó la ejecución de tres norteamericanos, y considerado por la embajada de Estados Unidos en La Habana como un informante, Hugues continúa siendo una incógnita para su propia familia que aún espera una respuesta sobre su paradero.

"Estos años de búsqueda han sido un proceso frustrante pero también curativo porque durante mi infancia mi familia pensaba que él era un loco delincuente, pero ahora pienso que era parte de una historia más grande, y nosotros no sabemos esa historia cómo fue'', comentó Karen Hughes.

Se agrega a la intriga que algunos documentos desclasificados reflejan que durante 1959 y parte de 1960, Hughes pasó información al gobierno de Estados Unidos -- especialmente al agregado naval de la embajada en La Habana -- acerca de las operaciones revolucionarias y del régimen de Castro.

Basándose en los recuerdos de sus compañeros, en entrevistas con Karen, quien vive en California, y en documentos de los Archivos Nacionales de Washington, El Nuevo Herald reconstruyó los episodios, casi todos inéditos, de la intensa vida de este piloto veterano de la guerra de Corea, a quien la historia de Cuba escasamente le ha concedido un pie de página.

En su juventud, Hughes fue un muchacho travieso que jugaba en la frontera de la delincuencia juvenil pero sin ánimo de hacerle daño a nadie, según Karen. Hacía cosas como robarse un jeep militar para pasear a sus amigos.

Cuando se marchó a la guerra de Corea como piloto era una persona comunicativa, pero a su regreso se transformó en hombre introvertido.

"Algo pasó, no sabemos qué, pero dice mi mamá que no era el mismo'', agregó Karen.

Hijo de un piloto de laPrimera Guerra Mundial, Hughes fabricó a los 18 años un avión en el que llevó a volar a quien sería su esposa el mismo día que la conoció en un ascensor de Sears, en Atlanta. El trabajaba como jefe de bodega y ella en las oficinas administrativas. Se casaron en 1949 y tuvieron cinco hijos.

Como veterano de guerra, Hughes obtuvo una beca para estudiar Ingeniería Aeronáutica en Georgia Tech adonde acudían varios jóvenes de familias cubanas acomodadas. Entre ellos, Huguet, estudiante de arquitectura, hijo de un condecorado capitán de navío, veterano de la Segunda Guerra Mundial que vivía en La Habana.

Huguet tenía entonces unos 19 años y su interés por la política de la isla era mínimo. Esa apatía se acabó una mañana en que se levantó en su casa en El Vedado, donde pasaba vacaciones de receso estudiantil, y vio a su padre con el rostro ensangrentado.

Había sido salvajemente golpeado con manoplas por una pandilla de Rolando Masferrer, un temible jefe paramilitar que defendía la dictadura de Batista. Al regresar a la universidad, Huguet se unió a otros jóvenes del Directorio Revolucionario que ya habían avanzado en la empresa contra el dictador y hacían mítines en el recinto de la universidad.

Quizás en uno de esas reuniones, recuerda Huguet, fue que se le acercó Hughes para enterarse de la organización estudiantil.

"A Paul no hacía falta convencerlo porque él era un alma inquieta, quería libertad, quería la guerra, y como en guerra estaba yo, pues fue más fácil'', explicó Huguet.

Con dinero recaudado entre ellos, los estudiantes alquilaron una avioneta Cessna 172 en la que Hughes llevó varias veces armas desde Atlanta al sur de la Florida. De allí eran enviadas a Cuba camufladas en los guardafangos de un transbordador que cubría la ruta Cayo Hueso-La Habana.

Hugues se excusaba con su esposa de sus ausencias en estos días diciéndole que había sido contratado por un grupo de estudiantes cubanos para llevarlos a la isla de vacaciones.

Miami era entonces un foco de febriles conspiraciones antibatistianas. El presidente Carlos Prío Socarrás, depuesto por Batista, vivía en la ciudad.

Huguet, ya graduado de arquitecto, vivía en las habitaciones del hotel Tradewinds, de Miami Beach, donde se fraguaban toda clase de operaciones de sabotaje a la dictadura y de apoyo al creciente movimiento insurreccional de la isla.

Alrededor de noviembre de 1958, Fleites, quientenía el cargo de secretario del Frente Cívico Revolucionario del II Frente del Escambray, al mando de Eloy Gutiérrez Menoyo, logró salir clandestinamente de Cuba por vía marítima hacia el sur de la Florida con una misión política y otra militar.

