Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: La torre de Babel en la bahía

Los electores de Miami-Dade le dieron la luz verde a la construcción del rascacielos Skyrise Miami, una torre de 1,000 pies de altura, pero el alcalde de Miami Tomás Regalado se opone a que sea financiado con fondos públicos.
Los electores de Miami-Dade le dieron la luz verde a la construcción del rascacielos Skyrise Miami, una torre de 1,000 pies de altura, pero el alcalde de Miami Tomás Regalado se opone a que sea financiado con fondos públicos.

Según la Biblia, los sobrevivientes del diluvio universal se dieron a la tarea de construir una torre gigantesca para hacerse ricos y famosos. Pero el Señor consideró que esto era un acto de ambición y de soberbia desmedida y decidió intervenir diciendo: “Será mejor que bajemos a confundir su idioma”. Y así fue que el proyecto de la torre de Babel fracasó, por soberbia y falta de comunicación.

Dos o tres milenios más tarde, aquí en Miami, el proyecto de construir una torre espectacular en la Bahía de Biscayne está sumido en la misma confusión por motivos similares.

SkyRise, una torre asimétrica de mil pies de altura con una vista panorámica que abarca 40 millas, es el sueño del urbanizador Jeff Berkowitz y también el de cientos de extranjeros con plata que aspiran a vivir en Estados Unidos. La versión miamense de la torre Eiffel costará más de $400 millones. Berkowitz ha invertido $30 millones de su propia fortuna y está buscando inversionistas extranjeros para su torre, bajo un programa federal que les otorga residencia a inmigrantes que estén dispuestos a invertir medio millón de dólares en proyectos que creen empleos.

Pero Berkowitz también ha buscado la ayuda de gobiernos locales para construir su sonada torre. En agosto del año pasado logró que los votantes de Miami aprobaran el alquiler de una lengua de tierra detrás de Bayside, propiedad de la ciudad, para erigir SkyRise. Durante la campaña electoral el urbanizador anuncio a bombo y platillo que la torre sería construida sin ningún costo para la ciudad y el lenguaje en la boleta especificó que el proyecto sería financiado con fondos privados.

Sin tanto bombo y platillo, el urbanizador también había solicitado un subsidio del condado, que saldrá de un fondo de $75 millones destinados al costo de obras de infraestructura para proyectos privados que creen empleos. Eso proviene de una emisión de bonos de casi $3,000 millones aprobada por los votantes de Miami-Dade hace diez años, en la época de las vacas gordas.

En octubre, el alcalde Carlos Giménez instó a la comisión de Miami-Dade a aprobar un subsidio de $9 millones para el proyecto de SkyRise. En diciembre, luego de un intento fallido, la comisión aprobó el subsidio para la torre de Berkowitz.

Tres comisionados votaron en contra, entre ellos Daniela Levine Cava, quien nos dijo que en su opinión el proceso de selección no fue abierto y transparente y que en el caso de SkyRise el costear la infraestructura no se justifica porque sólo beneficiaría a Berkowitz y no al público en general. La comisionada Rebeca Sosa también votó en contra porque, según dijo en la reunión, todo esto sale del bolsillo de los contribuyentes. Y así es, el año entrante los propietarios de Miami-Dade estarán pagando $69 por cada $100,000 del valor de su propiedad para sufragar la deuda de estos bonos.

Hablando de fondos, el urbanizador Berkowitz contribuyó $28,000 a las campañas de varios comisionados y donó generosamente a la del alcalde Giménez. Parece que el único lenguaje que entienden muchos de nuestros políticos es el de los cabilderos y donantes.

Para escalar aún más la confusión en torno a nuestra torre de Babel en la bahía, Raquelita Regalado, miembro de la junta escolar con aspiraciones alcaldescas, se alió la semana pasada con el magnate Norman Braman para presentar una demanda contra el condado y la ciudad de Miami que busca anular el alquiler del terreno aprobado por los votantes de Miami alegando que en la boleta se les mintió a los votantes.

Lo que demuestra que a veces la soberbia de contribuir a que unos pocos lleguen al cielo a costa de confundir a muchos contribuyentes en la tierra tiene consecuencias bíblicas.

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