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Aumentan reclamos contra conocido hombre de negocios de Miami

Madeleine y su esposo Eduardo Arango, quien está deshabilitado, se han sumado a la larga lista de inversionistas de Royal West Properties que se sienten engañados por Cantens.
Madeleine y su esposo Eduardo Arango, quien está deshabilitado, se han sumado a la larga lista de inversionistas de Royal West Properties que se sienten engañados por Cantens.

Cuando Madeleine Arango reclamó angustiada a Gastón Cantens, el hombre que manejaba los ahorros de toda su vida, por el incumpliento en el pago de los intereses de su inversión, Cantens sacó del bolsillo un rosario.

"Me dijo que todas las noches se sentaba a fabricar rosarios con su esposa y cada semana mandaba $50 a Cuba'', explicó Arango al describir el extraño encuentro en Miami a finales de enero.

La cubanoamericana de 65 años afirmó que se quedó mirando Cantens y le dijo que no entendía la relación entre los rosarios y la deuda.

Cantens, presidente y propietario de Royal West Properties, le respondió, según ella: ‘‘Para que tú veas las buenas intenciones mías''.

Las buenas intenciones de Cantens no se concretaron en dinero, y ahora Madeleine y su esposo Eduardo Arango, quien está deshabilitado, se han sumado a la larga lista de inversionistas de Royal West Properties que se sienten engañados por Cantens y muchos de los cuales temen haber perdido todo el dinero que habían ahorrado para su vejez.

Los Arango alegan que la empresa de Cantens se quedó con $1.2 millones de ellos.

En una reunión el mes pasado, la empresa le informó a los acreedores que la deuda con los inversionistas individuales asciende a más de $40 millones. Informalmente, los inversionistas se han enterado de que las víctimas del incumplimiento pasan de 200.

La mayoría de ellos son amigos personales que afirman que se sintieron en confianza para hacer negocios con el empresario cubanoamericano porque durante varios años cumplió con lo prometido. A esto se sumaba, coinciden varios de ellos, que Cantens es una persona afable y familiar. Otros dijeron que le entregaron el dinero y no se preocuparon por las garantías porque compartieron con él los años escolares en el Colegio de Belén, en Miami.

"Cantens es el pequeño Madoff de Miami'', indicó Madeleine, refiriéndose al carismático financista multimillonario de Nueva York, acusado de un esquema de pirámide con el que estafó miles de millones de dólares. "Invertíamos con él porque parecía un hombre bueno y honesto''.

Kendall Coffey, abogado de Cantens en Miami, declaró a El Nuevo Herald que su cliente se siente muy compunjido por la situación.

"Este no es un caso de fraude'', expresó Coffey, ex fiscal federal de Miami. "Es un caso de un mercado inmobiliario golpeado por una gran crisis. Hubo algunos errores honrados pero no un fraude intencional''.

Royal West Properties, que promueve la venta de lotes, especialmente en la costa oeste de la Florida, fue declarada involuntariamente en quiebra el pasado 27 de mayo por acreedores que alegan el incumplimiento en el pago de una deuda de unos $4.4 millones, según informó el abogado que los representa Peter Valori.

"Para algunos de mis clientes esto es una pérdida muy dura, gran parte del dinero era de su retiro'', afirmó Valori.

Con algunas diferencias no sustanciales, el esquema del negocio descrito en demandas radicadas en la corte del Condado de Miami Dade y los reclamos verbales de los inversionistas, funcionaba de la siguiente forma: Cantens o su esposa Teresita llamaban a sus clientes y les decían que tenían unas "buenas notas hipotecarias''. Con esto querían referirse a hipotecas de lotes que habían vendido a otros clientes a una muy baja cuota inicial y en condiciones de crédito muy favorables.

Los inversionistas le prestaban dinero a la empresa, y como garantía recibían la asignación de la hipoteca sobre esos lotes y una nota promisoria o pagaré. Por su dinero percibían entre 12 y 13 por ciento de interés anual, una tasa superior a la del sistema bancario.

Una vez cerrado el negocio, la empresa se comprometía a enviar a los inversionistas la semana siguiente los documentos de registro de la asignación hipotecaria.

Por tratarse de una transacción que se basaba en la confianza personal y el paisanaje, muchos de los prestamistas no se preocupaban en verificar si la transacción hipotecaria había sido registrada en los archivos catastrales de los condados donde estaban ubicados los lotes.

Para ellos, lo importante era recibir puntualmente el cheque de los intereses.

Pero en enero, empezaron los retrasos. Algunos inversionistas revisaron sus archivos y descubrieron asombrados que las notas hipotecarias no habían sido registradas, así como otras irregularidades.

Ante el atraso, acudían a las oficinas de la empresa en Miami o llamaban al teléfono personal de Cantens. Cantens les pedía paciencia porque la empresa tenía, según él, problemas de flujo de caja.

Una inversionista que sostuvo que la empresa le debe más de $1 millón y que pidió no ser identificada por instrucciones de su abogado, relató a El Nuevo Herald que cuando llamó a Teresita por el retraso en los pagos, ella le dijo que estaban esperando que el abogado de la empresa autorizara los cheques.

"Me pareció muy raro'', contó la mujer de más de 70 años. Su marido llamó dos veces a Cantens, éste lo atendió, pero a la tercera le colgó.

La inversionista relató que a finales del año pasado, pese a que la crisis de la empresa era evidente, los Cantens seguían invitándolos a invertir.

"A pesar de que sabían, continuaban en eso, nadie se cae de un árbol si no se rompen las ramas'', afirmó la mujer.

En su trabajo de estilo microgerencial, Cantens estaba continuamente hablando con los inversionistas para convencerlos de que reinvirtieran sus intereses en el negocio o cualquier dinero extra que recibieran.

Según Madeleine, era tal la conexión de Cantens con las transacciones de su círculo de inversionistas, que días después de que ella vendió su casa en Kendall por $700,000, él la llamó dándose por enterado de la transacción. Ella quedó sorprendida.

"Me llamó y me dijo que invirtiera ese dinero en su negocio que allí estaría más seguro que en un banco'', recordó Madeleine.

Y ella aceptó.

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