La política, recuerda Fleites, consistía en convencer a Prío de que regresara a Cuba para crear un gobierno constitucional de desafío a la dictadura de Batista en las montañas del Escambray y que a su vez le hiciera contrapeso a las ambiciones de Castro.

"No queríamos una fuerza hegemónica en la revolución, estábamos por la tesis del equilibrio de fuerzas'', explicó Fleites en una entrevista en su consultorio de La Pequeña Habana.

La misión militar de Fleites era llevar armas para el frente en el que algunos de los combatientes entrenaban con fusiles de madera.

Según Huguet, el piloto escogido para transportar a Prío fue Hughes. Con $5,000 que le entregó Huguet, el aviador compró el B-26, un avión que llevaba dos años sin volar.

A pesar de la oposición de la familia, Prío prometió que cumpliría con la propuesta de los jóvenes revolucionarios en enero del año siguiente, según Huguet y Fleites, pero los acontecimientos en Cuba se desarrollaron a una velocidad no prevista, y el plan quedó frustrado cuando Batista abandonó la isla el 31 de diciembre.

No está muy claro si se trataba del mismo plan que Max Lesnick, quien entonces era jefe de propaganda de la retaguardia del II Frente Nacional del Escambray, explicó a El Nuevo Herald. Según Lesnick, la propuesta de llevar clandestinamente a Prío a Cuba fue una iniciativa suya que surgió porque "lo único que le faltaba a la lucha contra Batista era una legalidad constitucional''.

Lesnick aclaró, sin embargo, que no se trataba de cerrarle el paso aCastro sino de ofrecerle que ocupara el cargo de primer ministro una vez triunfara la revolución.

Prío sería albergado y protegido en la finca El Mamey, en Manicaragua, provincia de Villa Clara, que contaba con una casa muy comoda, teléfono y una pista aérea cercana, explicó Lesnick.

Al desmoronarse el plan, recuerda Huguet, sus compañeros de grupo decidieron viajar a Cuba a dar el último aliento a la revolución y reconstruir el país.

Vestidos de paisanos y con algunas armas, los cuatro salieron en el vetusto bombardero desde el aeropuerto internacional de Miami.

Mientras Hughes luchaba con los mandos para mantener el brioso aparato en el aire, una de las ventanillas de la cabina salió disparada y cayó en la pista de carreras de perros del noroeste de Miami.

Las compuertas del desocupado depósito de bombas, se abrían y se cerraban en pleno vuelo, y dice Huguetque de milagro Fleites no cayó al vacío cuando gateaba en dirección a la cabinade mando desde la torreta trasera del avión.

A muy baja altura,Hughes ingresó en territorio cubano e intentó aterrizar en la carretera Circuito Sur, entre Cienfuegos y Trinidad, pero minutos antes abortó la operación presintiendo que el avión podría desbaratarse. Luego hizo una aproximación en el aeropuerto de Trinidad, donde finalmente aterrizó en medio de la balacera.

"Desde la cabina sacamos pañuelos y finalmente nos reconocieron, eran nuestros compañeros'', dijo Huguet. "Pero las puertas del avión no abrían y tuvimos que salir por el hueco que había dejado la ventanilla que salió volando''.

Al triunfo de la revolución, Huguet, que nunca había tripulado un avión en su vida, recibió el grado de capitán de la Fuerza Aérea, y Hughes, también nombrado capitán, fue designado como instructor con derecho a operar todos los aviones de la flota, aunque no los hubiera piloteado antes.

Un día el piloto invitó a su amigo Huguet a bordo de un cazabombardero T-33 y lo sometió a un pavoroso vértigo surcando en piruetas audaces el cielo habanero. Al final de las maniobras, Huguet, quien trataba de mantenerse sonriente para que Hughes no se aprovechara de su cara de terror, escuchó por la radio del avión que un piloto militar pedía pista con urgencia porque temía que el "americano loco'' causara un accidente debido a que jamás había piloteado el T-33.

En tierra, Huguet se fue a los puños con Hugues por semejante imprudencia, recuerda.

Tras el triunfo dela revolución, Hughes regresó a Atlanta y notuvo problemas en conceder una entrevista a un periódico local. Allí reveló su flamante cargo en el gobierno cubano, advirtiendo, eso sí, que continuaba siendo anticomunista.

En marzo llevó a vivir a su esposa y a sus hijas a la casa número 19406 del reparto habanero de Biltmore, en la calle 198 y la avenida 17, que se la había asignado la revolución gracias a la intervención de su amigo y paisano William Morgan, el entonces venerado líder revolucionario del Escambray.

Karen recuerda que la casa tenía muchas habitaciones, piscina, sala de cine, y un sótano al que su papá les tenía prohibido asomarse.

"Recuerdo que siempre había mucha gente, entrando y saliendo a la casa'', afirmó Karen.

A fines de junio de 1959, un acontecimiento interrumpió abruptamente el lento pero placentero proceso de adaptación de la familia a la vida de la isla en una casa en la que la única que hablaba español era Anelia, la nana de los hijos.

La casa fue allanada porla policía revolucionaria y Hughes fue arrestado junto con los visitantes Joseph Bardor, un director de cine estadounidense, Efrén Pichardo, enlace del Movimiento 26 de Julio en la Florida, naturalizado en Estados Unidos, y el periodista británico John Wilson.

En la casa de Hughes, señala un documento de la embajada de Estados Unidos, se encontró una gran cantidad de armas que serían usadas para invadir por tierra y aire a Nicaragua, entonces bajo la dictadura de Luis Anastasio Somoza Debayle.

En la operación estaban involucradas unas 200 personas, la mayoría estudiantes de la Universidad de Miami y de la Universidad Católica de Washington, agrega el reporte.

Fleites comentó a El Nuevo Herald que la misión existía y estaba en marcha. El célebre bombardero B-26 que había sido pintado con el símbolo del II Frente, sería usado para apoyar a las fuerzas contra Somoza que estaban al mando del guerrillero nicaragüense Indalecio Pastora, agregó Fleites.

Según Fleites, Hughes fue designado como el piloto del avión que aterrizaría en Bluefields, Nicaragua.

Pichardo, quien vive en Estados Unidos, le dijo a Karen que las actividades clandestinas en la casa de Hughes tenían como fin conspirar contra el gobierno de Castro y no contra la dictadura nicaragüense.

Para esta época, señaló Pichardo, Hugues ya estaba desencantado de la revolución. La semana pasada Pichardo dijo a El Nuevo Herald que prefería postergar una entrevista debido a un quebranto de salud.

Tras ser liberado el 18 de julio, Hughes regresó a sus actividades en la fuerza aérea, pero el 12 de agosto fue detenido nuevamente a su regreso de un viaje a Estados Unidos por razones desconocidas.

Aparentemente convencido de que había caído en desgracia con el régimen, Hughes sacó a su familia de Cuba. Karen recuerda que su papá logró salir de la estación de policía y en una angustiosa carrera contra reloj acompañó a sus hijas y su esposa hasta el aeropuerto y luego regresó a la prisión.

Finalmente, el gobierno de Cuba le pidió al piloto norteamericano que abandonara la isla y Hughes regresó a Estados Unidos con el riesgo de perder la ciudadanía por haber participado en un ejército extranjero.

A partir de este punto las actividades del piloto son erráticas.

En Estados Unidos compró un B-25 y se lo entregó en septiembre a las autoridades dominicanas a través de Edward Browder. El documento de la embajada no detalla el propósito del avión. Browder era un oscuro personaje traficante de armas con conexiones con la mafia.

El aparente gesto de entendimiento de Hughes con el gobierno del dictador Rafael Leónidas Trujillo contrasta con una queja de la propia cancillería dominicana al Departamento de Estado dos meses más tarde. El canciller dominicano encargado aseguró que el piloto compró un avión B-25 por órdenes de Castro para bombardear Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo).

"Este mercenario al servicio de Fidel Castro es un hombre peligroso'', escribió el funcionario dominicano.

El gobierno de Estados Unidos revocó la ciudadanía a Hughes el 2 de octubre, lo que no impidió que continuara entrando y saliendo del país para cumplir con sus nuevas incursiones.

Hughes incendió plantaciones de azúcar de Cuba desde aviones que salían de la Florida. Durante una de estas acciones, soltó un par de zapatos tenis con un mensaje para Castro en el que le advertía que pronto tendría que ponerse esas zapatillas para abandonar el poder, recuerda Huguet.

La familia de Hughes se instaló en New Jersey, donde un día apareció el piloto con planes de comprar una casa en un barrio vecino y organizar su vida familiar.

Pero su otra vida, la de conspirador sin remedio, siguió enredada en la historia de Cuba.

Un memorando de junio de 1960 de la embajada lo involucró en un sabotaje a un buque tanque ruso en el puerto de La Habana.

Alrededor del 4 de octubre, Hughes llevó en un bote torpedero de la Segunda Guerra Mundial hasta Bahía Navas, Cuba, a un contingente de 27 hombres, tres de ellos estadounidenses, que pretendían comenzar un movimiento guerrillero junto con más de un centenar de combatientes contrarrevolucionarios.

Los norteamericanos Robert Otis Fuller, de 25 años, Allen Thompson, de 32, y Anthony Zarba, de 27, fueron ejecutados tras un juicio sumario.

En la embajada estadounidense en La Habana no se descartaba que Hughes también hubiera caído preso o incluso se temía que hubiera sido ejecutado, pero el piloto regresó sano y salvo en la embarcación a Bahamas donde fue arrestado para ser interrogado.

Su hija piensa que en los días siguientes Hughes se enteró de algunos chismes en Miami que lo señalaban como "el chivato'' o delator de la expedición.

Esos rumores, agregó, podrían haberse convertido en una obsesión de su papá a tal punto que decidió limpiar su nombre con el plan de venganza contra Castro.

Hughes se alió con Floy Leslie Moody, un experto en explosivos de demolición de la Marina de Estados Unidos, que usaba el nombre de guerra de Jay Hunter.

Entre ambos adquirieron tres bombas en un establecimiento de excedentes del ejército y las llenaron de dinamita, explosivo de gelatina, pólvora, tuercas y tornillos. Luego les escribieron sobre sus lomos los nombres de los norteamericanos ejecutados.

La operación fue llamada Trick or Treat.

La idea era bombardear el Palacio Presidencial y la planta de generación de energía eléctrica de La Habana.

En la noche del 31 de octubre, Hughes se robó un avión Beechcraft Bonanza de la Asociación de Vuelo de Fort Pierce y junto con Hunter, enfilaron hacia Cuba. Nunca más se supo de ellos. Una versión recogida por Karen indica que otro avión acompañaba al de su padre.

Huguet le comentó a El Nuevo Herald que durante un interrogatorio del Buró Federal de Investigaciones (FBI), un agente le informó que Hugues había muerto como consecuencia del mal tiempo durante su travesía a Cuba, lo cual provocó que las bombas explotaran dentro del avión.

Según Karen, el FBI, que realizó una extensa investigación del accidente, nunca llegó a esa conclusión. Las bombas, agregó la hija del piloto al citar a un joven que ayudó a los preparativos, no tenían instalado el fusible de detonación. Nunca se halló un solo escombro del avión, explicó Karen.

Desde entonces ella ha escuchado toda clase de versiones en torno al final de su padre. Una de ellas, que la CIA, enterada de la locura de Hughes, derribó el avión; otra, que Hughes cayó preso en República Dominicana y fue intercambiado por prisioneros políticos con Cuba, y finalmente que su padre fue condenado a muerte por el gobierno cubano.

"Si lo hubieran ejecutado nos hubiéramos enterado'', dijo Huguet.

Esta última versión surgió a raíz de la publicación de un manuscrito de Antulio Ramírez Ortiz, un puertoriqueño que secuestró en Miami un avión de National Airlines en mayo de 1961 y lo desvió hacia Cuba.

Ramírez estuvo preso en la sede de los servicios de inteligencia G2 en La Habana donde se le asignó el trabajo de cocinero y limpiador de armas. Allí, dice, logró el acceso a un archivador donde descubrió un documento secreto, según él, una anotación que decía: "Revisé los expedientes más cercanos y vi otro que tenía un apellido Hodge o Hughes, no recuerdo. Decía: "Fue un error fusilar a este floridano. No había nada contra él como se comprobó luego. ¿De quién fue la idea? ¿De Aquiles? Habría que discutir esto en una reunión''.

Artículos relacionados el Nuevo Herald

  Comentarios